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jueves, 1 de marzo de 2018

MACRI EN EL CONGRESO: NI CRISTINA, NI EL PUEBLO...

Entre promesas vencidas, augurios otra vez, y problemas de lenguaje, el presidente de turno abrió las sesiones ordinarias del Congreso.
Cristina Kirchner no fue.
El pueblo tampoco. 

LA SARASA DEL CORAZÓN

                                                                 Foto: Ruben Digilio



Entre el autoelogio y la autoayuda, la negación y el augurio, con serias dificultades sintácticas y gramaticales, Mauricio Macri inauguró el año parlamentario con un discurso corto pero vacío, porque lo malo, si breve, mejor.
Sin logros que exhibir en lo económico, en un muy mal momento para hablar de la soga de la corrupción con tantos ahorcados en casa, en pleno naufragio la paritaria docente, desbocados el dólar, la inflación y la deuda externa, enfrentado con los sindicatos mientras unifica a la oposición, y mientras un coro de estadios lo putea, el discurso presidencial, previsiblemente, se deshilachó entre promesas vencidas, realidades intangibles, lugares comunes, y deseos navideños de paz, amor y prosperidad.
Sintomáticamente, comenzó invocando uno de los grandes fracasos de su gestión: el ARA San Juan y sus 44 tripulantes perdidos hasta hoy.
Entrados ya en el quinto semestre, lejos muy lejos quedó aquel segundo de las grandes ilusiones. Sin embargo, firme en sus principios, por nada de ello Macri dejó de prometer un futuro mejor: “Lo peor ya pasó –dijo-, ahora vienen los años en que vamos a crecer y ver los frutos”. (Sí, sic).
Sin renunciar a la innovación lingüística, en otro pasaje confesó que “pienso constantemente en ser serio con el déficit fiscal”.
Preocupado por la realidad, recomendó negarla: “hay que evitar diagnósticos apocalípticos”.
En lo que confiamos ha sido una charada, habló de "crecimiento invisible".
Como quien toma sol bajo la noche cerrada, en otro momento afirmó: “Los salarios le ganaron a la inflación”.
Conciente de los “conflictos de intereses” que hoy infestan su gabinete -y que si no fuera suyo se llamarían “corrupción”-, simplemente dijo que no, que “los funcionarios no estamos acá para beneficiarnos”, y que además ellos, sus funcionarios, tenían un “alto compromiso ético”.  
Lo mismo hizo con la inflación: “está bajando”, dijo y chau.
Ajeno a todas las consecuencias de la actual destrucción nacional, se jactó de ser “parte de la generación que está cambiando el país”, para por fin cerrar con una arenga de vestuario hablando del corazón y los sentimientos concluyendo que “los argentinos unidos somos imparables”.  
Los propios aplaudieron, claro.
Los opositores afilaron sus navajas y salieron al encuentro con la prensa.
Dos ausencias notables marcaron la jornada.
Cristina Kirchner pegó el faltazo, pero el pueblo también.
Afuera, frente al Congreso y sus adyacencias, no había más que vallas y fuerzas policiales bajo el sol de un día cálido, y sin embargo helado. 

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