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viernes, 19 de junio de 2015

Clarín Y LA INTERNA DEL FpV: LOS DE AFUERA SON DE PALO…



Sin ideas ni proyectos concretos –o sí, pero inconfesables-, amenazados por sondeos que no dan como soñaban, y aterrados por el maquiavélico Durán Barba reconociendo a Cristina como “imbatible”, el coro de la oposición ahora se rasga las vestiduras por la interna oficialista como si fuera propia.
O peor: como si fuera ya la única que importa. 
O peor.


EL OJO EN LA PAJA AJENA

Héctor Magnetto: los ojos fijos, bien abiertos... (jijiji)




Es tal el desconcierto de la variopinta oposición, que hace pensar en el hincha imposible que putea a los contrarios porque les falta gol.
A coro, con paciencia rotativa, y frecuencia más o menos semanal, la oposición –Magnetto y sus replicantes- suelta un tema y prueba suerte… aunque ya no haya.
Así de a ratos es “el abuso de la cadena nacional”, ora el último show de Lanata, ora el nombre de las calles o los centros culturales (que dicho sea paso, ellos jamás levantan), y cositas así… Son, como se advierte, todos temas intrascendentes, que, como se sabe, no afectan la imagen del gobierno, ni mucho menos la de Cristina. Por eso, con esfuerzo y toda la orquesta de sus muchos habladores, esos hits duran una semana, muchas veces menos. A veces horas, a veces ni eso, como sucedió con las cuentas en el exterior a nombre de Nilda Garré y Máximo Kirchner.
Otras veces prueban con temas recurrentes o, más bien: reciclables. Como el caso Nisman, o el caso Ciccone-Boudou. Ejemplos ambos de temas perimidos, inocuos a los efectos que son usados. No desgastan la imagen presidencial. Está demostrado. No sirven.
El último domingo en La Nazión, Joaqu-Inmorales Solá, en su columna de análisis –aunque en realidad son puros augurios-, malgastaba su espacio resumiendo –repitiendo-, una de las críticas de la moda semanal: el férreo liderazgo de Cristina, interpretado –presentado, bah- como “sumisión”, “dedocracia”, “verticalismo autoritario”, y otras baratijas del repertorio.
La crítica en sí es insustancial, pero sobre todo, improcedente. Se trata de un caso típico de paja en el ojo ajeno… o peor.
La interna del Frente para la Victoria, es, como su nombre lo indica, una interna. Lo que haga o deje de hacer en “su” “interna” el FpV, no es asunto de los de afuera, que son, exactamente, de palo. Nadie obliga a Inmorales Solá -ni a nadie- a participar en dicha interna, ¿qué les importa cómo decide sus asuntos un partido al que no pertenecen ni votarán?... ¿O es entonces, acaso, ya, la única interna que sí importa?... Tal vez.
Las encuestas no alientan. Las elecciones en Santa Fé probaron en crudo que Macri no puede salir de la city que lo parió. Sergio Massa, incapaz de dar batalla, decidió dar lástima, y por allí se desdibuja. La Carrió ya no hace ni reír… ¿Apostar a Altamira? Todo asusta, todo desespera.
Los hermanos latinoamericanos, para colmo, tampoco alientan.
En declaraciones públicas el púgil colombiano Francisco de Narváez aterraba al aterrado Marcelo Bonelli con las terribles profecías del ecuatoriano Durán Barba: “Cristina es imbatible”, repetía el crédito de Bogotá. Bonelli quedó en silencio, y por unos segundos, su dicción resultó perfecta. Pero el eco de su desconcierto sonó como un abismo.
Sobre llovido, la sola mención de Carlos Zannini como posible vicepresidente de Scioli, los llevó al delirio inmediato.
A tal punto que Inmorales Solá saltó como payaso de lata en la edición del martes de La Nazión, fuera de programa –y de sí-, sacado, rabioso, bañando con su espesa espuma verde al hasta entonces apenas mencionado Carlos Zannini.
A juzgar por la urgencia de sus líneas, por la respiración entrecortada de su prosa furiosa, esa noche el tamborcito de Tacuarí del general Bussi, no había dormido.
Voz cantante de los cantadores de Magnetto, detrás se largaron sus discípulos y desde entonces, all together now, no hacen otra cosa que pegarle a Zannini por todos lados.  
O sea: de pronto preocupadísimos todos porque el FpV no eligió un candidato mejor.
O sea: puteando a los contrarios porque no ponen huevos.
O sea: el ojo fijo en la paja ajena.
O sea…



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