////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

sábado, 29 de junio de 2013

ÁNGELES RAWSON Y LOS COMEMIERDA



Ya el último 18, a poco de estallar el caso Ángeles Rawson, advertimos en nuestro post El crimen paga sobre la velocidad de la locura de los medios más importantes de nuestra industria periodística. 
Enceguecidos por la supervivencia –el rating, las ventas, el sustento-, dispuestos a todo, ya no les importaba nada. Con ese vértigo, era de prever, alguno iba a seguir de largo en alguna curva, hacia el abismo…  
Y fue -tenía que ser-, el diario Muy, otro producto del Grupo Clarín, con el cual aspiraban seducir al público que más desprecian.


LOS COMEMIERDA



"Venía rápido, muy rápido
y se le soltó un patín".
Etiqueta negra, (Los Redonditos de Ricota) 


Olvidada en la batalla la esencia del oficio; ya invulnerables a cualquier desmentida; feroces y voraces por las ventas, el rating, o lo que fuera su apetito; inmaculados por la gracia de la Opinión Pública que dicen representar, el caso Ángeles Rawson expuso una vez más la demencia de la industria mediática argentina, que en nombre de sagrados principios republicanos como la “libertad de expresión” y el “periodismo independiente”, no respetan ni a su propio público; y sin quererlo se inmolan... `
El diario Muy, en su edición de ayer, publica para espanto nacional fotos del cuerpo de Ángeles Rawson tal cual fue hallado en el Ceamse, marcando así, con innecesaria crudeza, el grado al que llegó dicha demencia industrial.  
Las fotos no tienen justificación periodística, informativa, nada. Apenas comercial.
El repudio en las redes sociales fue inmediato y absoluto. Por primera vez gente que siempre ataca al gobierno, atacaba de pronto un producto de Clarín y al propio Clarín. Por efecto simpatía, antes de 24 horas reaccionaban distintos organismos y representantes públicos, desde el Afsca, hasta el abogado Pablo Lanusse, representante del padre de la víctima.
El tiro por la culata alcanzó el corazón pétreo del Grupo, que algo tuvo que hacer, y entonces, fiel a un estilo, entregó un culpable: Horacio Convertini, editor general de Muy, quien inmediatamente ayer, bajo el esterilizado título “Polémica en las redes sociales por la tapa de Muy”, intentaba justificar lo injustificable mientras se ahorcaba con su propio razonamiento, explicando que la publicación de las fotos “estuvo precedida por un “intenso debate entre los editores”, en el que se discutieron tres puntos centrales: “1) Si las fotos aportaban algo. 2) Si había que publicar todo, parte o nada del material. 3) Cuál era la repercusión que podía llegar a tener la nota”.  
Pero resulta que, uno, no consigue explicar qué aportan las fotos; dos, qué importancia tienen las que no publicaron, si hablamos de las publicadas (¿o es que deberíamos agradecerles, todos, y en especial la familia?); y, tres, cuando dice “repercusión”, ¿a qué se refiere si no a las ventas, y por lo tanto, al lucro?... O sea: la codicia.
El diario Muy -otro producto del Grupo Clarín-, fue lanzado en abril de 2011 con todos los platillos y redoblantes de sus incontables medios. La intención lisa y llana era morderle el mercado a Crónica y Diario Popular. El objetivo, corto y crudo, era el lucro, más bien. Ningún otro. Ja.
Sin embargo, en aquél abril, desde las páginas del propio diario Clarín –claro-, Ricardo Roa -a la sazón periodista del mismo diario, pero entonces ascendido a director de Muy-, allí avistaba muy entusiasta su nuevo proyecto (suyo del Grupo, más bien), y decía:
“Hace años venimos estudiando la posibilidad de lanzar un diario popular. Aunque hay muchos diarios en Buenos Aires, creemos que existe un espacio para una propuesta innovadora. La nuestra tendrá una configuración que privilegia la espectacularidad informativa. Y una valoración periodística basada en lo interesante, lo útil y lo cercano. Es un diario emotivo, que transpira sensaciones”.
Como algo hay que decir -porque para eso le pagan-, y ya que nadie lo controla –evidentemente-, allí Roa, muy docto, se extendía ilustrando al vulgo sobre las características técnicas del estupendo diario inminente:
“El servicio al lector es uno de los ángulos principales. Y el lenguaje buscará la máxima comprensión: sencillo y sin complicaciones. Escribimos para la gente común sin caer en la chabacanería. Y sin pretender ser arrogantes ni intelectualizados”
Hoy, a sólo dos años de su lanzamiento, y muy lejos de los malolientes divagues de Roa, el diario Muy demostró que no traspira sensaciones sino más bien defeca sensacionalismo; que huir de la chabacanería no lo eximió del amarillismo más hediondo; y que no intelectualizar, se redujo simplemente a no pensar.
Y algo más.
La edición de ayer del diario Muy tradujo a un lenguaje “sencillo, sin complicaciones” -como quería su director-, lo que piensa y siente el Grupo Clarín por esos sectores sociales a los que Roa llama “la gente común”, en un intento de eufemismo por “esos negros de mierda que la votan”.
No quieren a esa gente, la desprecian, y por lo tanto, no la entiende, pero como la precisan, van a por ella, intentan “captarla”, y le ofrecen un plato de mierda, porque están convencidos de que esa gente come mierda, y que le gusta. Y entonces ocurre lo que ocurre: la gente les tira el plato de mierda en la cara, la mierda se la terminan comiendo ellos, y todo acaba como se ve: ellos lejos de la gente, y la gente cada vez más lejos de ellos.
Alguien nos dirá: a la velocidad que venían, lo mismo le pudo pasar a cualquier otro medio
Tal vez. 
Pero le pasó a un medio del Grupo Clarín, y no es, no fue –su propio director lo admite- una casualidad. Las fotos no aparecieron allí sin que nadie hiciera nada.    Las marcas son abstractos, los abstractos no editan fotos, no deciden tapas. Hay hombres, nombres, en esa tarea, y es bueno que de una vez por todas el  público los identifique y los recuerde. Porque ellos son los responsables.
Ese soviet que siempre fue Clarín, en un vano intento por limpiarse, ya entregó al editor general de Muy, Horacio Convertini. Grabe ese nombre. Que no haya olvido.
Aquí El Martiyo, por su parte, gustó recordar a su entusiasta director, Ricardo Roa, tres letras fáciles de memorizar: Roa.
Pero no debemos olvidar jamás a quienes alientan y financian todo el horror: Héctor Magnetto, Ernestina Herrera de Noble, Lucio Pagliaro, José Antonio Aranda, Jorge Rendo… los verdaderos comemierda.  

