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sábado, 2 de noviembre de 2013

CLARÍN: EL OCASO DE LOS DIOSES



Como un gusano cortado a la mitad, Clarín se retuerce hecho pedazos. Tartamudean sus patrones, balbucean sus periodistas, se derrumban sus acciones, colapsan sus estrellas en papelones internacionales, y sorprendidos por la derrota, con furia infantil, culpan de todo a Martín Sabatella obviando así medio siglo de crímenes propios.  

NI EL TIRO DEL FINAL






Como un gusano cortado a la mitad, Clarín se retuerce hecho pedazos.
Apenas conocido el fallo de la Corte Suprema declarando constitucional la Ley de Servicios Audiovisuales, sus acciones se derrumbaron en un trágico presagio de lo que está por venir. Era el mediodía del último martes, y la noticia surgió como un monstruo desde el fondo de un lago. Los presentadores de TN tartamudeaban en cámara el desconcierto de sus patrones, pero aún así y ya muy por encima de los tres poderes del estado, balbuceaban las primeras dudas sobre la legalidad de la decisión y la moral de sus autores, que diez minutos antes, eran la reserva moral de la nación. El techo había caído.
Desde entonces una montaña de escombros se revuelve con ellos debajo. Sorprendió advertir que no se habían preparado para el revés, que tan seguros estaban de la victoria. La prueba fueron esos balbuceos en TN, el silencio por más de una hora en el portal de Clarín, y el evidente desconcierto en sus jerarcas para trazar una estrategia. Cuestionar la independencia de la Corte –incluso su idoneidad-, insistir con la “libertad de prensa” –tan luego ellos y todavía-, dudar de la imparcialidad del Afsca –cheeee-, ensuciar infantilmente a su director –al fin y al cabo un funcionario-, y sobre todo, olvidar que esta ley lleva la firma de los tres poderes del estado; dejaron enseguida muy en claro que esperaban fumando la victoria. Y no. Habían perdido y estaban perdidos. El regreso triunfal de Martín Sabatella a las puertas de Tacuarí, fue la escupida en el piso a un cadáver maldito.
Pasadas las primeras horas, sin embargo, parecía que el Grupo se rearmaba… pero no, tampoco.
En lo que será recordado como un papelón relámpago, Magnetto inmediatamente despachó rumbo a la OEA en Washington dos de sus máximos ejecutivos periodísticos –Joaqu-ínmorales Solá y Magadalena Ruiz Guiñazú (genérico desalmado de los Pimpinella)-, con destino final la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para advertirle al mundo los peligros que corre en la Argentina la libertad de prensa. (Cómo no preguntarse por qué no fueron durante la dictadura, cuando los dos ya eran quienes son)... (Y quienes siempre serán).
La base de la denuncia, explicó allí Magdalena –quien antes viajaba a Washington con Videla y lo encontraba todo muy promisorio (ver aquí)-, era el juicio “ético y popular” realizado por la presidenta de Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini, quien dicho sea de paso, nunca viajó a ningún lado con Videla… ´
A esa altura de la presentación, los funcionarios de la Relatoría de la CIDH estaban ya bastantes confusos -y no sólo por la oportunidad de la denuncia (el mentado episodio databa de abril de 2010)-, cuando entonces Inmorales Solá dijo “podemos escribir y decir lo que queremos, pero no trabajamos tranquilos”.
¿Cómo, cómo, cómo?...  
 “En la Argentina –intento aclarar el cronista preferido del General Bussi durante las masacres del Operativo Independencia en Tucumán (ver aquí)-, el periodismo independiente ha perdido la tranquilidad necesaria para ejercer su labor en libertad, y eso es censura indirecta”. No aclaró a quién se refería con “periodismo independiente”, pero es de suponer que al monopolio que allí lo mandaba.
Como ya ni él mismo entendía muy bien lo que decía, la reunión fue breve. Los dejaron hablar, dijeron todo lo que Magnetto les dijo que dijeran; y luego funcionarios de la Embajada Argentina repasaron los progresos hechos en el país durante la última década en materia de derechos humanos.
Por fin uno de los relatores le preguntó al Tamborcito de Tacuarí de Bussi, si el acto de las Madres de Plaza de Mayo no era también una expresión de libertad de un sector de la ciudadanía; y al cabo otro de los relatores felicitó a la embajadora Nilda Garré por la estupenda ley de medios aprobada en su país.
En menos de una hora la reunión había terminado, los atroces Pimpinella prácticamente se desmaterializaron, y aunque fue un papelón, también fue un relámpago.
Por eso decíamos: parecía que el Grupo se rearmaba, pero…
El martes apenas conocida la noticia las acciones del Grupo se derrumbaron. En la bolsa de Buenos Aires cayeron en media hora un 6 por ciento, y hubo que suspenderlas. El miércoles cuando volvieron a cotizar habían caído un 33 por ciento. En la bolsa de Lóndres el mismo martes alcanzaron una baja de más del 50 por ciento, y antes del cierre de la jornada habían perdido 21 puntos. Un tétrico presagio.
Enceguecidos por la derrota y el odio, y reducidos al terror por oficio del mismo, en un manotazo de muertos onda Carrie, intentaron asustar desde la tumba a sus propios empleados profetizando el fin de muchas fuentes de trabajo. Pero enseguida las comisiones internas de sus principales medios salieron a respaldar la decisión de la Corte, a garantizar todo los puestos de trabajo; y el lobo que soltaron volvió a por ellos.
Ahora reflotan el caso Ciccone, seguramente Lanata encontrará otra bóveda invisible repleta de dinero que no está, Boudou volverá a viajar a donde nunca fue, y mientras tanto veremos a Martín Sabatella –apenas un funcionario, insistimos- alcanzar la estatura del mismísimo Satán; y Massa y Macri, y Binner y la Bullrich, y la Carrió y Lanata, cantarán a coro desde TN horribles canciones vencidas, agitando mil fantasmas que no existen desde el más allá de este final.
En 1977, Clarín y sus socios, asociados al genocidio inaugurado un año antes, recibían de esos genocidas la empresa Papel prensa, piedra fundamental del monopolio que el martes se murió.
Sus dueños están imputados por crímenes de lesa humanidad, y ahora la única esperanza que les queda es que la muerte llegue antes que la justicia; O que el país estalle y un caos aún mayor que el que los salvó de sus deudas en 2001, se devoré en el remolino de su furia a este gobierno, a esta corte, a la ley de medios, y su propio espantoso pasado bañado en mierda y sangre.
La dignidad en la derrota es una marca de la grandeza. Clarín, en cambio, morirá así: mal. Como un gusano que se retuerce hecho pedazos.
Fiel a un estilo, hay que decirlo.   


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