////// Año XVIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Prefiero ser martillo que yunque", Julio Popper ///

miércoles, 11 de julio de 2012

EUROPA EN GUERRA: DE LOCOS, PROFETAS Y SUICIDAS...


Se nos hace cada vez más difícil referir la actualidad europea sin caer en la jactancia de recordar cuánto hace que advertimos aquí lo que ahora sucede allí; y acabar escupiendo en algún momento el siempre amargo y vanidoso y doloroso: “yo se los dije”.
Pero entonces “eméritos” profesores, estudiosos y especialistas, comienzan a repetirnos y se sorprenden recién ahora con lo que avisamos hace tanto en nuestra profética sección Europa en Guerra.
Las imágenes y metáforas con las que El Martiyo compuso sus profecías, cobran la forma de los hechos; “las fisuras” y “las grietas” de las que hablábamos, son hoy enfrentamientos concretos; y la guerra que anunciamos ya huele a pólvora y ya sangra por las calles.



DE LOCOS, PROFETAS Y SUICIDAS


Madrid hoy: Reclamo de mineros, respuesta de Rajoy.


“En Grecia están hablando de un escenario de guerra civil,
una Siria en Europa.
Eso es apocalíptico también, pero no imposible”.
Jean Pierre-Lehmann, profesor emérito del IMD.



Vemos que los líderes actuales, como es de uso en estos casos, serán inmediatamente responsabilizados, y en breve políticamente linchados… Luego, con sus líderes, desaparecerán también los grandes partidos políticos tradicionale, o se renovarán y se trasformarán hasta desfigurarse por completo... Entonces el desorden general alcanzará su punto de caos, y al caos le sucederá un instante de vacío. Y de ese vacío, como tantas otras veces en Europa, puede -podría-. surgir exactamente cualquier cosa.
El Martillo (Clarín.blogs) agosto 2009.





Las distintas fases de nuestras profecías se cumplen paso a paso.
La primera camada de líderes ya fue “políticamente linchada”. Sócrates, Papandreu, Zapatero, Brown, Berlusconi, Sarkozy; allí los alemanes van ahora por la Merkel,  mientras los “grandes partidos políticos tradicionales” comienzan a desfigurarse proyectando una segunda serie de “líderes”  (Rajoy, Negri, Hollande), que también y pronto serán abolidos para entonces dar paso al caos del cual surgirá ese instante de vacío. Grecia, por ejemplo, ya alcanza dicha fase.
La hora de las fisuras que se hacían grietas y que anunciaban abismos (ver aquí), ha sonado ya.
En la última cumbre de la UE el nuevo presidente de Francia, Francoise Hollande, se le plantó a la viuda de Sarkozy, doña Angela Merkel, rompiendo de una vez por todas el santo el matrimonio franco-germano que hace tan poco diera a luz la ya sin embargo moribunda Unión Europea.
Atravesamos ahora la fase inmediatamente posterior, cuando los estados de esos pueblos (“que nunca se quisieron, que siempre se pelearon”, ver aquí), comienzan a enfrentarse política y diplomáticamente mientras atizan así los sempiternos odios étnicos, raciales y regionales entre sus respectivos pueblos –como bien pudo observarse en la reciente Eurocopa-; en tanto sus dirigentes, con impericia pero sin pausa, en base a más ajustes, recortes y represiones, cavan ese "vacío del cual puede surgir exactamente cualquier cosa".
En Francia el exintendente de Clichy, Claude Dilain, hoy senador, advierte otro estallido como aquel que en el 2005 incendió los suburbios de París.
La desocupación entre los jóvenes griegos alcanza ya el 50 por ciento (hace tan poco el 20 era un lógico escándalo en países del tercer mundo), y ya va por el 52 (cincuenta y dos, sí) en España.
Y Rajoy prueba el ajuste, le entrega la soberanía económica a Alemania, y dispara contra su pueblo.
Desocupación, recesión, represión, ajustes, más ajustes, antiguos dominios, viejos odios, cuentas pendientes, razas, regionalismos, etnias, las armas de la OTAN, indignados por todas partes… ¿Qué puede producir la suma de todo eso? Y aquí no importa el orden de los factores, porque importa justamente su desorden.
Todo esto que anunciamos hace tanto en éste nuestro humilde blog (y aún antes en medios gráficos, ver La triple guerra del final); recién ahora, sin embargo, sorprende a Jean Pierre Lehmann, profesor emérito del IMD, -el International Institud Management Development, de Lausanne, Suiza, considerado por el Financial Times como la mejor escuela de negocios fuera de los Estados Unidos-; y que aún así, decíamos, con todos sus pergaminos, tanto después que nosotros, dice lo que nosotros ya dijimos hace tanto.
“Si seguimos con el actual clima de confrontación entre los países y los jefes de estado, no hay mucha esperanza. Los analistas financieros también se han equivocado mucho porque no se dan cuenta de que están utilizando instrumentos del siglo XX, que no los necesitamos en este siglo”.
De paso por Buenos Aires a inicios de junio, en entrevista con Infobae, dijo ser “optimista”, pero aún así reconoció el fracaso del G20: “Es terrible. Las cabezas políticas dicen que es importante demostrar y dar la impresión de que el mundo está funcionando. Vemos todas estas reuniones climáticas, de comercio financiero y de política que son como un circo. No pasa nada; se queja (como nosotros, pero mucho despuès) de la falta de liderazgo en Europa: No he votado por Hollande ni por Sarkozy, pero tenemos una crisis de liderazgo terrible”, y tampoco parece tener gran esperanza en lo que viene: sería para mí una gran sorpresa si Hollande llega a hacer algo”.
Por todo esto últimamente nos abstuvimos de actualizar nuestra sección Europa en guerra, para nocaer en el siempre jactancioso y amargo “yo se los dije”.
Sin embargo todavía queda por cumplirse la fase final, cúlmine y menos deseada de nuestras visiones: la contienda bélica internacional, la guerra, sí, allí mismo, en su propia territorio, la guerra en Europa otra vez, y van…
Cuando hace ya tanto nada más que nosotros lo decíamos, pasábamos por simples dementes, o en el mejor de los casos, por sudacas resentidos que no soportábamos el éxito ajeno. (Ver Memorias de un sudaca). Después el tiempo nos concedió con hechos la razón. Ahora eméritos profesores de lustrosos institutos, también,
“En Grecia están hablando de un escenario de guerra civil, una Siria en Europa.
Eso es apocalíptico también, pero no imposible”. Nos cuenta el profesor Lehmann, y de paso nos recuerda que “Grecia tiene la mayor armada de la OTAN”.
Mientras tanto el desempleo, el odio, viejos resentimientos, la represión, el hambre, los indignados, el fuego y la sangre por las calles...
En breve se verá con mayor nitidez quiénes son de verdad locos, profetas o suicidas.