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martes, 25 de junio de 2013

LAS CHICAS DEL MARTIYO... un segundo para verlas, una vida para olvidarlas...


           “Las Chicas”
Esa pared estaba intacta, llegó esta chica y se deshizo.
Como nosotros.


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martes, 18 de junio de 2013

ÁNGELES RAWSON: CUANDO EL CRIMEN PAGA...

El caso del asesinato de Angeles Rawson, expone una vez más la capacidad de improvisación y negligencia de los grandes medios, que en su apuro industrial por llenar espacio y ganar en ventas, se embisten y destruyen entre primicias falsas, hipótesis atadas con alambre, teorías en constante mutación, y sospechosos rápidos que sin ninguna precaución arrojan a la hoguera popular.


EL CRIMEN PAGA




Embarrados por la taimada lucha política en la que se enterraron durante los últimos años, los grandes medios, con Clarín a la vanguardia, abjuraron de la veracidad abiertamente, y así rifaron buena parte de su otrora aceptada aunque relativa credibilidad. Por contagio del mercado -con puntuales excepciones que no hacen la regla-, el periodismo en general sufrió el mismo abaratamiento, el oficio perdió rigor, la recolección de chimentos reemplazó la investigación, y la sana competencia por la primicia y/o la exclusiva, derivó en la barbarie descarada de la fabricación de escándalos artificiales. La buena noticia, para los vagos del gremio, es que ya no hace falta chequear ninguna información. Hoy puede decirse cualquier cosa. Hoy una mentira más, es apenas otra mancha en el tigre de los días. 
La falsedad, el invento, la tergiversación, todo eso que en la sección política resulta propio del juego, en espectáculos intrascendente, y en deportes imperceptible; en policiales repugna, asquea, y lo que es peor: amenaza.
Apenas apareció el cuerpo sin vida de Ángeles Rawson, ya ninguno de los encumbrados habladores de turno se bajaba de “la violación seguida de homicidio”. Cuando pocas horas después la violación fue descartada por los peritos, ninguno de esos habladores, sin embargo, renunció a su puesto. Qué va. El show recién comenzaba. 
Durante horas y días una tanza de pesca había sido el arma homicida, y entonces el padrastro, pescador profesional, encajó en el nuevo guión mejor que Anthony Hopkins en El silencio de los inocentes. Una mirada, un mínimo gesto suyo, una imperceptible inflexión de la voz, se llenaron de golpe de sospechas horrendas. Cuando la tanza resultó ser un hilo sisal, ya era tarde, el padrastro ardía entre las llamas, y los habladores, lejos de echar agua, echaron más leña.
Con el orgullo de los necios, el inmediato allanamiento al domicilio de la víctima –a todas luces lógico, previsible en la secuencia de la investigación-, les dio toda la razón y bañó enseguida en sangre a la familia entera. Su dolor ya no importaba más. Un árbol genealógico de los Rawson floreció en todos los noticieros, y a cada nombre, y su fotito, le correspondían ahora mil dudas como sospechas.
Sin mucho vocabulario, pero plenos en bríos, los teledectives de cada canal, minuto a minuto, levantaban nuevas teorías con los escombros aplastados de la anterior. Todo les cerraba todo el tiempo, y desde luego, siempre estaban un paso más adelante que el fiscal y la policía.
Botón de la muestra, el miércoles por América Facundo Pastor, puesto a biógrafo de los Rawson, informaba que uno de los hermanos de la víctima -Axel-, no vivía con la familia porque estaba internado en una clínica con problemas psiquiátricos.
Apenas el jueves, al día siguiente, en el mismo noticiero, el mismo Facundo Pastor –o uno idéntico a él- se preguntaba intrigante por qué todavía no le habían tomado declaración a “su hermano Axel”. Todo era posible. Pastor también
A salvo de cualquier intento de zapping, los mismos clisés, las mismos lugares comunes sonaban en todos los canales. Los supuestos y las sospechas, pegoteados con todos los potenciales y condicionales de la lengua, sus dirían, sus habrían dicho, sus parecerían y sus podrían, más el misterio metafísico que es propio de los impersonales tipo se dice, se cree, se sospecha; reemplazaban en su amasijo cualquier forma de verdad. Era el jubileo de la fantasía.
