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sábado, 6 de diciembre de 2014

PASÓ EL TIEMPO, Y NADA MÁS...


Llevamos algunos meses sin actualizar nuestro blog, pero la realidad nacional es tan estable –muy más allá de su diaria turbulencia-, que volvemos y lo encontramos todo igual: el gobierno que gobierna, y la oposición que se opone sin tener nada que poner.
Satélite histórico del peronismo, el antiperonismo gira a su alrededor, y en el vacío.

LOS UNOS Y LA NADA





Pasó el tiempo y muchas cosas, y nada al mismo tiempo. O sí, pero en hondura, no en dirección.
El arco opositor –para llamar de alguna manera al lazo invisible cada vez más visible que une a la oligarquía terrateniente, la timba financiera internacional, las metástasis de la dictadura, los sectores más reaccionarios de las Fuerzas Armadas y la Iglesia, y coronando la operativa, el monopolio mediático Clarín-La Nazión-, sigue a la deriva, disparando a ciegas entre contradicciones profundas y de las otras; corroído por el propio descrédito que supieron conseguir, rascando minucias en la coyuntura inocuos por pueriles, sin propuesta ninguna, sin convocatoria popular, sin representación real, sin ideas, a la deriva. A lo lejos oímos el ruido de rotas cacerolas… pero ya muy a lo lejos. Como agotadas de llamar a nadie.
Del otro lado, el gobierno, Cristina, vapuleada, agraviada, insultada, pero afianzada, arriba al final de su segundo mandato –tercero del modelo que encarna-, más fuerte, o no menos fuerte, que en los días previos a las PASO de 2011, cuando los medios del miedo auguraban seguros su desastrosa derrota. Y todo lo contrario los esperó en los hechos.
Ya entonces -después del Huracán Cristina de las últimas presidenciales-, nos preguntábamos con sincera intriga por qué Clarín –lo que es, supone y oculta- insistía con una estrategia que tan tristes resultados le había dado.
Agravios, mentiras, insultos, todo terminó en la victoria aplastante de CFK, pero ellos siguieron igual. Como aturdidos por la derrota. Como Hitler en su sótano de Berlín, desplegando tropas que ya no existían.
Pasó el tiempo y muchas cosas, y nada al mismo tiempo. O sí, pero en hondura. El gobierno profundizó su acción, no traicionó su dirección. Insistió irreductible en su política inclusiva, reforzó planes sociales, enfrentó a los fondos buitres y les puso el pecho; en un gesto de incuestionable soberanía, encabezó una avanzada internacional que rápido tuvo el apoyo de la Asamblea de las Naciones Unidas; y ahora también va detrás de los grandes fugadores de riqueza, los intocables de siempre, que ya no lo son, y ahí la rabia, que crece y desespera. Tal vez por eso, superficial y fútil, la oposición se hunde en esa misma hondura ajena.
“La oposición es un océano de un centímetro de profundidad”, no pudimos precisar al autor de la sentencia, alguien nos dijo que era Aníbal Fernández. A quien fuera, salud. La oposición es un océano de un centímetro de profundidad. Y sin embargo, en su impericia, en ese mínimo centímetro, va y se ahoga.
Sin proyectos, sin candidatos definidos, sin consistencia ideológica, adoptando la forma del programa que los invita, incapaces todos juntos de llenar un almacén de barrio; a las patadas y entre traiciones mientras se acusan de narcos y de golpistas (ellos mismos, sí, qué risa); las presidenciales de 2015 se les vienen encima y los encuentra así: abrazados a los mismos medios que insisten con la misma estrategia que ya fracasó.
La gran cuestión cruza la historia como un tren de dudas. Durante los 18 años que fueron de 1955 a 1973, el peronismo –Perón- estuvo proscrito, incluso prohibido su nombre (La Nazión lo llamaba “el tirano depuesto” -porque llamaba “libertadores” a los asesinos del bombardeo contra la gente en Playa de Mayo-); se quemaban sus fotos, ni en chiste se lo mencionaba, se decía “el que te jedi”, se lo barrió de la historia, se le adjudicaron desde los medios y las escuelas, todos los males argentinos; y para mejor, o peor, durante esos 18 años, el antiperonismo articulado –de izquierda a derecha- contó con todo el apoyo y la subvención de los grandes bancos extranjeros, de los grandes monopolios, del Departamento de Estado, de la Santa Sede, de la Sociedad Rural, y por efecto simpatía, de las Fuerzas Armadas. Y 18 años después lo fueron a buscar porque entre todos y con tanto, en tanto tiempo, no pudieron resolver un pomo.
Es el eterno problema del antiperonismo. Como es anti, por su propia naturaleza, sólo puede destruir, y cuando ya lo destruyó todo… tiene que llamar al que construye para poder romper de nuevo.
Pasó el tiempo y muchas cosas, pero… 


Plaza de Mayo, 16 de junio de 1955.