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domingo, 8 de julio de 2012

sábado, 7 de julio de 2012

VIDELA CONDENADO, CLARÍN Y LA NAZIÓN ASUSTADOS: ALGO HABRÁN HECHO...


Los medios del monopolio que lo acompañó en su gestión genocida, apenas difundieron la noticia de la histórica condena, temiendo con buena lógica asociaciones inevitables entre los crímenes del uno y los diarios del otro, que entonces adquirían Papel prensa mientras encubrían esos crímenes. Hoy uno, Videla,  fue condenado; y el otro, el Grupo Clarín-La Nazión, espera y desespera...



QUE PASE EL QUE SIGUE









“El rígido ayer”
Jorge Luis Borges




El mismo periodismo que se rasga las vestiduras por cada asalto, que espera el estallido social por cualquier robo, y que clama por seguridad como no clamaba en tiempos del genocidio; ayer apenas reparó en la histórica condena por robo sistemático de niños contra dos expresidentes de facto, y una parte de su banda de asesinos. Como si el jueves no hubiera pasado nada, como si sólo de un trámite judicial se tratase. Como si el rígido ayer fuera flexible. Y no.
Ninguno de los dos le dio la tapa. La Nazión le entrega el problema a un novato (a juzgar por su prosa), y éste pretende resolver el expediente con una crónica tan aséptica que podría leerse sin ningún riesgo en cualquier quirófano. Pero se le pianta la verdad inconfesable de sus patrones apenas ya en la bajada del título, cuando arranca diciendo: “Para la justicia (Videla) fue responsable…”. Para la justicia, o sea, no para todos. No para ellos, eso queda claro.
Clarín, ya complicadito con el tema –la condena data de los días cuando casualmente Ernestina y Magnetto encontraban niños abandonados por todas partes, (y de paso se quedaban también con Papel Prensa, sonriendo junto a Videla (¡hay fotos!))-, Clarín, decíamos, se limita a otra crónica no menos menor ni esterilizada, porque le parece más importante el posible paro de docentes en la provincia, las declaraciones de política interna de un intendente del conurbano, la ola polar, los dólares que no pueden comprar con la guita que les sobra, y desde luego, el llanto interminable de Riquelme. Aparte aporta –o eso cree- el oficial Daniel Santoro, quien en un galimatías complejo para descifrar y aburrido para leer, intenta reducir la histórica condena a una “ventana judicial abierta en tiempos de Menem”.  En síntesis, para el Grupo Clarín-La Nazión,   el jueves no pasó nada importante. Unos ancianos políticamente perseguidos, fueron previsiblemente condenados, y chau.
Hace mucho, es cierto, que no importa lo que digan La Nazión o Clarín, según fuera demostrado en las urnas del último octubre, cuando al cabo de tres larguísimos años denostando a CFK –como jamás hicieron con ninguno de los expresidentes condenados el jueves- obtuvieron el resultado que obtuvieron. Poco importa ya lo que diga ninguno de ellos. Sus legiones de habladores, también fueron esterilizadas.
Acaso a esta altura del descrédito, la única noticia y verdad que les queda a sus diarios, pueda encontrarse entre los comentarios de sus lectores, expresión anónima y por anónima cruda del sentir popular.
En uno y otro medio, en Clarín y en La Nazión, los menos celebran las condenas, pero los más rabian, chillan, interponen quejas de asuntos ajenos, y sobre todo, no contentos con las torturas, los secuestros y las desapariciones, se preguntan cuándo y por qué no juzgar a “los otros” a los “terroristas”, a los “montos”, a los “subversivos”…
Y entonces confirmamos hasta qué punto Clarín y La Nazión se reducen cada día más a un público de extrema derecha aplastado por la historia y ya sin otro sueño de salvación personal que el golpe de estado, la guerra civil o delirios así.
Gracias Videla, 30000 fueron pocos, dicen y dicen, qué son 50 añitos contra las 30000 mil o más ratas que limpiaron de la patria, dice otro, y otros los llaman, a estos asesinos, “mártires”. Muchos en cambio, no satisfechos con los secuestros, las torturas y las desapariciones, se preguntan cuándo y por qué no juzgar a los otros, a los terroristas, como si Videla y los suyos no lo hubieran hecho en su momento, cuando lo fueron todo: el poder, la justicia y el cadalso. “Los derechos humanos son para todos”, no paran de repetir sin que se entienda bien qué es lo que quieren: ¿Que Videla quede  libre? ¿Que reciba una pensión? ¿Que tenga una avenida?... Juzgan el juicio de “circo” y piden que se “ocupen mejor de la inseguridad”, ¿se supone que por el sólo paso del tiempo los asesinos y secuestradores y torturadores deben ser perdonados?, ¿los de ayer hoy y los de hoy mañana? ¿eso piden? No se entiende…
Pero tampoco importa, está visto. Poco importa lo que digan o callen el Grupo y sus últimos fanáticos. Poco importa porque la buena noticia es justamente esa: que ya no importan, que se reducen inocuos a minorías vencidas que se retiran así, cacareando falacias, callando como quien otorga en un intento por borrar, con su olvido solo, la memoria de todos. Y no.
Videla y parte de su banda de asesinos, secuestradores y torturadores, fueron condenados por fin, en algunos casos, a morir en la cárcel. Y aquí no cabe suponer “algo habrán hecho” porque ahora todos sabemos lo que hicieron. Hicieron esa historia, que ahora vuelve por ellos, porque ellos la hicieron. Videla y Bignone, el Tigre Acosta y Ernestina, Magnetto y Rivero, los Camps y los Mitre… y siguen las firmas. (*)



Mitre, Ernestina y Videla: días de rosas, de risas y de sangre
(cosas que Dios y la Patria suelen demandar)






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viernes, 6 de julio de 2012

LAS CHICAS DEL MARTIYO... ¿cuántas chicas son muchas chicas? Parte II...

“Las Chicas”

Como la otra vez nadie nos respondió, nos seguimos preguntando:
¿cuántas chicas son muchas chicas?...

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El Martiyo Producciones presenta...

* LOS 7 PECADOS EN 7 FOTOS *

Fija pero finita, Los 7 pecados en 7 fotos es algo más y algo menos que una sección.
Es una suerte de muestra gráfica virtual permanente (hasta donde permanentes somos), basada en ese antiguo invento católico -que acaso el mismo Dios ignore- conocido como  "los siete pecados capitales".
En sendas imágenes entonces, no sin ironía, no sin espanto, incluso con ternura, y al final con un dejo de ferocidad, aquí una vez más los 7 pecados en 7 fotos y un solo clic.



lunes, 2 de julio de 2012

INÉDITA FUERA DE ESPAÑA, POR FIN PARA TODO EL MUNDO: "El asesino entre el centeno", una novela horrible...