El viernes por la noche la presidenta de AVIVI (Ayuda a víctimas de violación) –una mujer llena de buenas intenciones, pero sin mucha conciencia del lugar donde decía lo que decía- decía en el noticiero de América TV, para todo el país, que el padrastro parecía “muy nervioso”, y que “no estaba quebrado, al contrario, miraba para todos lados, como alerta”… Guillermo Andino se apuró a exprimir esas pocas palabras con desesperación de náufrago. Mónica Gutiérrez intentó contenerlo; pero ya era tarde. Las declaraciones de esta buena señora sirvieron a la ficción de todos los noticieros, y antes de la noche del viernes la hoguera alcanzaba su esplendor. El padrastro ya parecía carbonizado.
Y el sábado bien temprano detenían al portero del edificio, mientras en simultáneo, ¡la misma mañana!, con la certeza que lo caracteriza, Clarín distribuía su edición con un título catástrofe: "Acusan del crimen al padrastro y a un medio hermano". El peso tremendo de la palabra escrita para siempre.
Sin embargo el domingo el plantel de Clarín se mantenía intacto. Nadie había renunciado.  
En la garúa noticiosa del fin de semana, el hit de los zócalos fue, cómo no, “sorpresiva detención del portero”; y así en pocas palabras, borraban todas las otras. Y una y otra vez las imágenes repetidas del hombre con la cabeza baja, y la policía que se lo lleva. El padrastro ya era ceniza del olvido. Pero nadie en ningún medio renunció tampoco.
La muerte no es la única certeza que nos da la existencia. La otra es que todo se paga en esta vida.
La lucha política soterrada, travestida de "periodismo independiente", los alejó del oficio hace años, y aquí están los resultados. Un periodismo que miente, porque total no importa. La credibilidad ya no hace falta, el juego quedó por fin del todo claro: el público paga por escuchar la canción que más le gusta, y los medios, que siempre vivieron de eso, ya no precisan disimular objetividad, ni ostentar más veracidad. Es sólo un show ¿No lo sabían? La sangre no es jugo de tomate, los muertos son de verdad, pero el resto es una puesta en escena, una música acorde, y un showman histriónico. Es el nuevo periodismo, su evangelio es Clarín, Lanata el mesías.
Ya son varias sus mentiras descubiertas, pero apenas aquella acusando a un vicepresidente de la nación de sacar dinero sucio del país, le hubiese costado, a cualquier periodista, en cualquier medio serio del mundo, algo más que su nombre y su programa. Lanata, para el Grupo, no es más que otro gargajo en ese océano que son.
Sin embargo hay que decirlo: su público tampoco lo condena. Por el contrario, lo aplaude y lo sigue. No le importa que mienta. Le da lo mismo la verdad o cualquier cosa. El periodismo, ese oficio, ya no hace falta. El show importa.
Angeles Rawson tampoco importa. Es más arcilla de ese artesano impío. El caso vende, y allí vamos todos, los diarios y las radios, los noticieros, pero también los programas de chimentos, donde hasta el más fútil de los panelistas tiene una sospecha nueva, una intriga mejor, otro chisme a falta de más información. Todo vale. Mentir, inventar, retorcer, el hoy se lo lleva el viento, y mañana es otro día y todo vale de vuelta: mentir, inventar, retorcer… Angeles Rawson no importa nada.
Como un coro de sordos improvisan al aire un guión amorfo y maleable pero con el ceño fruncido y el tono severo del que investiga y sabe. Con eso basta. Las cejas en V, y la voz urgente, como apremiada por la primicia. Pero la primicia, como no es una primicia, tampoco importa. Nada importa ya. Sólo vender, y el crimen paga.
Acaso por fin algún día esta investigación concluya, y quizás, tal vez, sepamos toda o casi toda la verdad. Aunque acaso ese día ya no importe demasiado. Acaso entonces otro caso esté en su esplendor, y de nuevo el horror brillará en todo su espanto. El show debe seguir.
De periodismo ni hablar.

