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jueves, 7 de julio de 2011

ARGENTINA 0 – COLOMBIA 0: ROMERO Y DIEZ MÁS…



Nueva presentación, nueva ausencia. Esta vez contra Colombia, así como ante Bolivia, la Selección Argentina volvió a mostrar, apenas, todo lo mucho que le falta. La figura fue el arquero Romero, con eso resumimos el partido. Ahora hablemos de otra cosa.

70 BALCONES Y NINGUNA FLOR




Andres D´Alessandro parecía terminado la última vez que pasó por el fútbol argentino. Luego se fue al Internazional de Porto Alegre, se convirtió en su conductor y su ídolo, y ganó la Libertadores. Darío Conca ahora se fue a China con el cuarto mejor contrato del mundo despuès de haber sido elegido en Brasil el mejor jugador del país en la última temporada cuando salió campeón con el Fluminense. Walter Montillo, hoy ídolo y goleador del Cruzeiro, en la Argentina fue descartado hacer rato. Y  son nada más tres ejemplos entre muchos otros de jugadores que brillan en el fútbol de Brasil, y se apagan en el nuestro. ¿Por qué?
La respuesta la dio anoche otra vez la mayor expresión de nuestro fútbol, la otrora glorisa Selección Nacional, que ahora rascó un empate tan parecido a una derrota, que resulta en sí una derrota, sobre todo por la tendencia que se observa: cada vez jugamos peor.
Perdidos en la cancha, estrellas inconexas de un sistema que no existe, Romero y diez más aguantaron un cero a cero, contando con la impericia colombiana para definir, y rezando por la hora bajo la paciencia ya exterminada de las tribunas.
Línea por línea no se salvó nadie, exceptuando al arquero, lo cual es decirlo todo. Abajo era el desconcierto, en el medio la confusión, y arriba nada. Eso fue todo.
Por supuesto así la pelota no dobla, ni circula, ni sube, ni baja. Nada más se pierde, se revolea, se rifa.
Luego, conforme los minutos pasan, el tiempo se acaba, y el fútbol no aparece, abarrotamos de goleadores importados la delantera, allí se prenden fuego en un instante todos los pizarrones de la semana, y ya no hay sistema, táctica, nada, ya todo es cualquier cosa…
Pero acaso la clave de lo que decimos y sucede esté en ese mediocampo: Banega, Cambiasso y Mascherano. Setenta balcones y ninguna flor. Tres volantes de marca, de contención y recuperación, que en sí resumen el pensamiento del técnico, y expresan, -insistimos-, el pobre espíritu de nuestro pobre futbol.
Más allá de que aún así anoche ninguno de esos tres logró contener a nadie, el fracaso no esconde la intención, y la intención revela la creencia. Se juega con avaricia, y la mezquindad es lo contrario de la grandeza.
Por eso no es extraño que D´Alessandro, Montillo o Conca se apaguen en nuestro fútbol, cuando también allí se vuelven sombras los más pintados: Tevez, Higauín, ¡Messi!...
No hay talento que sobreviva al miedo. No hay.

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