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jueves, 3 de mayo de 2012

MEMORIAS DE UNA MERCENARIA: María Laura Avignolo, las Malvinas y yo...



Ayer, cuando se cumplían 30 años del hundimiento del ARA Gral. Belgrano, la corresponsal en París del diario Clarín, María Laura Avignolo, criticó a la embajadora Alicia Castro por increpar al canciller británico en defensa de Malvinas. Desde entonces arrecian las críticas contra la pobre periodista, a quien aquí El Martiyo sin embargo rescata como ejemplo, porque la conoce y la recuerda desde los días de aquella guerra... cuando ya tampoco le importaba nada.


MEMORIAS DE UNA MERCENARIA


2 de mayo de 1982, el ARA Gral Belgrano escora para hundirse.


Este post bien podría ser un episodio más de las Memorias de un mercenario, pero ese es un espacio muy personal, y acá vamos a referirnos a otros asuntos, y sobre todo, a otros mercenarios, o mas bien, a otra mercenaria: María Laura Avignolo, a quien conocí en Editorial Atlántida, cuando yo me iniciaba como cronista de la revista Somos, y ella -hoy corresponsal de Clarín en Paris-, era ya redactora de la revista Gente, y muy comprometida con su línea, soñaba con ser René Sallas cuando fuera grande.
Tan distintos como distantes, nunca cruzamos una palabra hasta que ocurrió esta historia que ayer volvió tan fresca.
La guerra por las Malvinas había terminado pocas semanas antes y toda la prensa mundial quería saber dónde estaba el recientemente liberado general Mario Benjamín Menéndez, comandante de las fuerzas conjuntas allá en las Islas durante el conflicto.
Detrás de la última leche que iban a sacarle al tema, cebados por las ventas extraordinarias de los días de la guerra, todos los medios lo buscaban por todas partes, en Puerto Madryn, donde fue liberado; en Buenos Aires, donde tenia su domicilio; en Córdoba, donde tenía familia… pero nadie lo encontraba en ningún lado. Su cotización subía y subía.
Entonces mi jefe era Tabaré Areas, y una mañana de viernes, después de mandar fusilar un primer cronista que había vuelto de Puerto Madryn sin nada, me encajó la misión a mí.
Las pistas que me dio eran dos y divergentes: o estaba en la provincia de Santa Fe, donde tenía campos; o estaba en Paso de los Libres, donde tenía un hijo militar asignado allí al regimiento. Para evitarse el propio error, Tabaré me dio elegir a mí.
Entre los campos y el hijo, supuse que después de tanto y todo el general preferiría charlar con el hijo y no con los campos, y esa misma noche en ómnibus con un fotógrafo partimos hacia Paso de los Libres.
No voy a extenderme en la búsqueda y la persecución, lo encontramos. No fue así de simple, buscamos al hijo en el regimiento, nos dijeron que estaba de franco y que había ido a pasear con la familia. “Seguramente hayan ido a Urugaiana a dar una vuelta”, nos sopló el capitán del cuartel, temiendo que nos instalásemos en su puerta todo el día.
Lo encontramos. Lo interceptamos en el cruce fronterizo, donde tuvo que parar sí o sí, lo perseguimos en auto durante media hora o más por las calles de Uruguaiana –donde él ya era nadie-, y al final frente a una iglesia paró y se bajó con la familia y entonces lo abordamos y él se negó al reportaje pero hablamos unos pocos minutos, y de esos minutos, quedaron varias de fotos que se vendieron a 25 mil dólares y más algunas.  
En el vuelo de la mañana siguiente, cubiertos de gloria, nos volvíamos a Buenos Aires, cuando allí, en el aeropuerto, en el avión que iba llevarnos, llega un equipo de Gente detrás del dato ya confirmado de dónde estaba de verdad Menéndez. No recuerdo quién era el fotógrafo, pero sí la redactora: María Laura Avignolo, que en base a nuestras fotos, y con lo que yo ahí le conté de mi historia cinco minutos antes de embarcar, se escribió una nota que firmó ella como si ella la hubiera conseguido. Incluso en la foto de Gente que abría la nota puede verse a Menéndez hablando conmigo. No le importó nada. En cuanto nos cruzamos por un pasillo de la editorial se le cayó la cara, mientras se la pateaba me pidió disculpas y allí quedó esa historia...
Hasta ayer, 30 años después, cuando veo que María Laura Avignolo rasga sus importadas vestiduras porque la embajadora argentina increpa fuera de protocolo al canciller inglés, y entonces nos habla de “emboscada”, se burla del peinado de la embajadora, y de nuevo parece avergonzada, pero ahora por nosotros, en nombre de la Corona, por el ¡qué dirán de esto los ingleses!, sin recordar siquiera, ni por una línea, que en la misma fecha, hace treinta años, fuera de todo protocolo, ellos hundían el Belgrano y mataban a 323 argentinos... y anoche, al toque ya, para colmo, nos contaba 678 que el artículo de la Avignolo ni siquiera era suyo, que era un collage hecho con pedazos de otros artículos de otros diarios y… y allí sí recordamos esta historia, aquellos días y esa mercenaria, que hoy como ayer, con las mismas armas, defiende los mismos amos.
Todo un ejemplo, hay que reconocerlo, de constancia y obediencia y nada más.




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