15-6: La verdad no importa nada.

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domingo, 9 de junio de 2013

DIEZ CONSEJOS PRÁCTICOS PARA LEER LOS DIARIOS, (revistas y afines)...


DECÁLOGO DEL LECTOR AVIVADO


  1. Antes que los titulares de un medio, lea siempre sus avisos. Si tiene Internet a mano, puede mejor informarse sobre la composición societaria del medio, lo cual le dará sin error su orientación política.
  2. Distinga así fuera en un rápido adjetivo la opinión o el vaticinio, de la información concreta.
  3. Así también, distinga en cada información la fuente citada, y revise si dicha fuente está de alguna forma asociada –política o económicamente- al medio que habla, o al hecho que se comenta.
  4. No fije en su mente como “información”, rumores, suposiciones y diretes. Cuando lea frases como “fuentes allegadas”, “un funcionario cercano”, o cosas así, regístrelas como lo que son: rumores, especulaciones, chismes, etc.
  5. Esté atento a cada potencial: habría, diría, sería, podría, etc. La falsa información, la intencionalidad política, lo que en periodismo se llama “carne podrida”, suele envolverse así.
  6. Separe como la paja del trigo lo que son puras especulaciones subjetivas del autor de la nota, tipo “fulano querría”, “mengano piensa que”, “zutano intentaría”, etc. Nunca olvide que el cronista periodístico no es un narrador omnisciente que habita la mente de sus personajes. Nada que ver.
  7. La objetividad de un medio será siempre imposible, pero su coherencia no. Si saludan en un funcionario la misma actitud que critican en otro, es claro que están haciendo negocios, no periodismo.
  8. Nunca deje de sopesar en sus conclusiones, ante cada cosa que se dice, cuánto se calla con respecto al mismo tema. En los silencios de los medios, muchas veces, queda atrapada la verdad.
  9. Cuando una frase, enfoque o razonamiento se repite sistemáticamente en distintos articulistas de un mismo medio, o de medios asociados, no descarte la posibilidad de una campaña de prensa decidida más arriba, mucho más arriba del autor del artículo.
  10. Mantenga presente siempre el comportamiento histórico de cada medio en los distintos momentos del país. Y recuerde: especialmente en la Argentina, cuanto mayor es su trayectoria, más sospechoso es el medio. Una historia como la nuestra no se atraviesa impunemente.

