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sábado, 28 de noviembre de 2015

MACRI PRESIDENTE: LA MAYORÍA MÍNIMA…


Con una diferencia de apenas 700 mil votos por encima de Scioli, decir que la mayoría del pueblo eligió a Macri, es como decir que ese vaso está medio lleno porque está medio vacío. Los números crudos le dieron la victoria, pero también le avisaron: te espera un país partido en dos mitades, y entre las dos, la nada.

LA GRIETA Y EL ABISMO





700 mil votos le dieron la elección a Macri.
704.860 es el número exacto que informa hasta hoy la página de la Dirección Nacional Electoral.
12.903.301, contra 12.198.441.
Ningún millón siquiera.
Nada. Una diferencia exigua. Mínima.
Pocos y volátiles, muchos de esos votos quizá ya desaparecieron. Sobre todo aquellos que lo votaron con el solo objetivo de ver perder al peronismo. Esos, todos, la mañana del 23, ya no estaban. A muchos otros, en breve, se los llevará como hojas del árbol caído el huracán de los primeros tarifazos que ya están anunciando.
Es más: conocido su gabinete y confirmados la Bullrich en Seguridad, el exgerente de Shell a cargo de Energía, y en Economía Prat Gay y Melconian y los mejores  muchachos de Cavallo ya a cara descubierta, quizá, hoy, Mauricio Macri no llegue ya al 50 por ciento. Pero hoy ya es tarde. Ahora tiene que gobernar.
Gobernar un país partido en dos mitades. Una mitad que lo votó pero que ya se deshace en su propia victoria, y otra mitad que no lo votó porque no le cree ni lo quiere y que no está sola ni espera ni piensa renunciar a ninguna conquista.
Y entre una mitad y la otra, hay, hoy, apenas 700 mil personas. Muy poco. Muy volátiles. Espuma, viento, y nada.  
Ninguna luna de miel les espera a Macri y sus gerentes. Por el momento siguen en campaña como si nada hubiera sucedido, atacando a Cristina y su gobierno, chochos con lo bien que les fue con eso… pero el diez de diciembre avanza a paso firme en los relojes y ni Durán Barba podrá detenerlo, ¿y entonces?...
Y entonces seguirán en campaña, disimulando cada fracaso propio bajo la vieja alfombra de la “pesada herencia recibida”, y otra vez se nos pedirá paciencia, como hacía De la Rua, que nunca entendimos para qué se postuló si no sabía lo que le esperaba.
Danza con globos tampoco lo sabe y también se postuló y también ganó, y ahora, como De la Rua, debe gobernar. Lo sepa o no.
Si esta nueva Alianza –compuesta por muchos de los que formaron la anterior-, repite los comportamientos que ya tuvieron (¿y por qué iba a ladrar el chancho si es chancho?), entonces los primeros meses de este gobierno –como sucedió con aquél-, transcurrirán entre tropiezos, excusas y fracasos. Los costos, claro, los pagaremos todos. Y nos pondrán nerviosos. Claro. Los paros y las protestas, los cortes de calles y de rutas, se multiplicarán. Macri, tal como se espera –porque ya lo ha demostrado en la CABA-, reprimirá. Con su brava policía, la del Indoamericano, la que les pegaba a los enfermos del Borda, pero ahora ya del todo desbocada, ya sin bozal y sin correa. Entonces Macri precisará más suerte que De la Rua o Duhalde para que a ninguno de sus bravos policías se le escape ningún tiro contra ningún pecho de ningún manifestante. Porque cuando ocurren esas cosas, los presidentes pierden imagen y sustancia y ya no le sirven ni al helicóptero que se los lleva.
Los medios del miedo, mientras tanto, no darán más miedo. Al contrario. Pase lo que pase, caiga quien caiga, maten a quien maten, culparán a “la crisis”, o buscarán infiltrados, y justificarán, una vez más, cualquier cosa. Con la experiencia y la práctica de haber encubierto el genocidio más grande de la historia argentina, esto será un paseo. Pero ojo: ni Clarín ni La Nazión descartan que Macri sea descartable. A De la Rua también lo defendieron alguna vez. Incluso a Kirchner. La gente les sirve hasta que no les sirve más, manual de estilo.
Pero la pregunta es: ¿Dónde estarán entonces, cuando todo se complique, esos 704.860 que un domingo de furia lo votaron?... ¿Llenarán la plaza de Mayo al grito de Macri o muerte?... O más bien reciclarán sus cacerolas, que acaso de poco y nada les sirvieron con Cristina, pero que tantas satisfacciones les dieron con la Alianza anterior.
Apoyado, sostenido en esa puntita casi invisible del 1,40%, decir que la mayoría del  pueblo votó a Macri, es lo mismo que decir que ese vaso está medio lleno porque está medio vacío.
Sin quererlo o no, la revolución de la alegría está en marcha. Mauricio Macri la encabeza. Lo espera el tremendo problema del narcotráfico, para lo cual no tienen más planes que repetir fracasos ya mil veces probados. Lo espera su propia promesa de levantar el cepo, disparar el dólar, y perder en pocos días el control de la economía. Lo espera un parlamento sin mayoría propia. Lo espera el juez Griessa para llevarse hasta las lapiceras. El FMI, con la servilleta puesta. Su amigo Cameron, para decirle que se olvide de las Malvinas. Pero sobre todo, lo espera el gran pueblo argentino. Sus dos mitades.
La mitad que lo votó porque no quiere a Cristina aunque tampoco lo quiera a él, y que le crea o no le crea igual le va a exigir algo más que globos de colores; y la otra mitad, que no lo votó porque no le cree ni lo quiere, pero que igual le va a cobrar y sin demoras todo ese bienestar que tan alegremente prometió cuando hablar le parecía gratis.
Entre una mitad y la otra, está la famosa grieta. Su vacío. El abismo.