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sábado, 30 de junio de 2012

EL ADIÓS A MOYANO: CUANDO NO SE VA UN AMIGO...


Tal y como advertimos en nuestro post Nace un estrellado, el mismo Clarín que no hace tanto veía en Moyano la sombra siniestra de Facundo, ahora lo abraza y en su abrazo lo tritura, como hiciera en su momento con la Carrió, Duhalde, Cobos, y la sucesión de tristes trastos que ya son ayer.


EL CAMIÓN DEL OLVIDO

Amparado por el Grupo Clarín,
Moyano pasa sus últimas horas...



“Rajá, turrito, rajá”.
Roberto Arlt

Con la sutileza de un camionero, Moyano prueba su última suerte abrazado a Macri, ungido por Clarín, en contra de las grandes mayorías que hace menos de un año eligieron a este gobierno, y acompañado de golpe por los mismos sectores que ni aún ahora consiguen digerirlo por "negro", por "sindicalista", por "grasa", porque "se come las eses", y por todas esas cosas que ese público nunca digiere... Perdido por perdido, ya no tiene más nada que perder, y allí se va Moyano, entre aplausos y vivas del todo ajenos…
Sin careta y sin antifaz, fuera de su círculo pago, unos y otros, opositores y oficialistas, sabemos por fin quién era en realidad éste sindicalista que tanto peleó contra el neoliberalismo para acabar así, cobijado por Clarín, codo a codo con Macri, vivado por los caceroleros del Barrio Norte y por la Sociedad Rural en un final triste, y peor que solitario, mal acompañado.
Moyano ya es ayer como todo lo que toca el Grupo Clarín-La Nazión. Moyano no representa, ya, más que sus propios intereses, ni siquiera los de Clarín –fuera de esta coyuntura que los junta sin unirlos -, ni siquiera, ya, representa a los camioneros argentinos. Moyano está terminado. Clarín lo terminó.
Por algunos días más, acaso, soñará -como De Angelis, como Buzzi, como Biolcatti, como la Carrió o Cobitos-, que su momento ha llegado; pero apenas algo mejor que él les aparezca (y hablamos de cualquier cosa, de una imprenta con amigos en el gobierno, de una tarjeta tranviaria, de un crimen que les sirva), Clarín olvidará a Moyano y Moyano ya ni ayer será.
Antes aún entonces de que alguien de su propio entorno le recuerde que Roma no paga traidores, El Martiyo aquí le dice adiós, sin un reproche, sin un llanto.
Chau, Hugo… chau. Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, sí… pero cuando el que se va no era un amigo, el espacio no queda vacío, sino más bien liberado.
Chau, Hugo... rajá, turrito, rajá.

Ayer nomás...

* * *