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TIEMPOS MODERNOS: el mañana de un ayer que ahora es hoy...

El Martiyo Producciones Presenta...

Tiempos Modernos XLI


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jueves, 6 de junio de 2013

ANÉKDOTAS: "Ese es mi blanco", con Louis Amstrong...

Anékdotas

Hoy: "Ese es mi blanco"

Con Louis Amstrong


Si bien los mismos negros miraban con desconfianza su éxito entre los blancos, y sus escasas manifestaciones públicas en favor de las luchas civiles de su pueblo, Louis Amstrong no sólo apoyaba financieramente a Martin Luther King, sino que también supo enfrentarse a Eisenhower, cuando los conflictos raciales en Arkansas. Pero como sus productores en general eran blancos, él solía explicar.
-- En América todo lo que se necesita para triunfar, es un blanco que diga: “este es mi negro”. 

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domingo, 2 de junio de 2013

LANATA: DE LÁZARO BAEZ A MATÍAS ALÉ...


Hemos confesado ya que no miramos más el programa de Lanata, en virtud del tiempo que se va y no vuelve. Sin embargo el espectáculo infrecuente de una imagen pública que entra en combustión y se incendia, nos lleva a comentarlo una vez más. 
De la investigación política al chisme farandulero; de hacerse el guapo con el gobierno, a los sucesivos arrugues con Rial y Fantino; de Lázaro Báez a Matías Alé, pasaron apenas unas pocas semanas, y ya no queda más que espuma de lo que fue pura rabia de un perro muerto hace mucho.