ADVERTIMOS A NUESTRO PÚBLICO:

Esta novela contiene lenguaje adulto, escenas de alta crudeza, sexo explícito, violencia descarriada, y razonamientos irrebatibles.
(piénselo bien, tampoco porque sea barata se va a cagar la cabeza...)


 *

Publicada en el año 2007 en forma de libro por la editorial La ínsula (Barcelona), inédita hasta hoy  fuera de España; ahora, por fin, para todo el mundo, en versión digital, revisada por su autor, y a sólo U$S 1,99, o sea: exactamente para todo el mundo...


Ediciones del Martiyo presenta…


"El asesino entre el centeno"
una espantosa novela de Daniel Ares

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Este es uno de esos relatos que no se pueden abandonar una vez comenzado… aunque sugerimos intentarlo.
Un asesino en serie, siete muertes que inician la trama y que no serán las únicas, un policía muy experimentado, un detective que se cree escritor, y una historia de la que al cabo nadie sale vivo.
El lector tampoco.
Parece un argumento de venta, pero sólo cumplimos en avisarle.
Pruebe, no precisa comprarla.
Con sólo acceder AQUI, y luego cliquear sobre la tapa, podrá leer las primeras páginas...
Si consigue dejarla, mejor para usted.
Y si no puede parar, por apenas dos dólares se llevará una de las novelas más originales y violentas de la lengua castellana.
Pero después no diga que no le avisamos.

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sábado, 30 de junio de 2012

EL ADIÓS A MOYANO: CUANDO NO SE VA UN AMIGO...


Tal y como advertimos en nuestro post Nace un estrellado, el mismo Clarín que no hace tanto veía en Moyano la sombra siniestra de Facundo, ahora lo abraza y en su abrazo lo tritura, como hiciera en su momento con la Carrió, Duhalde, Cobos, y la sucesión de tristes trastos que ya son ayer.


EL CAMIÓN DEL OLVIDO

Amparado por el Grupo Clarín,
Moyano pasa sus últimas horas...



“Rajá, turrito, rajá”.
Roberto Arlt

Con la sutileza de un camionero, Moyano prueba su última suerte abrazado a Macri, ungido por Clarín, en contra de las grandes mayorías que hace menos de un año eligieron a este gobierno, y acompañado de golpe por los mismos sectores que ni aún ahora consiguen digerirlo por "negro", por "sindicalista", por "grasa", porque "se come las eses", y por todas esas cosas que ese público nunca digiere... Perdido por perdido, ya no tiene más nada que perder, y allí se va Moyano, entre aplausos y vivas del todo ajenos…
Sin careta y sin antifaz, fuera de su círculo pago, unos y otros, opositores y oficialistas, sabemos por fin quién era en realidad éste sindicalista que tanto peleó contra el neoliberalismo para acabar así, cobijado por Clarín, codo a codo con Macri, vivado por los caceroleros del Barrio Norte y por la Sociedad Rural en un final triste, y peor que solitario, mal acompañado.
Moyano ya es ayer como todo lo que toca el Grupo Clarín-La Nazión. Moyano no representa, ya, más que sus propios intereses, ni siquiera los de Clarín –fuera de esta coyuntura que los junta sin unirlos -, ni siquiera, ya, representa a los camioneros argentinos. Moyano está terminado. Clarín lo terminó.
Por algunos días más, acaso, soñará -como De Angelis, como Buzzi, como Biolcatti, como la Carrió o Cobitos-, que su momento ha llegado; pero apenas algo mejor que él les aparezca (y hablamos de cualquier cosa, de una imprenta con amigos en el gobierno, de una tarjeta tranviaria, de un crimen que les sirva), Clarín olvidará a Moyano y Moyano ya ni ayer será.
Antes aún entonces de que alguien de su propio entorno le recuerde que Roma no paga traidores, El Martiyo aquí le dice adiós, sin un reproche, sin un llanto.
Chau, Hugo… chau. Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, sí… pero cuando el que se va no era un amigo, el espacio no queda vacío, sino más bien liberado.
Chau, Hugo... rajá, turrito, rajá.

Ayer nomás...

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miércoles, 20 de junio de 2012

"Banderas en los balcones": el prólogo de Federico Lorenz...




