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sábado, 4 de julio de 2015

EUROPA EN GUERRA: AHORA MANDA GRECIA...



Con el crédito que nos da haber anticipado hace tanto y en detalle el presente que hoy anuncian como noticia los diarios, El Martiyo reflexiona sobre el momento actual de Grecia y la Europa franco-alemana, de pronto en sus manos. El domingo el pueblo griego decidirá si Europa continúa... o tal y como advertimos siempre: se termina otra vez.


ESCLAVO Y AMO 

OXI (oji): NO.





“Seamos libres, y lo demás no importa nada”.
José de San Martín.



Todo lo que ahora sucede en Grecia -y por lo tanto en Europa (o viceversa)-, no es noticia para El Martiyo, sino apenas la confirmación fáctica de antiguos anuncios que en un juego de imaginación presentamos oportunamente como visiones o profecías, pero que eran puro análisis. Periodismo de anticipación, técnicamente hablando. Un género asaz riesgoso, porque si luego los hechos no refrendan las palabras, el profeta, como si fuera fulminado, queda reducido a un charlatán. Pero no fue éste el caso.
Basta revisar nuestra sección Europa en Guerra para comprobar que avisamos hace muchos años la actual crisis a punto de empezar –porque hasta ahora nada más estiraron el prólogo como una agonía-; el inminente referéndum griego -que ya en noviembre de 2011 proponía Georgos Papandreu y que entonces El Martiyo saludaba con entusiasmo (ver Juegos de guerra)-; la evidencia ya innegable de la (des)Unión Europea, “esa patria grande cosida de apuro con países que nunca se quisieron, que siempre se pelearon”; la codicia de los grandes bancos que un día reemplazaron a los políticos europeos por exgerentes propios nunca del todo exs; y puntualmente advertimos la importancia de aquel principio de resistencia del pueblo griego cuando le gritaba su OXI (NO) a las políticas de ajuste ya el 1 de julio de 2011, frente al Parlamento en la plaza Sintagma, mientras adentro y a sus espaldas sus legítimos representantes decían que SI. (Simplemente No)
Todo lo anunciamos, paso a paso, en detalle. No somos adivinos, proyectamos sin pasiones, sin engaños, la Argentina de la convertibilidad sobre la Europa del euro, y la multiplicamos a escala continental, con el agravante insoslayable que recién hoy parecen considerar los grandes habladores de Europa: la temeraria renuncia de todos esos países a su soberanía monetaria. Todo lo anunciamos.
Con esas credenciales de anticipación, nos permitimos ahora estas reflexiones, cuyo valor profético, precisará la historia una vez más.
Por fin los griegos se encuentran, diría Borges, con su destino sudamericano. El estado de colonia, y/o, semicolonia, que ahora deberán enfrentar. Curiosamente, ellos –como los otros países de la zona del euro-, no fueron conquistados, o invadidos militarmente (aún), ni nada por el estilo, no hizo falta: solitos sin que los empujen, incluso alegremente, entregaron sus soberanías en nombre del sueño alocado de una integración continental, tan luego entre países siempre –o casi siempre- en guerra, y por lo tanto, plenos de resentimientos ancestrales, hoy evidentemente insolubles.
Baste como ejemplo la rápida oposición de los sometidos España y Portugal cuando Grecia pidió una quita para su deuda… ¿Alguien imagina a Venezuela y Brasil o Ecuador y Bolivia haciendo lo mismo cuando Argentina consiguió su quita? Ahí la unión europea, que sus difusores pretenden con mayúsculas.
Pero todo eso es pasado. Todo eso ya terminó. Grecia está a punto de estallar, y con ella, por simpatía, la eurozona.
La mitad de los griegos teme una posible la salida del euro, la otra mitad quiere salir. Grecia tiembla, se divide y resquebraja. Pero más tiembla el resto de la eurozona. Sus banqueros, sus bancos.
Grecia parece contra las cuerdas, obligada a elegir entre la silla eléctrica y la horca. Aceptar las imposiciones de la troika –la llamen como la llamen- supone entregar toda forma de independencia, además de los bienes y recursos del estado y sus ciudadanos, condenados entonces a incontables generaciones de pagar y pagar. Pero abandonar el euro es adentrarse en la niebla de un destino incierto. Ni el sueño de un romance con Putin, ni mucho menos con China, serán así nomás tolerados por sus socios de la OTAN. De arranque no será perdonado el mal ejemplo de Alexis Tsipras y su extraña nación, capaz de contagiar al resto de las colonias francoalemanas de la Europa Occidental. En síntesis, si dejan el euro, los griegos serán duramente castigados por sus soberanas ínfulas. Sin grandes recursos naturales, sin industria desarrollada ni siquiera en los días dorados del euro –porque dilapidaron la guita en fastuosas olimpíadas y otros delirios (que tampoco lo olviden)-; sin fuerza militar propia –porque los fierros son de la OTAN-; sin más ganadería que las cabras que a duras penas abastecen sus propias pascuas, ni más agricultura que la que les permite su estrecho territorio escarpado y su suelo volcánico; y abandonados del todo por sus socios convertidos de pronto en acreedores rabiosos, los griegos no la tienen fácil, no. Pero más difícil la tendrá entonces la Europa que hoy los somete.
De arranque, si Grecia sale del euro, el euro ya no será el euro. Y si la salida redunda en una recuperación de la economía helena –esto es: si apenas mitiga la negrura actual-, España, Italia, Portugal, Irlanda, y siguen las firmas, harán cola para rajarse. Y entonces antes o después Alemania y Francia quedarán solas de nuevo, cara a cara, repletas otra vez de mutuos reproches. De hecho, ya comenzaron.
Si Grecia sale del euro el sueño de la moneda única habrá reventado como la pompa política que en esencia es, y el resto será sólo inercia, la respiración artificial de los grandes especuladores con sus grandes medios de prensa, sus repetidores políticos y sociales, y el eco a su vez de sus voces... Pero sólo eso, retumbos e inercia de una bola de nieve que arrastrará en su caída muchos otros sueños. La unión continental, el estado de bienestar, la sociedad multicultural, la hermandad entre esas naciones, y por consiguiente, la paz entre ellas. Europa la tendrá bien más difícil.  
De momento, caen las bolsas, el mañana es incierto, y el euro sangra. Por ahora sólo gotea, pero si esa herida sigue abierta y se abre más...
Ahora todo lo que importa, para Alemania, es sacarse de encima a Tsipras y su bando de loquitos desubicados que no se toman en serio la tremenda ingeniería financiera diseñada durante tanto tiempo para esta emboscada final. El plan de los grandes bancos –los mismos que les enseñaron a los griegos a dibujar sus balances- era éste: prestar diez para cobrar cincuenta o quedarse con todo. Pero en esta hegeliana fenomenología del amo y el esclavo, de pronto la superviviencia de Alemania y de toda su Europa bancaria, quedó en manos del pueblo griego, que mañana decidirá la suerte de Europa y sus banqueros, si continúa, o se termina.
Si acepta la sumisión, o si será libre.
Lo demás no importa nada.



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