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sábado, 9 de marzo de 2013

CHÁVEZ, CLARÍN, LA NAZIÓN: A GRANDES MEDIOS, PEQUEÑOS TEMAS.



En términos mediáticos la muerte de Hugo Chávez tuvo los efectos de un eclipse mundial que ocultó en su sombra desde los festejos por el día internacional de la mujer, hasta el Apocalipsis que barre por dentro el Vaticano. 
Incluso el ultraconsevador The Times de Lóndres se rindió a la importancia de la noticia. 
Entre los diarios más vendidos del mundo, apenas Clarín y La Nazión nada más la informaron, y enseguida volvieron sus colmillos hacia la minucia coyuntural de la vicisitud doméstica. 
De periodismo ni hablar.


LAS CLAVES DE LA IGNORANCIA

Caracas hoy: si este no es el pueblo...

Un hombre como un planeta interpuso por unos días la sombra de su muerte entre la Tierra y el Sol, y no se vio más nada. Los ojos de la entera humanidad se clavaron de golpe en el féretro embanderado allá en Caracas, y por una vez, un rato, el mundo se detuvo. No era para menos.
Media docena, no más, de seres así atraviesan un siglo, y allí uno de ellos terminaba su jornada. Más allá de toda ideología, en lo estrictamente periodístico, la noticia era inmensa.
Tanto que varios medios mucho antes la habían “anticipado” sin ninguna vergüenza, anunciando la muerte de Chávez para resucitarlo en apuradas desmentidas que nunca terminarán de pagar.
El otrora prestigioso y hoy triste diario El País de España, cargará hasta su demolición aquella foto apócrifa de un Chávez agónico. Así de grande era y fue y sigue siendo, cuatro días después, la noticia.
Más de treinta jefes de estado abandonaron sus complejas agendas y sus internas y sus pueblos para mostrar con su presencia quien fue, quien es, quien será el hombre que despedían. El mundo paraba.
Los funerales extendidos, el cuerpo embalsamado, ese pueblo escarlata abrazándolo con su millón de brazos, la fila infinita bajo el sol del Caribe para decirle chau, Sean Penn de cuerpo presente, Oliver Stone al pie, Michael Moore… la noticia, periodísticamente hablando, ganaba en grandilocuencia y ofrecía mil enfoques.
Por unas horas los cardenales que ahora mismo se disputan el Vaticano y sus bienes, sintieron el alivio de la presión mediática cesar. Berlusconi aprovechó para ser condenado por corrupción en puntas de pie. Las nuevas desastrosas estadísticas sobre el derrumbe imparable de Europa, apenas se oyeron. En Siria seguían los muertos. Un atentado en Afganistán. Hugo Chávez lo eclipsaba todo.
Hasta el ultraconservador The Times de Lóndres le concedió la primera plana dos días seguidos y aún hoy comenta ecos del funeral, y analiza perspectivas. Desde Al Jazzera a la CNN todas las cadenas de televisión se instalaron en Caracas. La noticia era tan grande como las multitudes que lo amaban, y las otras. 
Clarín y La Nazión apenas la notaron. Ja.
Si, bueno, bah, el 6 Clarín titula "Chávez" con foto a página, pero ya en la bajada no se priva de opinar calificándolo de "líder populista". La Nazión, en cambio, brígido, seco, el 6 titula “Murió Hugo Chávez”;  algo más mencionaron los dos diarios el 7 –sin perder la oportunidad de acompañar la noticia con diatribas apuradas y tétricos augurios de esos que nunca se les cumplen-, pero ya ese mismo 7 volvían sus patéticos hocicos contra una tarjeta de compra para los supermercados argentinos, propuesta por un funcionario de segunda línea a cargo eventualmente de la Secretaría de Comercio, y de nombre Guillermo Moreno. Algún día algún tipo de científico estudiará este raro caso de obsesión psicológica de un monopolio entero contra un funcionario menor.
El mundo desconoce, más bien, a Guillermo Moreno; los avatares de esa tarjeta doméstica, no modificarán el destino de la región; mañana las enciclopedias, los libros de historia, las más exhaustivas cronologías, ni siquiera las efemérides de los diarios ni los mejores buscadores de la red, dirán “Un 5 de marzo como hoy el secretario de comercio de la Argentina propuso la creación de una tarjeta…”, de ninguna manera. Por supuesto que no. Jo.
La historia no dirá ni mu de estas rencillas miserables que para Clarín y La Naziónlos grandes medios argentinos, bastiones de la prensa independiente, y bla blá-, resultan más importantes que la noticia más importante del mundo para todos los medios del mundo.
Sin embargo, la pregunta que se desprende fatal como un techo, es: el público de estos medios, cuando los consume, ¿no tiene la sensación de comprar algo inútil, indeseable?, una guía para no llegar, un manual para equivocarse, las claves de la ignorancia...     



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