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domingo, 2 de junio de 2013

LANATA: DE LÁZARO BAEZ A MATÍAS ALÉ...


Hemos confesado ya que no miramos más el programa de Lanata, en virtud del tiempo que se va y no vuelve. Sin embargo el espectáculo infrecuente de una imagen pública que entra en combustión y se incendia, nos lleva a comentarlo una vez más. 
De la investigación política al chisme farandulero; de hacerse el guapo con el gobierno, a los sucesivos arrugues con Rial y Fantino; de Lázaro Báez a Matías Alé, pasaron apenas unas pocas semanas, y ya no queda más que espuma de lo que fue pura rabia de un perro muerto hace mucho.


TRISTEZAS DE UN PAYASO





Así como la rabia desaparece una vez muerto el perro, así también Jorge Lanata cayó en el olvido una vez terminado el menemismo. Su rutilante papel de valiente luchador contra las políticas neoliberales y en defensa de los derechos humanos, ya no hacía falta: las políticas neoliberales eran contrarrestadas, y los derechos humanos reivindicados al más alto nivel del Estado. El perro estaba muerto. La rabia también.
Sin guión de repente, redondo como es, rodó como pudo hasta acabar en el Maipo rifando entre payasadas tristes la poca seriedad que le quedaba. De allí no volvió nunca, a no ser por la emboscada que les tendió a varios colegas cuando fundó y fundió el diario Crítica.
El Canal 26 de Alberto Pierri –presidente de la cámara baja durante el menemismo-, no por nada lo recogió y le dio un espacio en su difusa programación. Con la debida obediencia, al servicio de sus nuevos amos desde allí empezó a fustigar sistemáticamente al kirchnerismo, alejándose así inevitablemente de los organismos de derechos humanos hasta enfrentarlos, mientras arrimaba,  muy despacito -para que apenas se notase su travestismo ideológico-, el culo rumbo a Clarín.
Durante el debate por la Ley de Medios y Papel Prensa, abrazó al pobre Grupo acosado por la dictadura ka, y a partir de allí ya no quedó más que arreglar los números.
Finalmente lo conseguía, y así alcanzaba en cuatro patas su espacio en el Grupo, y más, mejor aún: su propio programa de vuelta, ¡y ahora en El Trece! Era el retorno soñado, triunfal y rabioso, como rabioso estaba su nuevo empleador.
De vuelta del olvido, ya condenado al oprobio, comprendió que no tenía más chances ni más limites que el rating. 
Sensacional en su debut anunció toda la verdad sobre “La ruta del dinero K”. Testigos y cámaras ocultas. Bóvedas intraterrenas, y fantasmas en Panamá. Aún sin pruebas de nada, es posible que hasta el propio Magnetto se haya ilusionado por un instante con la caída del gobierno.
Pero fuegos de artificios al fin, como tales se incendiaron en su propio esplendor.
Las cámaras ocultas que aspiraban acabar con el kirchnerismo, se deshicieron apenas al día siguiente con la desmentidas públicas de los propios testigos –dos pendejos duros de merca-; y para colmo los otros nombres involucrados rápido echaron a rodar toda la investigación por la pendiente farandulera de las hermanas Calabró y Karina Jelinek... Y así un día, sin saber cómo, quien pretendía denunciar a Néstor Kirchner y hasta a Hugo Chávez con un mapa continental de la corrupción, terminó apenas botoneando a Matías Alé y Alejandro Fantino con chismes prostibularios...
Igual para entonces sus pretensiones de periodismo de investigación ya habían sido trituradas por la licuadora de los programas de chimentos de todos las canales; y el hombre que había vuelto como el hijo de Michael Moore y la Madre Teresa de Calcuta, ya se revolcaba en el barro con Luis Ventura mienras se disculpaba con Jorge Rial.
Para su desgracia –y en nombre de la autobiografía que Lanata le dictó- Majul quiso defenderlo, y le pidió ayuda a Shocklender. Mónica Gutierrez –de pronto más preocupada por las restricciones cambiarias que por el hambre que aún falta resolver- estaba dispuesta a echar una mano, pero apenas vio al parricida, salió corriendo.
Allí ya, solo del todo en las alturas tremendas de su costosa fama, Lanata comprendió qué rápido la máquina se lo había tragado. 
Narciso sin belleza, no deja de mirar su propia imagen, y así se ahoga... Cuando mira cómo cae desde los noticieros a los programas de humor, y se ve una vez y otra vez inmolado en la mitad de la pantalla invocando a los tribunales para denunciar con fecha y hora el viaje de Boudou a Carmelo con dos bolsos cargados de sospechas; mientras la otra mitad de la pantalla lo muestra a Boudou ese día y a ese hora en el Senado con Lula. Ahí comprende que hay una cosa que para él ya se terminó. Cuando en los mismos programas se ve, una y otra vez, pidiéndole disculpas a Fantino con más miedo que dignidad. Cuando se escucha de nuevo llamándola “tarada” a una compañera porque lo contradice. Narciso sin imagen de sí mismo que le guste, sabe que no sólo él ve lo que mira. Que lo ven todos, y que ya no hay retorno. En muy poco tiempo, la máquina se lo comió.
La fama es pura cuenta, y esa cuenta siempre se paga. El prestigio, el reconocimiento, incluso la popularidad, se le distinguen. Pero la fama es otra cosa. Tanto le da un santo como un asesino, una monja, que una vedetonga. La fama se alimenta de cualquiera, aunque los egos inflamados son su debilidad.
Como Roma no paga traidores, nadie debiera sorprenderse si antes de lo esperado, Clarín también lo descarta. Por ahora lo acompaña el rating, y la acción que despliega todavía prende, aunque fuera apenas en los cacerolos más ultras… Pero ya se palpa una merma incluso en ese público, en sí siempre dispuesto a la iconoclasia. Una cosa es repetir a Lanata y hablar de Baez, y otra es mezclarse con Ventura para terminar disculpando a Karina Jelinek. La pátina de barniz intelectual y progre que ofrecía recitar a Lanata en las sobremesas, cobró de golpe un tufo a vodevil que ya no viste como ayer… Si el rating cae, y sus “investigaciones hiperchequeadas”, se vuelven chistes en la noria de los chimentos… Roma no paga traidores, nada debería sorprendernos.
El jueves por la tarde en declaraciones exclusivas para el programa Intrusos, Jorge Lanata fue tajante: “no volveré a hablar con un programa del que participe (Luis) Ventura”. Tomá. Se lo dijo. Bien en la cara, se lo dijo. (En la cara no, porque el movilero que lo entrevistaba no era Ventura, pero se lo dijo, bueno). Qué risa.
Así viene Lanata, y así se va… espuma pura de lo que era sólo rabia, porque el perro murió hace mucho..
En virtud del tiempo que se va y no vuelve, no miramos más el programa de Lanata, es cierto. Pero este domingo le tenemos ganas. Los sketchs no valen la pena, las imitaciones más o menos, y el monólogo donde se hace el Tato Bores nos produce vergüenza ajena. Pero el espectáculo en vivo de su inflada imagen envuelta en llamas, nos divierte de verdad.
Esas cosas de los payasos, que siendo tan tristes, igual te hacen reír.





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