////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

domingo, 31 de marzo de 2013

DANIEL SCIOLI, Y EL HIJO DE PUTA DE VERBITSKY...




Joaqu-Inmorales Solá y Ricardo Kirchbaum, uno por La Nazión, el otro por Clarín, lograron hoy un afinado dueto en sus respectivas columnas, presentándonos en cándidas exposiciones al gobernador Daniel Scioli como un héroe incomprendido por su propio ejército.
 En simultáneo, sin embargo, y ya como solista, desde Página 12, también se ocupa del gobernador el hijo de puta de Horacio Verbitsky, quien nos ofrece un detallado informe del accionar del narcotráfico en su distrito, y de la red de complicidades policiales, políticas y judiciales que lo sustentan.

LA BALADA DEL PISTOLERO 




Un lector desprevenido nos preguntaba esta semana si “comprábamos” a Verbitsky, que es, agregaba, “un hijo de puta”. Hasta ahora, pese a lo mucho que se lo pedimos, nuestro amigo no envió ninguna prueba al respecto, siquiera un argumento que sostenga lo que dice. Curiosamente, el amigo en cuestión es también un colega, un periodista.
Nosotros en cambio, con educación y profesionalismo, nos tomamos el trabajo de responderle y explicarle. Primero, que no conocemos a Verbitsky, ni guardamos ningún aprecio especial por él. Y segundo, que tampoco lo “compramos”, o en tal caso, no lo compramos a él; más bien pagamos un abono mensual a Internet, y así tenemos acceso a todos los diarios del mundo, y más cosas.
Por supuesto, sabemos que nuestro amigo no se refería a eso; “comprar”, en tal contexto, y en boca de un argentino, significa más bien “tragarse algo sin masticarlo”, o, mejor, directamente, “creerse una mentira simple”.
El post que produjo esta sospecha en nuestro amigo, es Don francisco y el perro (II).
Ahí -pueden leerlo-, nos limitamos a comentar el inusitado enfrentamiento entre un periodista y el Vaticano, su papa y sus papistas; destacando, eso sí, que el periodista presentaba pruebas, y los otros no.
También contrastábamos allí –vicios del oficio- las técnicas periodísticas de Verbitsky, contra las de sus pares de Clarín y La Nazión. Mientras aquél compone sus artículos en base a información concreta –datos, fechas, textuales, documentos y etc-, sus colegas prefieren en cambio el rumor improbable, la interpretación subjetiva, la suposición hipotética, el futurismo, y otras variantes de la ficción. Desde luego si tuviéramos que elegir un profesional para nuestro equipo, en defensa de la credibilidad del medio, elegiríamos al más profesional, claro. En tal sentido, sí “compramos” a Verbitsky.
Hoy por ejemplo, con singular sintonía, los tres principales columnistas de los tres principales diarios argentinos, se ocuparon del mismo tema: Daniel Scioli.
Aprovechamos, entonces, para medirlos.
Clarín y La Nazión, en la voces de Joaqu-Inmorales Solá y Ricardo Kirchbaun, nos presentan a Daniel Scioli, casi con iguales palabras, como una víctima inocente del cristinismo. En ninguna de las dos columnas hay una mínima referencia a la más mínima impericia del gobernador, ya fuera política, o ejecutiva. Por el contrario, el gobernador emerge de ambas lecturas convertido en un pobre santo martirizado por su propia iglesia.
Sin embargo, ni el uno ni el otro, ni Inmorales, ni Kirckbaum, presentan datos concretos, fechas, textuales, pruebas, nada.
En simultáneo con ellos llegaba a los kioscos Página 12, donde su columnista principal también se ocupa de Daniel Scioli, pero a partir de un informe detallado del funcionamiento del narcotráfico en su distrito, y de sus cómplices policiales, políticas y judiciales. Todo con nombres y apellidos, fechas, domicilios. Información, bah.
Para graficar lo que decimos, reparemos en los tres primeros párrafos de cada uno.
Bajo el título “Entre la sumisión y la destitución”, en La Nazión Inmorales comienza así:
“Sumisión o destitución. La opción de Daniel Scioli es sólo ésa para el cristinismo. No lo queremos echar, pero debe alinearse, condicionó Diana Conti, convertida en el inconsciente explícito del cristinismo. Es decir, el oficialismo se propondrá la caída de Scioli si éste no se sometiera”.
Reparemos: De arranque dispara un dilema que da por real sólo porque así lo establece él. Inmediatamente se adjudica la capacidad de interpretar la mente supuestamente monolítica del inconmensurable cristinismo. En literatura eso lo hace un narrador omnisciente; en periodismo, un descarado. Ahí nomás desliza como un textual de Diana Conti, lo que no es un textual (por eso no lo encomilla), y de remate, con un rápido “es decir” -como si algo hubiera probado ya-, echa mano al tiempo futuro y se lanza nomás a la profecía. De información, ni hablar.
