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lunes, 9 de diciembre de 2013

EXTORSIÓN POLICIAL, Y EL VERANO DEL 76...


 En cueros y con aire acondicionado, hay un argentino ahora que disfruta desde su living con los sublevamientos policiales, y sus saqueos. 
Es el mismo argentino que apenas con un ventilador, en el verano de 1976, soñaba con un golpe. 
La pesadilla fue el precio de su futilidad.


SUEÑOS DE UN BOLUDO DE VERANO





“A cierto niveles, la estupidez es una traición”.
Federico Nietzsche




En el verano de 1976 buena parte de los que ahora sonríen con los sublevamientos policiales, y su caos correspondiente, entonces pedían el golpe. La situación nacional era bien distinta, desgobernaba Isabel sobre un frente político astillado, y con una economía a la deriva, estructuralmente en manos todavía de los poderes concentrados, la oligarquía terrateniente, y los intereses multinacionales; pero sobre todo, el Departamento de Estado ya había aprobado el Plan Cóndor. Sin embargo, aquellos que pedían el golpe, y su falta de imaginación, son los mismos que ahora sonríen ante la extorsión policial, y su caos. La misma gente, la misma falta imaginación.
Mucha de esa gente sufrió mucho con lo que habría de venir al cabo de aquel verano de 1976. Muchos de ellos, incluso, perdieron a sus hijos, o los vieron partir hartos de ser perseguidos, o tan siquiera acometidos a cada paso por civiles armados que nunca explicaban quiénes eran. Otros que rogaban por el orden, tuvieron que cerrar sus fábricas cuando el gran escolaso financiero dispuso aquella convertibilidad de la tablita, que al igual que la de los 90, arrasó la industria nacional. Otros, por un rato, creyeron ganar algo sobre las mesas de póker de aquel triste Titanic patrio… Falta de imaginación, apenas eso. Sin embargo el precio fue terrible, y lo pagamos todos.
Hoy esa misma falta de imaginación hace que las mismas mentes subestimen los aprietes policiales que estallan por extraña simpatía en distintas provincias a la vez…  Muchos de ellos, incluso, se frotan las manos cuando ven un saqueo, otros directamente los fogonean… cuando no hay nada que oponer, el caos es la única opción, se sabe.
Los vestigios del extinto monopolio Clarín, sueñan públicamente con la sola salida que les queda: patear la mesa, y que den de vuelta. En el verano de 1976, hacían lo mismo… y aquí estamos ahora: 37 años después, contando los muertos todavía…
La falta de imaginación no es un delito (ya nos gustaría que lo fuera, pero todavía no lo es). En cambio la liviandad, la banalidad, la futilidad frente a fuerzas del orden que se alzan contra la democracia y sus instituciones… antes o después, en la Argentina, acaba siendo un crimen. 
Y las penas las pagamos todos. 
No sea irresponsable, que parece un boludo.

* * *