Con prólogo de Federico Lorenz, tapa de Marcelo Pais, índice activo, y revisada por su autor, Ediciones del Martiyo acaba de lanzar al mercado global la edición digital de la novela Banderas en los balcones, de Daniel Ares, publicada por primera vez en 1994, en Buenos Aires, por Ediciones de la Flor.
Más allá de sus valores literarios, sobre los cuales sólo el Tiempo -juez de jueces-, dará su veredicto final, Bamderas en los balcones es una novela, pero también una crónica, una ficción realista, y por ello un fresco del tamaño de un mural, que nos pinta exhaustivo, entre horrores y detalles, aquellos 75 días de fuego y de locura.
Mucho de esto nos advierte en su prólogo Federico Lorenz, historiador, investigador, y autor, entre otros libros, de Las guerras por Malvinas, Los zapatos de Carlito, Fantasmas de Malvinas; y que acaba de publicar bajo el sello Tusquets, su novela Montoneros o la ballena blanca.
En exclusiva para El Martiyo, reproducimos su prólogo completo, y agradecemos públicamente su colaboración.



LA GUERRA,
LA RISA
Y LA VERGÜENZA


Van a leer un texto de esos que resiste al tiempo, porque el autor ha logrado amansarlo y atarlo a las palabras hasta volverlo un instrumento de su escritura. Por eso mismo, también, padece la injusticia de no ser uno de esos libros a los que automáticamente nos remitimos cuando pensamos en la guerra de Malvinas. Adelantamos, claro, que para nosotros, honrados en prologarlo, esto debería ser así. Pero justamente por eso, por su capacidad de apropiarse de un clima de época y no solo reflejarlo, sino permitirnos volver a él, puede o no tener contextos favorables para su circulación y lectura. Y pasó que Banderas en los balcones fue publicado en 1994, en una época en la que un clima de hastío e indiferencia hacia el pasado potenció el repliegue individual y el egoísmo desaprensivo que también caracterizó a esa década. Y por eso tal vez su principal mérito haya sido la clave de su desdicha: el texto de Ares invita, más bien, a un ejercicio honesto (tal vez demasiado) de introspección, a reírnos y también a avergonzarnos de nosotros mismos. Banderas en los balcones potencia la posibilidad de introspección que surge cada vez que Malvinas está de por medio (entendiendo por “Malvinas” la sinonimia con la guerra grabada a fuego en la memoria, y no imágenes más amables de ese hermosísimo escenario austral).
La novela de Ares incomoda porque muestra la complejidad de un tema del que sobre todo los porteños se desprendieron con mucha ligereza, o simplificaron hasta volverlo irreconocible para poder (con) vivir con él: la forma en la que la guerra incidió en la Argentina militarizada de 1982, la adhesión popular, muchas veces irreflexiva e ingenua a la guerra, el súbito florecimiento de especialistas en defensa y geopolítica tan distinto de la vida cotidiana de los soldados en las islas, sí, pero también de otros miles de argentinos que “no vivieron la guerra por TV”.
Para hacerlo, la perspectiva es la de un joven corresponsal enviado al Sur argentino a cubrir un conflicto que se desarrolla al ritmo de los rumores, de las operaciones por parte de las autoridades militares, y de la audacia y la picardía profesional de un puñado de corresponsales –Ares uno de ellos- que ven pasar sus días en Tierra del Fuego, ese lugar tocado por la guerra en 1982 y que ya había estado tan cerca de ella en 1978. Es ese uno de los más importantes logros del libro: romper ese sentido común que instala la guerra como algo vivido solamente en las islas, y que una vez terminada la batalla se puede apagar como una radio o una tele. Mecanismo social que entre otras cosas sepultó en la memoria individual a los soldados y sus familias. 
Esa idea estalla en Banderas. Ares pone en carne y hueso el dicho popular de que “la guerra se vivió del Colorado para abajo”. Por el libro desfilan hoteleros, empleados de Vialidad Nacional, prostitutas, civiles que viven en una isla militarizada. Ares nos cuenta cómo fueron esas vivencias desde el asombro del joven reportero porteño que se encuentra con una realidad completamente distinta a unas pocas horas de vuelo, en un escenario donde la valoración de las fuerzas armadas es distinta a la que él experimenta, sencillamente porque “no existiría ese lugar” si no fuera por ellas. Y eso, que en la isla es una realidad palpable, arroja la incomodidad de pensar esa misma presencia, esa misma imprescindibilidad en toda la sociedad, la del Sur, y “la del Norte”, como dicen los fueguinos.
Tal vez donde más se note la sorpresa ante esa constatación es en los párrafos que el autor dedica a los pilotos de combate, a quienes pinta como militares serios, que maduran de golpe y que comen con la certeza de que acaso sea la última vez. La descripción de la forma en que la mesa de esos pilotos se reduce mientras la guerra avanza, es austera y por eso mismo emocionante. Malvinas porta también esa contradicción muy probablemente insalvable: que del descalabro producido por la Junta Militar aparecen gestos heroicos y de entrega como los que nos acompañaron hasta no hace mucho en las escuelas, en los actos y en las revistas infantiles.
En ese territorio de frontera que era Tierra del Fuego durante la guerra (y que continúa siendo hoy de otras formas), nos asomamos a un magma en el que represores hablan impunemente de sus crímenes, pilotos audaces emprenden su última misión y la vida y la muerte se trafican congeladas en fotografías como las ARA Belgrano. El carácter de frontera expone al aire libre lo que en las ciudades grandes aparece solapado: así como la guerra se revela en su brutalidad, podríamos decir, mientras más nos acercamos a ella más se diluyen las barreras del miedo, de los silencios y de la represión para ver lo que somos. Y Río Grande y Ushuaia, donde Ares pasó buena parte de aquellos meses, están muy cerca de Malvinas.
Nos dice el autor, en las últimas líneas del libro: “No sólo la victoria es de los otros. Ya ni siquiera la derrota nos pertenece”. En la desazón expresada en estas palabras, que es la del fracaso y la pérdida de las islas, pero también la de un país que se abría a conocer los años de la dictadura, están tanto la importancia de Banderas como la demanda del presente. “Recuperar” la derrota, por supuesto, no es recuperar las islas; sí, en cambio, un momento de nuestra historia particularmente contradictoria y dolorosoa, para el que la novela de Daniel Ares no ofrece respuestas, pero sí en cambio una multitud de entradas, todas desafiantes.


