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lunes, 18 de abril de 2016

COSTA SALGUERO: LA DROGA NO ES LO QUE MATA



Derribar aviones o reventar villas no evitó cinco muertes por droga en una fiesta electrónica en un bunker del Pro.
Al igual que la pobreza cero y la revolución de la alegría, el vociferado combate contra el narcotráfico es otra mentira como los disfraces de Patricia Bullrich.
Pero los muertos son de verdad.


MENTIRAS QUE MATAN


Patricia Bullrich y el carnaval de la muerte.


Por mucho que Patricia Bullrich se disfrace de Rambo o de arbusto, los papelones se suceden, y ya comenzaron las tragedias.
Las cinco muertes de Costa Salguero no son una fatalidad. Son parte de ese fracaso que supimos anunciar el 15 de octubre del año pasado en nuestro post Tres tristes tigres.
El gobierno nacional no tiene ninguna intención de luchar contra el narcotráfico. El “problema de las drogas”, como le llaman con notable displicencia, no les parece grave. De hecho no pesa en las encuestas. No importa. Se trata de un “flagelo mundial”, y como tal está lleno de excusas que hace mucho se dicen por la tele. Basta con repetirlas.  
Al igual que la mentada revolución de la alegría o la pobreza cero, el vociferado combate contra el narcotráfico, también era mentira. Una fachada pomposa, como los disfraces de la ministra.
Camuflada en la épica de una guerra contra los carteles de Sinaloa, la policía volvió a pedirle documentos a la gente como en los días de hierro de Videla & Co.
La temeraria ley de derribo de aviones sólo sirvió, a la luz de los hechos, para rehabilitar la ingerencia de las fuerzas armadas en la seguridad interna, como en los días de hierro de… Y las cinematográficas y violentas incursiones en los barrios más pobres detrás de los grandes capos narcos, acabó con cinco muertos en una fiesta electrónica autorizada por el gobierno de la ciudad y organizada por socios del gobierno de la ciudad. Ningún avión, ninguna villa.
Igual que en Cromañón, una vez más basta escarbar apenas para encontrar enseguida el tejido subcutáneo de la corrupción oficial. Costa Salguero, bunker del Pro durante su campaña, salón de fiestas del casamiento de Macri, el gobierno de la ciudad le concedió su explotación al marido de Carmen Polledo, diputada Pro, y tan luego vicepresidenta de la Legislatura en la Ciudad de Buenos Aires. 
Sin embargo esta vez los grandes medios prefieren  culpar a “la droga” como a un ser viviente; preguntarse con remanida ingenuidad  “por qué se drogan los jóvenes”, y al cabo deshacerse en la melaza de lugares comunes tantas veces dichos, que ya ni siquiera precisan pensarlos para repetirlos. Y entre la ignorancia y la complicidad, el tema también se deshace.
Histriónica y desorientada, pero severa aunque incompetente, Patricia Bullrich se tomó el asunto como algo personal, y apenas asumió se jactó de entregarse a la DEA para que la agencia norteamericana le aportara toda la experiencia obtenida en sus ya más de cuatro décadas de evidente fracaso.
La poderosa agencia hoy cuenta con más de cinco mil agentes especiales y está presente en más de 60 países. Inaugurada como tal el 1º de julio de 1973, desde entonces, como es sabido, la producción, el tráfico y el consumo de estupefacientes se multiplicó en progresión geométrica, especialmente en todos esos países donde opera la DEA.
Pedirle a esta gente que te asesore en la lucha contra el narcotráfico, equivale a pedirle al Estado Islámico que te haga la seguridad de los estadios. Sin embargo, allí fueron Macri y su ministra a buen puerto por agua.
Una de tres: o no entienden nada, o no les importa nada, o son parte del negocio.
Demasiadas veces referimos en esta misma sección la plusvalía irremplazable que significa para el narcotráfico la prohibición de su mercadería. Una vez abolida la ley seca en los Estados Unidos, las mafias abandonaron el contrabando de alcohol. Y nació el narcotráfico.
Y muchas veces que nunca serán demasiadas advertimos también la esterilidad de la discusión sobre los daños que produce la droga –los riesgos para la salud, la dependencia orgánica, las consecuencias letales, y otras verdades inútiles-, cuando la cuestión urgente, desde hace rato, es decidir quién ha de controlar el segundo negocio más redituable del mundo: si el Estado organizado, o el crimen organizado.
Mientras el debate gire sin salida alrededor de los mismos clisés, las organizaciones dedicadas al narcotráfico aumentarán su lucro a diario, y por consiguiente expandirán a diario sus ramificaciones en el poder, y su poder.
Y mientras las autoridades insistan en reventar los barrios de los pobres, los chicos caerán como moscas en las fiestas de los ricos.

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