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viernes, 7 de marzo de 2014

UCRANIA, RUSIA Y EE.UU.: RÁPIDOS Y FURIOSOS...

Sin ninguna sorpresa para los lectores de El Martiyo, Ucrania se partió en dos, y las primeras tropas comenzaron a movilizarse, y los primeros disparos ya se oyeron. En simultáneo, apurados políticos y cancilleres procuran la paz entre amenazas mutuas. El domingo 23 avistábamos casi en detalle una escalada así de furiosa aunque no tan rápida.


LA DINÁMICA DE LO IMPENSADO


30.000 soldados, y ninguna insignia.



Ya se movilizan tropas, ya se rompe Ucrania, ya se tensan las relaciones este-oeste, Estados Unidos y Rusia cruzan amenazas, y así el mundo entero descubre que la Guerra Fría nunca había terminado, y que, peor, se recalienta de repente.
Con preocupante precisión, menos de una semana antes, apenas depuesto Víktor Yanukovich, aquí lo avisábamos todo en nuestro post Vocación de abismo.
“En breve los del este serán armados por Rusia, y Estados Unidos armará la otra mitad. Van a dividirse Ucrania, pero para eso antes deben partirla en dos. Romperla. Afganistán cansa, Siria no basta.
Poco tardarán en surgir las guerrillas nacionalistas de un lado y del otro, así como surgió el UÇK en Kosovo, a fin de parar el genocidio albanés financiado por Rusia, y a cambio propiciar el genocidio serbio financiado por Estados Unidos. Millones murieron, pero siempre mueren millones, eso no importa. Un ajedrez salvaje y descomunal anima las noches de los jerarcas tristes.
En simultáneo con las guerrillas, mientras la producción y el comercio de armas elevan sus lucros, aparecerán los políticos que en nombre de la paz justificarán parte del gasto público de las naciones que los mantienen. Los acuerdos serán tan lentos como tarden nuevos conflictos en superar aquél. Todos ganan, menos la gente de siempre, pero esa no importó nunca”, decíamos, avistábamos –ya no avisábamos- el domingo 23 de febrero.
Rápidos y furiosos, en menos de una semana nuestras visiones eran la pura y cruda actualidad.
Ya el jueves 27 grupos armados prorrusos tomaban el palacio de gobierno en Sinferopol, capital de Crimea, mientras Rusia redobla posiciones militares y defensas en su base de Sebastopol, península de Crimea.
El 28 helicópteros rusos invaden el espacio aéreo de Crimea, que todavía era Ucrania; ya no se sabe.
El 1 de marzo, por fin, tropas Rusas entran en Crimea, y la ocupan, y allí están todavía, listas, parapetadas, 30 mil hombres ya.
Inmediatamente, Estados Unidos refuerza militarmente a sus socios de la OTAN en la Europa del este, empezando por Polonia, siempre tan a mano de todas las guerras.
En paralelo frenético los grandes titulares de los diarios del mundo se disparan con dinámica bélica. “Rusia y occidente juegan al límite en Ucrania”; “Crimea desafía a Kiev y proclama su unión a Rusia”; “Estados Unidos refuerza su apoyo militar en los países Bálticos”, “Obama amenaza a Putin”… Hoy consignan los diarios que ya se oyeron los primeros disparos.
Por mucho menos, en 1914, el Imperio Austrohúngaro decidió invadir Serbia, y desató sin pensarlo un dominó de alianzas que detonó por simpatía. Los alemanas decidieron apoyar a sus vecinos, pero Serbia contaba con el respaldo de Rusia, y Rusia entonces era aliado de Francia y Gran Bretaña, y cuando quisieron darse cuenta, la Primera Guerra Mundial había comenzado, alcanzaba el África y la China, y nueve millones de seres humanos marchaban a la muerte.
La Segunda Guerra contiene aún más analogías con el presente. Una potencia, como Alemania, se llevaba puesta Polonia por motivos étnicos, como hoy hace Rusia con Ucrania... Y otra vez las alianzas, la guerra, los muertos.
En ambas contiendas, vale apuntar, pocas semanas antes de sus correspondientes inicios, el mundo, los medios, la gente, hablaban de cualquier otra cosa que de la hecatombe que ya tenían encima.
Pero ninguna guerra estalla de repente. Es el hombre, que no quiere verla sino hasta que siente el calor del fuego cuando te envuelve.
Entonces lo impensado. 
Los muchos muertos.



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