Federico Lorenz
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miércoles, 13 de junio de 2012

MEMORIAS DE UN MERCENARIO - HOY: "La derrota es nuestra", recuerdos de la guerra de Malvinas...


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El periodismo es un negocio de extorsión, la prensa libre no existe, y estamos todos rodeados”; fue dicho en el post del 10/11/08, Una puta inmaculada, que sirve de introducción a esta sección, y donde a la vez anunciábamos estos rápidos relatos destinados a refrendar con hechos las palabras, porque una buena historia vale más que mil imágenes.
El autor se retiró de lo que ha dado en llamar "el periodismo industrial" no arrepentido, pero si exhausto, al cabo de 25 años de oficio.
De su experiencia, estos recuerdos.



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El Martiyo Producciones presenta…


"Memorias de un mercenario"
 




“Los mercenarios que he tratado, y con quienes a veces he compartido la vida, combaten de los veinte a los treinta años para rehacer el mundo. Hasta los cuarenta, se baten por sus sueños y por esa idea que de sí mismo se han inventado. Después, si no han dejado la piel en la batalla, se resignan a vivir como todo el mundo –a vivir mal, porque no cobran ningún retiro- y mueren en su lecho de una congestión o de una cirrosis hepática. El dinero nunca les interesa, la gloria rara vez, y se preocupan muy poco de la opinión que merecen a sus contemporáneos. En esto es en lo que se distinguen de los demás hombres”.

Jean Lartéguy 

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Hoy: "La derrota es nuestra"



