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lunes, 26 de febrero de 2018

MACRI: ENTRE PUTEADAS Y GILADAS...

Dicen que fue Vicente Saadi el que acuñó la frase que después difundiera tanto Carlos Menem: "en política el que se calienta, pierde".
Sin embargo se trata de una antigua verdad de la vida que suele ser aprendida ya en la escuela primaria: "si te enojás cuando te cargan, más te van a cargar".
Mauricio Macri y sus muchachos, tampoco saben eso.


EL HOMBRE BOBO



Un grito de corazón enciende y trasciende los estadios argentinos, alcanza los recitales, se derrama por las calles, se toma el subte, viaja, sigue y suma: Mauricio Macri la putá que te parió.
Estrenado espectacularmente por La Gloriosa hinchada de San Lorenzo en un Gasómetro a reventar, para luego volver a entonarlo en su estadio de basquet, pronto se sumaron al coro las sucesivas hinchadas de All Boys, River, Huracán, Lanús, Independiente, Racing, Chacarita, en fin… menos la de Boca, por ahora…
En un primer momento desde el gobierno pretendieron reducir la novedad a una cuestión apenas deportiva. Pero cuando el cantito se esparció por los recitales, el subte y las calles, el gobierno activó toda su “inteligencia” dispuesto a acallar lo que el propio diario La Nazión llamaba ya “el hit del verano”. Y con la ineficiencia que lo caracteriza, lo primero que  hizo fue dejar trascender que a Macri la puteada le molestaba y mucho.
Una de las primeras leyes que se aprenden apenas ingresar a la calle de la vida, establece claramente: "si te enojás cuando te cargan, más te van a cargar". Es difícil terminar el primario sin aprenderlo.
Pero suele ocurrir con los egresados de esos colegios muy caros, donde antes que nada les aseguran a sus alumnos un entrenamiento exhaustivo para el mundo material, y un aséptico aislamiento de lo peor de la sociedad –pobres, grasas, etc-, lo cual, a su vez, habrá de eximirlos para siempre de cualquier empatía con el llamado pueblo. Es así como esos chicos alcanzan la flexibilidad moral suficiente como para “triunfar en la vida”, pero a la vez carecen por completo de calle. Es decir: salen truchos, pero boludos.
Parece un detalle, y lo es. Pero por lo mismo nos revela muchísimo.
El mejor equipo de los últimos 50 años, resulta que no es más que una manga de herederos y ceos, hijos por lo tanto de alguna fortuna inexplicable o de alguna interna feroz, educados en burbujas de vidrio donde sólo tratan consigo mismo, donde la palabra amistad es lo único gratis, y donde aprenden que todo se paga y todo se puede si se tiene la guita para pagarlo. Chicos que conocen Nueva York al dedillo pero se pierden en Avellaneda, que le rezan a Dios pero sólo creen en el Mercado, que, como Macri, hablan inglés sin haber aprendido aún el castellano.
De allí el "errorismo de estado" que distingue a esta gestión, sus marchas y contramarchas, los escándalos estallándoles en la cara, Panamá papers, Paradise papers, el Correo, Flybondi, el Sarmiento, los peajes, Calcaterra, Caputo, Díaz Gilligan, Chocobar… perfectos tarambanas protegidos hoy por los medios como ayer por sus papis, se llevan todo puesto, y siguen como si nada, hasta que un día…
Porque no hay mal que por bien no venga.
Macri Blanco Villegas, los dos Bullrich, los dos Caputo, Quintana, los Peña y todos sus Braun, Etchevere sin su hermana, el patético Triaca –heredero de un gremialista del Jockey Club-, Miss Stanley, Aranguren el de la Shell, Dietrich en bicicleta, Bergman disfrazado de arbusto, Aguad sin Internet (y ahora también sin submarino), nos dejan esa esperanza: son corruptos pero bobos, más antes que después la historia va a descubrirlos porque Dios perdona siempre, el hombre perdona a veces, pero la verdad no perdona nunca.
Mientras tanto que disfruten.
Por ahora el trueno del escarmiento es apenas una puteada nacional.
Un grito de corazón: Mauricio Macri, la puta que te parió.


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