TRISTEZAS DE UN PAYASO





Así como la rabia desaparece una vez muerto el perro, así también Jorge Lanata cayó en el olvido una vez terminado el menemismo. Su rutilante papel de valiente luchador contra las políticas neoliberales y en defensa de los derechos humanos, ya no hacía falta: las políticas neoliberales eran contrarrestadas, y los derechos humanos reivindicados al más alto nivel del Estado. El perro estaba muerto. La rabia también.
Sin guión de repente, redondo como es, rodó como pudo hasta acabar en el Maipo rifando entre payasadas tristes la poca seriedad que le quedaba. De allí no volvió nunca, a no ser por la emboscada que les tendió a varios colegas cuando fundó y fundió el diario Crítica.
El Canal 26 de Alberto Pierri –presidente de la cámara baja durante el menemismo-, no por nada lo recogió y le dio un espacio en su difusa programación. Con la debida obediencia, al servicio de sus nuevos amos desde allí empezó a fustigar sistemáticamente al kirchnerismo, alejándose así inevitablemente de los organismos de derechos humanos hasta enfrentarlos, mientras arrimaba,  muy despacito -para que apenas se notase su travestismo ideológico-, el culo rumbo a Clarín.
Durante el debate por la Ley de Medios y Papel Prensa, abrazó al pobre Grupo acosado por la dictadura ka, y a partir de allí ya no quedó más que arreglar los números.
Finalmente lo conseguía, y así alcanzaba en cuatro patas su espacio en el Grupo, y más, mejor aún: su propio programa de vuelta, ¡y ahora en El Trece! Era el retorno soñado, triunfal y rabioso, como rabioso estaba su nuevo empleador.
De vuelta del olvido, ya condenado al oprobio, comprendió que no tenía más chances ni más limites que el rating. 
Sensacional en su debut anunció toda la verdad sobre “La ruta del dinero K”. Testigos y cámaras ocultas. Bóvedas intraterrenas, y fantasmas en Panamá. Aún sin pruebas de nada, es posible que hasta el propio Magnetto se haya ilusionado por un instante con la caída del gobierno.
Pero fuegos de artificios al fin, como tales se incendiaron en su propio esplendor.
Las cámaras ocultas que aspiraban acabar con el kirchnerismo, se deshicieron apenas al día siguiente con la desmentidas públicas de los propios testigos –dos pendejos duros de merca-; y para colmo los otros nombres involucrados rápido echaron a rodar toda la investigación por la pendiente farandulera de las hermanas Calabró y Karina Jelinek... Y así un día, sin saber cómo, quien pretendía denunciar a Néstor Kirchner y hasta a Hugo Chávez con un mapa continental de la corrupción, terminó apenas botoneando a Matías Alé y Alejandro Fantino con chismes prostibularios...
Igual para entonces sus pretensiones de periodismo de investigación ya habían sido trituradas por la licuadora de los programas de chimentos de todos las canales; y el hombre que había vuelto como el hijo de Michael Moore y la Madre Teresa de Calcuta, ya se revolcaba en el barro con Luis Ventura mienras se disculpaba con Jorge Rial.
Para su desgracia –y en nombre de la autobiografía que Lanata le dictó- Majul quiso defenderlo, y le pidió ayuda a Shocklender. Mónica Gutierrez –de pronto más preocupada por las restricciones cambiarias que por el hambre que aún falta resolver- estaba dispuesta a echar una mano, pero apenas vio al parricida, salió corriendo.
Allí ya, solo del todo en las alturas tremendas de su costosa fama, Lanata comprendió qué rápido la máquina se lo había tragado. 
Narciso sin belleza, no deja de mirar su propia imagen, y así se ahoga... Cuando mira cómo cae desde los noticieros a los programas de humor, y se ve una vez y otra vez inmolado en la mitad de la pantalla invocando a los tribunales para denunciar con fecha y hora el viaje de Boudou a Carmelo con dos bolsos cargados de sospechas; mientras la otra mitad de la pantalla lo muestra a Boudou ese día y a ese hora en el Senado con Lula. Ahí comprende que hay una cosa que para él ya se terminó. Cuando en los mismos programas se ve, una y otra vez, pidiéndole disculpas a Fantino con más miedo que dignidad. Cuando se escucha de nuevo llamándola “tarada” a una compañera porque lo contradice. Narciso sin imagen de sí mismo que le guste, sabe que no sólo él ve lo que mira. Que lo ven todos, y que ya no hay retorno. En muy poco tiempo, la máquina se lo comió.
La fama es pura cuenta, y esa cuenta siempre se paga. El prestigio, el reconocimiento, incluso la popularidad, se le distinguen. Pero la fama es otra cosa. Tanto le da un santo como un asesino, una monja, que una vedetonga. La fama se alimenta de cualquiera, aunque los egos inflamados son su debilidad.
Como Roma no paga traidores, nadie debiera sorprenderse si antes de lo esperado, Clarín también lo descarta. Por ahora lo acompaña el rating, y la acción que despliega todavía prende, aunque fuera apenas en los cacerolos más ultras… Pero ya se palpa una merma incluso en ese público, en sí siempre dispuesto a la iconoclasia. Una cosa es repetir a Lanata y hablar de Baez, y otra es mezclarse con Ventura para terminar disculpando a Karina Jelinek. La pátina de barniz intelectual y progre que ofrecía recitar a Lanata en las sobremesas, cobró de golpe un tufo a vodevil que ya no viste como ayer… Si el rating cae, y sus “investigaciones hiperchequeadas”, se vuelven chistes en la noria de los chimentos… Roma no paga traidores, nada debería sorprendernos.
El jueves por la tarde en declaraciones exclusivas para el programa Intrusos, Jorge Lanata fue tajante: “no volveré a hablar con un programa del que participe (Luis) Ventura”. Tomá. Se lo dijo. Bien en la cara, se lo dijo. (En la cara no, porque el movilero que lo entrevistaba no era Ventura, pero se lo dijo, bueno). Qué risa.
Así viene Lanata, y así se va… espuma pura de lo que era sólo rabia, porque el perro murió hace mucho..
En virtud del tiempo que se va y no vuelve, no miramos más el programa de Lanata, es cierto. Pero este domingo le tenemos ganas. Los sketchs no valen la pena, las imitaciones más o menos, y el monólogo donde se hace el Tato Bores nos produce vergüenza ajena. Pero el espectáculo en vivo de su inflada imagen envuelta en llamas, nos divierte de verdad.
Esas cosas de los payasos, que siendo tan tristes, igual te hacen reír.





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