////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

sábado, 21 de marzo de 2015

LA NUEVA ALIANZA: EL REGRESO DE FRANKESTEIN


Con las bendiciones del presidente eyecto Fernando De La Rua, y del no menos abyecto Domingo Cavallo, y una vez más cosida de apuro con los restos partidarios de los oportunistas de siempre; la Nueva Alianza marca el regreso de un sueño eterno: vencer al peronismo.
Después que Dios te ayude.



EL CARTERO LLAMA DOS VECES 

Lo llaman El Bobo, pero su gobierno mató 39 personas en dos días. 



Rendidos ante la cruda verdad, sin nada nuevo que ofrecer, volvieron a juntarse.
Casi los mismos nombres –la Bullrich, Carrió, Lopérfido, Cavallo-, y exactamente los mismos intereses –la Rural, Clarín, la banca financiera internacional, la Embajada-. All together now. La monstruosa alianza que dinamitó el país en 2001, está de regreso. Cuidado: no es un chiste por mucho que lo parezca.
Hoy como ayer, cosida de apuro con los restos partidarios de los oportunistas de siempre, el frankestein electoral que sembrara el horror con su helicóptero, su Cavallo y sus 39 muertos; allí se levanta de su sepulcro, y vuelve a andar. Brrrr…
Como si fuera una novedad, ahora portan la cara de Mauricio Macri, quien allí esplende como Nerón en Roma, alumbrado por las mismas llamas que incendian la UCR. Los infaltables radicales de todo fracaso, celebraron el acuerdo como quien cierra con un gran error cien años de grandes errores. Y entre ambos, la Carrió, jefa ideológica del uno por ciento del electorado, bomba de tiempo de cualquier rejunte.     
El presidente eyecto Fernando de la Rua, ya les dio su bendición. Y el no menos abyecto Domingo Cavallo, también. Su alegría desbordó los muchos esfuerzos que hicieron sus socios por ocultarlo. Ellos los de entonces, siguen siendo los mismos. Están de regreso.

Hoy como ayer, no los convoca una ideología, ni el programa de gobierno del que todavía carecen, ni mucho menos reparan en doctrinas que tampoco tienen u olvidaron, nada de eso: no los une el amor, sino el espanto. Odian al peronismo, y eso es todo.
Y no temen ganar. Están preparados para la peregrina posibilidad. No tendrán proyectos, planes, ideas ni programas, pero tampoco los precisan. Bastará con atravesar los cuatro años de su gobierno echándole la culpa al gobierno anterior. Es fácil, los grandes medios acompañarán, y está la historia para respaldarlos.
Entre 1955 y 1973, hicieron lo mismo. Durante casi dos décadas decadentes, la impericia general era explicada así: Perón, el peronismo, los peronistas, habían arruinado a tal punto el país, que ya mejor tratarlo como a un muerto. Se obviaba el futuro, se lloraba el presente por culpa del pasado. Todo era ayer atroz, irremediable. Tango sin fin.
Ahora harían lo mismo. Ya lo avisan. Que el país queda en una situación muy complicada, y bla blá. Es todo lo que tienen: bla blá. Lo que tuvieron siempre, por eso al cabo de aquellas dos decadentes décadas, lo fueron a buscar, viejo y cansado, a Madrid.
Si el país no fuera un barco en el que viajamos todos, hasta sería divertido verlos ganar. Repetir paso a paso la entrega y el desvarío, mirar cómo se les escapan los índices de desempleo, escucharlos explicar lo inexplicable, ver cómo uno por uno clausuran todos los planes de ayuda social, así como entonces les bajaban el sueldo a los jubilados para pagarles a los grandes bancos extranjeros… y tragar pochoclo mirando cómo se deshacen día a día, cómo les renuncian los vicepresidentes y se les quiebran los ministros; cómo les tiran con la montada a las Madres de Plaza de Mayo, cómo los bancos se quedan con la guita de la gente, cómo ejecutan 39 personas en dos días, y cómo se los lleva, por fin, un helicóptero. Sí, serían cómicos si no fueran tan peligrosos…
Pero son ese monstruo hecho con restos de muertos que en vida también fueron terribles. Son el regreso de aquel frankestein electoral que casi nos borra del mapa. Ningún chiste. Cuidado.