La guerra es siempre un éxito.
Nos gusta.
La gente la consume en todos sus formatos, películas, cuentos, novelas, incluso canciones, y por supuesto, y mucho más, cuando suceden en la realidad y la sangre no es jugo de tomate, no pibe.
Nos gusta la guerra.
Se trata acaso del mayor espectáculo dramático que pueda producir el hombre.
Para la prensa, suele ser un bacanal. Algo ya les conté el año pasado para estos días en el episodio no por nada titulado ¡Viva la guerra!,..
Sin embargo, muy por el contrario de lo que pueda pensar el novato, en tiempos de guerra el drama diario del editor ya no es buscar grandes noticias, sino distinguir cuáles de todas son las mejores, es decir, las que mejor venderán.
Las primicias quedan de lado, son raras y difíciles, porque en tiempos de guerra la censura militar reina así sea bajo democracia, mucho más en dictadura, como fue el caso de los medios argentinos cuando Malvinas. Por ello siempre es mejor concentrarse en la carne mortal y sus despojos, en el drama vivo del asesinato en masa, en común.
Muertos y futuros muertos son entonces lo más recomendable. Recuerdo cómo nos pedían por aquellos días, a los cronistas que cubríamos el Frente Sur –y a todos, ojo, nacionales y extranjeros-, fotos de cadáveres o heridos o confesiones o cartitas de soldados prontos para partir al combate. Muertos y futuros muertos, es pescado fresco.
Naves que se hunden, aviones en llamas, viviendas destruidas, mutilados, llantos, miedo, el cronista debe estar atento a todas las posibilidades, grandes y pequeñas, espectaculares y etéreas. De su astucia dependerá su trabajo, de su olfato para la carroña, su pan diario, y el  único enemigo, siempre, es su colega.
Claro que cualquier periodista que se precie de tal deseará tener un día su propia guerra. Es como un gran toro para un torero de verdad. Yo tuve esa suerte durante la inmensa tragedia de 1982.
Pasado el primer estupor, admitida ya como real aquella guerra a simple vista inverosímil, los medios argentinos, poco a poco –más despacio de lo debido (porque años de periodismo en dictadura adormecen los reflejos)- descartaron cualquier otro asunto, y se concentraron en el gran desastre inminente.
Las cosas no podían ser mejores. Cada edición vendía más que la anterior. El tema era un éxito. El mundial de España podía esperar, el país, la deuda externa, todo podía esperar. Malvinas era el hit.
Cuando el negocio es la carroña, la guerra es un festín, seguro. Pero no todo lo que brilla es sangre, ojo… Porque tanto muerto aviva toda clase de aves y otras bestias que diseminan el horror sin que el horror ya se distinga de otra cosa. Entonces el drama diario del editor, pero también del cronista, ya no es encontrar un árbol en pleno bosque, sino distinguir cuál de todos arderá más en los kioscos.
Por aquellos días los medios gráficos que hicieron el mayor despliegue en la cobertura fueron -en orden de importancia- Editorial Atlántida, Clarín, Abril, La Nación, y muy tarde, y muy atrás, Perfil.
La cobertura más completa fue la de Atlántida, la que tenía más gente -un cronista para cada punto, y un fotógrafo para cada cronista-, y se extendía hasta Tierra del Fuego, donde sólo estábamos Mario Markic para Gente, yo para Somos, y Roque Escobar por la revista Siete Días, de la entonces ya moribunda editorial Abril.
El hazmerreír de los corresponsales era Perfil. Para sus revistas La Semana y Semanario, Jorge Fonteveccia -en persona- y su equipo -tres o cuatro redactores y otros tantos fotógrafos- bajaban desde Buenos Aires en un par de coches de alquiler, bien apretaditos, pero no muy rápido. Los demás decíamos que “iban a la guerra en taxi”. Ja. Perdidos en su lenta road-movie, cuando alcanzaron Río Gallegos la guerra ya estaba terminada.