En Clarín, ese auténtico duro de leer que es Ricardo Kirchbaum, con menos síntesis que Inmorales, pero el mismo guión, titula El sitio a Scioli lo enfrenta con un dilema: romper o capitular; y empieza así (no se duerma, es corto):
“El sitio kirchnerista a Daniel Scioli busca que el gobernador bonaerense capitule en su proyecto presidencial y que se discipline a los planes de Cristina Kirchner. Esto es que acepte mansamente el destino que la Presidenta le tiene reservado. Si fuera por ella y su entorno, Scioli no merece más consideración que la que le dispensarían a un ex menemista. Eso desde la ideología. Pero la práctica política y la necesidad electoral es otra cosa. Esa necesidad de la Casa Rosada es, precisamente, la fortaleza de Scioli”.
Revisemos: Larga y se adentra en una metáfora bélica acaso infeliz, pero igualmente imaginaria. A partir de esta ficción, hilvana sin pudores una serie de suposiciones que tampoco refrenda con información ninguna. Imagina primero, elucubra después. Un procedimiento habitual en el novelista, inconveniente para el periodismo. Hacia el final del párrafo, abre las puertas a lo que luego será una invitación a Scioli para sublevarse, ofreciéndole desde allí, soterrado, el apoyo irrestricto del Grupo, como el lobo con Caperucita.
En Página 12, bajo el título La máquina de encubrir, Horacio Verbitsky también se ocupa de la figura del gobernador, pero a partir de un informe detallado del accionar del narcotráfico en su distrito. Arranca así:
“El 23 de julio de 2008 en el estacionamiento del shoping Unicenter de Martínez un breve tiroteo acabó con la vida de dos hombres. El jefe de gabinete provincial Alberto Pérez dijo que se trató de “una venganza vinculada al narcotráfico” y que habían actuado sicarios. Las víctimas fueron los paramilitares colombianos Héctor Edilson Duque Ceballos y Jorge Alexander Quinteros Gardner. A principios de 2009 cayó abatido del mismo modo otro colombiano, Juan Sebastián Galvís Ramírez, esta vez en San Fernando. La primera causa era investigada por el fiscal Diego Grau; la segunda por su colega Luis Manuel Angelini. En busca de nexos que ayudaran a esclarecer el doble crimen, el fiscal Grau participó en una reunión con dos colegas que llevaban causas similares: Juan Bidone, de Mercedes, quien tenía a su cargo el expediente por el triple crimen de General Rodríguez (donde fueron asesinados Sebastián Forza, Leopoldo Bina y Damián Ferrón en agosto de 2008) y Analía Córdoba, de la UFI 4 de La Matanza, quien investigaba otro doble homicidio de ciudadanos colombianos en San Justo. El intercambio de información y la coordinación estratégica quedaron truncos porque el fiscal general adjunto de San Isidro, Marcelo Vaiani, ordenó a Grau que dejara aquel encuentro y acudiera a la sede departamental para impartirle directivas burocráticas sobre la forma de llevar las estadísticas. Debido a un cruce de llamadas telefónicas Grau y Angelini habían solicitado el allanamiento en la sede de una de las empresas de los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, Federal Aviation, que no fue concedido por el juez de garantías Esteban Rossignoli. En enero de 2011 los Juliá fueron detenidos en España con una tonelada de cocaína”.
Se trata de un torrente informativo, sin adjetivación, sin calificativos, sin interpretaciones personales, sólo datos, fechas, nombres, textuales encomillados. Informaciones puras que el lector o quien fuera puede chequear y desmentir, si así correspondiese. De arranque ya precisa una fecha, un lugar, y un hecho. Luego añade un testimonio, menciona a los involucrados, aporta más fechas, más datos, más nombres. Más hechos. Es el más extenso de los tres primeros párrafos citados, pero acaba sin un calificativo, sin una suposición, sin proyecciones improbables.
El civil acaso desconoce una regla básica del buen cronista que pertenece al ABC del oficio. La inventaron los americanos, por eso la llaman la regla de las Cinco W. Se supone que una buena crónica contiene en su primer párrafo las 5W: What ,when, where, who, why. Qué, cuándo, dónde, quién, por qué.
Note el principiante, el aficionado –incluso el que lleva años en el oficio sin conseguir aprenderlo- que Verbitsky también atiende ese principio.
Y el otro. El que reza ni una línea sin una información.
Se trata sin dudas de un tremendo hijo de puta.


 * * *
Aporte a la prensa libre: haga clic en los avisos