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sábado, 3 de abril de 2021

DIARIO DE LA GUERRA POR LAS MALVINAS…

 

 

El Martiyo pone online una vez más el blog “Malvinas, diario de la guerra”, una crónica de aquellos días narrada por quien tuvo la suerte de ser un corresponsal periodístico cuando tenía la edad para ser un soldado.

Se advierte al lector que este diario no responde a los lugares comunes acuñados por el Foreign Office y difundidos por sus repetidores locales: la cortina de humo de Galtieri, los pobres chicos de la guerra, la desigualdad frente al imperio… Malvinas fue otra cosa.

 

LAS ISLAS MALDITAS




 

 

La Guerra por las Malvinas es el hecho maldito de la intelectualidad nacional. Por izquierda o por derecha, surge el tema y ya nadie sabe muy bien dónde ponerse.

Cuesta ponerse en contra cuando se trata de la única gesta soberana concreta frente al aborrecido invasor británico en ya entonces 150 años de ocupación del territorio nacional. Las Malvinas son argentinas, eso sólo puede dudarlo Macri, ni siquiera sus votantes.

Y cuesta ponerse a favor cuando esa gesta la decide y conduce la cúpula de la última dictadura militar y su banda de genocidas, quienes, en un broche de oro a su medida, ni bien vieron a los ingleses de cerca, salieron corriendo con sus camperas de duvet intactas. Yo lo vi.

Si bien la derrota facilitó las conclusiones fáciles, agota escuchar y leer a través de los años siempre los mismos lugares comunes que, a partir de reducciones formidables, pretenden explicar uno de los episodios más complejos de nuestra historia.

La cortina de humo de Galtieri, los pobres chicos muertos de frío y de hambre, los borceguíes que nunca llegaron, ¡la locura de enfrentar tan luego nosotros a un enemigo tanto más poderoso!, el pic-nic que se hicieron los ingleses... Además de su facilismo, es innegable el fervor colonial que todas estas teorías entrañan.

Los chicos de la guerra. La expresión quedó impresa apenas terminó la guerra merced a un libro urgente para la venta titulado así. El libro consistía en una serie de entrevistas a un puñado de conscriptos que allí contaban lo mal que la pasaron en la guerra como cualquier soldado en cualquier guerra, el frío, el hambre, el miedo, en fin, no había novedad, y sin embargo, todavía hoy, tantos años después, el clisé no cesa y mientras llaman “héroes” a los excombatientes, al mismo tiempo se los trata como “víctimas” ¿En qué quedamos? Daría risa si no fuera triste la pretensión argentina que supone cierta originalidad en la juventud de sus tropas, como si existiera una sola guerra en la historia librada por “adultos mayores”. Desde las huestes de Alejandro hasta las actuales contiendas en Afganistan, Siria o Irak, pasando por Waterloo, Vietnam o cualquiera de las grandes guerras, la primera línea nunca superó, con suerte, los 20 años promedio. En la noche infernal de Monte Longdon también cayeron los británicos Ian Scriben, Jason Burt y Neil Grose, pertenecientes al regimiento 3 de Paracaidistas. Los dos primeros tenían 17 años, el otro esa noche cumplía 18. Desde siempre y por siempre, los viejos deciden las guerras, pero las hacen los chicos.

La tremenda superioridad británica ¿Y qué tan “igual” habrá sido la guerra que libró el flamante Ejército Argentino contra el invasor español?... También entonces se enfrentaba a una de las dos grandes potencias de la hora con soldados dispuestos “a pelear en pelotas, como nuestros paisanos los indios”… ¿O qué tan superior sería el equipamiento del Vietcong frente al ejército norteamericano?... Malvinas también fue una guerra de independencia.

La cortina de humo de Galtieri. ¿Puede una cortina de humo coyuntural ser sin embargo planificada años antes? El imaginario sin imaginación gusta porfiar que el paro con movilización organizado por la CGT el 30 marzo, desató la recuperación de las Islas el 2 de abril. Pero esa campaña llevaba por lo menos dos años de planificación, incluso fue una de las condiciones que Anaya le impuso a Gatieri para apoyar la destitución de Viola y su ascenso al poder. Pensada para principios de la primavera, el episodio Davidoff en Georgias desató la escalada en el inicio del otoño.

El pic-nic que se hicieron los ingleses. Justamente No pic-nic es el título del libro escrito por el comandante británico Julian Thompson, donde recuerda la batalla de Monte Longdon y qué tan cerca estuvo de ordenar la retirada de sus tropas espantado “por aquellos adolescentes disfrazados de soldados que nos estaban provocando tantas bajas”. El 13 de junio el almirante John Sandy Woodward, comandante de la flota británica, le advierte a Londres en su despacho diario: “todo esto se viene abajo”. Ya el 14, mientas Menéndez decidía su rendición, Woodward es más explícito: “si los argentinos pudieran soplarnos, nos derrumbarían”. Ningún pic-nic.

En el fondo de todas nuestras desgracias nacionales está la banalidad con que encaramos la historia.

Este blog no es un ensayo ni pretende una teoría original sobre esa guerra. Es un diario retrospectivo, una crónica elaborada con la información que alumbran los años, apuntes que guardé de entonces, y lo que retuvo la memoria, diálogos, momentos, escenas, esas cosas que nunca se olvidan.

La historia de la Guerra por las Malvinas es un poco mucho más compleja que las reducciones del Foreign Office y sus repetidores locales. Sus protagonistas, sus testigos, sus cronistas, entre todos, con los años, acaso, logremos algo de luz sobre tanta noche.

Este diario y su crónica son solo eso. Un aporte más a la memoria de esa guerra que tratamos de olvidar, y que acaso por eso seguimos sin entender. Sin querer entender.

Porque toda guerra es maldita, pero esta más que ninguna.

 

M A L V I N A S

diario de la guerra


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