A mediados de mayo dejé Tierra del Fuego y subí por cinco días a Buenos Aires, pero después volver a Río Grande ya no fue tan fácil. Al sur de Trelew se habían cerrado todos los aeropuertos así que tuve bajar por tierra y allí recorrí punto por punto lo que entonces se llamaba el Frente Sur. Paré un par de días en Comodoro Rivadavia, y casi una semana en Río Gallegos.
Conforme bajaba, la prensa se deshilachaba. En Comodoro estaban todos, grandes, medianos y pequeños medios, la tele, la radio, las revistas, los diarios y las agencias. En Gallegos sólo quedaban los más grandes: Clarín y La Nación, Atlántida y Abril. En Grande ya lo dije, nosotros y Siete Días.
En Comodoro el casino del hotel, su bar y su restorán, abducían a toda la prensa presente entre romances de ocasión, mesas de ruleta y alcohólicos progresivos. Base del Ejército, allí un tal coronel Solis nos informaba cada mañana lo que ese día tampoco podríamos hacer. 
En Gallegos convivíamos en un mismo hotel los periodistas y los pilotos de combate. Allí ya los romances eran intersectoriales, digamos, entre cronistas y pilotos, pero los muertos eran sólo de ellos. Los pilotos comían en una mesa aparte, y de tanto en tanto faltaba otro comensal. Para nosotros, era información codificada.
Mientras tanto facturábamos, amos y esclavos, viáticos y ventas. Y comíamos muy bien porque no pagábamos nosotros, así que de paso bebíamos mejor. 
Las horas vacías las quemábamos en “las casitas”, como allá se les llama a los burdeles; y el resto del tiempo lo dedicábamos a esquivar la censura militar y las presiones de nuestros jefes. Todos los días nos sobraba un rato más.
Sin embargo no había descanso. Uno debía mantenerse siempre atento al enemigo: los colegas. Si nadie tenía nada, bien, ¿pero y si alguien conseguía algo? Concentrados en nuestra propia guerra, la otra, la cierta, la única, era apenas el botín por el que peleábamos nosotros.
Los días pasaban y se llenaban de muertos y de dudas. Pero por mucho que avisara en mis informes, nada de eso llegaba a los kioscos.
Fue entonces cuando obtuve, por fin, una primicia, que no era exclusiva, pero sí era enorme: la derrota.
El 7 de junio, para el día del periodista, el siempre triunfalista contraalmirante Horacio Zaratiegui, comandante entonces de la Base Naval Austral, dio un sabroso asado para la prensa presente, y de postre en su discurso, lo anunció sin más vuelas: “más allá del resultado de esta guerra…”, dijo, y no importa qué más dijo, porque ya nadie le escuchó más nada. Eso era todo.
Después del asado nos despedimos con Mario Markic, que se iba a España a cubrir el mundial para Gente. La guerra se había terminado. Las últimas mediciones porteñas advertían un marcado declive en el interés del gran público, acaso aburrido de tanta fanfarria triunfal sin noticias concretas; o acaso más atraído ya por el debut de Maradona bajo las órdenes de Menotti. La guerra había terminado. Seguían las batallas y los muertos, pero la guerra, la nuestra, no. Gente no reemplazaría a Markic. Los muchachos de Siete Días ya se habían ido. Yo partiría en breve. El enviado de La Semana, recién llegaba. Al menos vio caer el telón.
Esa misma tarde del 7 de junio de 1982, apenas volví al hotel después del asado, llamé a Buenos Aires y avisé que la derrota ya era un hecho admitido públicamente por aquel comando... Yo entonces reportaba a Tabaré Areas, y recuerdo muy bien que hasta le repetí aquella frase de Zaratiegui, siempre tan triunfalista, y de pronto tan sincero.
-- Nosotros manejamos otra información, negro -me respondió Tabaré desde su pecera en Buenos Aires.
Si la derrota nos sorprendió una semana después, fue porque no quisieron oírme, o creerme, o porque me oyeron y me creyeron pero prefirieron callar… tal vez por no contradecir a los milicos… o a la gente… o por salvar ese negocio de su propio final… O porque yo todavía era demasiado joven y no sabía que en tiempos de guerra, la derrota no es una primicia. Va de suyo.

(continuará)...


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EL MARTIYO SUPERÓ LAS 200 MIL VISITAS: LA VICTORIA NO ES EL FINAL…

 Espacio de autobombo

200.000 MARTIYAZOS





Sin platillos, redobles ni fanfarrias, en el algún instante de las últimas horas El Martiyo superó la marca de las 200.000 visitas.
El 14 de junio del año pasado, hará mañana exactamente un año, celebrábamos la marca de 50.000 entradas (ver aquí). Hoy, un año después, alcanzamos las 200.000. Entonces llevábamos un promedio diario de 350, hoy ese promedio supera las 500, con picos de 700. Ni más ni menos, ni pocas ni muchas; lo que vale, en tal caso, es la tendencia: siempre en alza.
 Igual que al pequeño gran David, nos gusta medirnos con Goliath, nuestro enemigo personal, el Grupo Clarín -lo que es, supone y oculta- cuya tendencia, en tal caso, es la contraria: baja y baja…
Hasta hace pocas semanas, y durante pocos meses, Clarín probó su suerte en el facebook, y su suerte fue poca.
Entre las fotitos de sus “amigos” en el aviso, aparecían periodistas del diario, (cuyos nombres omitimos por cariño personal). Sin embargo aún así, con todo el monopolio encima, y más empleados suyos cliqueando “me gusta” sin parar,  los “amigos” de verdad no aparecían. Sólo los pagos. Pronto desistieron. Como quien otorga con la retirada, la derrota que niega en las palabras.
Si recordamos que ellos nos clausuraron y nos expulsaron de su comunidad el 4 de noviembre de 2010, hoy, en contraste con nuestro incesante ascenso, su caída nos eleva victoriosos.  
Saludamos y agracemos y también felicitamos a todos nuestros lectores de todo el mundo, y por ellos y nosotros, sin redobles ni platillos ni fanfarrias, alzamos nuestra copa, y vamos por más.  
La victoria no es el final, es el principio de la gloria.

¡Vivan ustedes!
¡Viva nosotros!
¡Viva El Martiyo!



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DESTELLOS AJENOS. HOY: Nelson Algren...





Destellos Ajenos:


“En realidad, se pegaban por llenar el vacío de sus vidas, del mismo modo que llenaban sus vasos vacíos. Se pegaban, no porque tuvieran alcohol en la barriga, sino porque el alcohol no les llenaba lo suficiente. Porque en South State no había bastante whisky para llenar el vacío de uno solo de aquellos hombres perdidos. Cada uno de ellos tenía la garganta ardiendo del sabor extraño y amargo de la derrota, y ellos le echaban la culpa a los pretzel de Hermano B”.

Nelson Algren