////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

sábado, 23 de julio de 2011

EUROPA EN GUERRA: LA ACCIÓN HA COMENZADO.


Un coche bomba en el centro de Oslo, y un asesino en masa que mata más de 90 en un campamento juvenil. Ya no se trata de tatuarse la svástica y raparse la cabeza. Ya no son los árabes, los africanos ni los sudacas los cómodos villanos previsibles. Ya no está lejos el delirio de la violencia que Europa no se cansa de exportar. Ahora uno de ellos, en nombre de los más puros de ellos, arremetió contra ellos, y en suelo de ellos.
La acción ha comenzado.

EL DÍA CERO

Oslo ayer. Ya.


*

"¿Cuándo el multiculturalismo dejará de ser una ideología diseñada para destruir la cultura europea, las tradiciones y la identidad de las naciones-estado?",
Anders Behring Breivik, asesino en masa.

 “Acaba de pasar lo que vendrá”
César Vallejo


Se nos dirá que es fácil predecir la guerra en Europa cuando Europa vive en guerra ininterrumpida desde sus orígenes. Y sí, la verdad que es fácil.
Tan fácil que sorprende escuchar a tanta gente todavía creyendo que Europa es o fue alguna vez la meca o el modelo de algo, terminado hace por lo menos diez milenios el sueño de los griegos. Hoy Grecia es otra cosa, y Europa lo de siempre.
Ayer en Oslo, Noruega, en el centro de la ciudad, un coche bomba estalló contra el edificio del partido gobernante, y de uno de los principales diarios del país, y mató siete personas. El primer ministro se salvó, pero no debía. Pocas horas despuès, en Utoya, una isla, en pleno encuentro político de la juventud laborista, un hombre disfrazado de policía mató tanta gente, que 24 horas después ya van por 92 y no terminan de contarlos.
Rápidamente el gobierno noruego y los diarios del mundo –Clarín a la cola, cómo no-, le adjudicaban el atentado a la red Al Qaeda, entre sesudos análisis y sobradas razones.
Tan luego en nuestro post Diario de un loco del último 5 de mayo, basados en nuestra basta experiencia en el periodismo industrial, le dejábamos a los lectores algunas claves prácticas para evaluara mejor una noticia: uno, el primer culpable según los medios, nunca es el verdadero culpable final; dos, la primera versión de un hecho, nunca será la definitiva, y por lo tanto, tampoco es la verdad; y tres, todo lo que se afirma hoy en tono altisonante, puede ser desdicho mañana con el mismo tono altisonante y afirmativo.
Breivik: asesino en masa
Ayer los mismos medios que alucinanban Noruega invadida por horribles musulmanes, hoy con la misma autoridad nos revelan todo lo contrario: el aesino era un noruego, rubio, fundamentalista, sí, ¡pero cristiano!, islamófobo incluso, y de ultraderecha como corresponde. Decíamos hace poco que diría Céline: “esto surge de sus profundidades, y ha llegado”.
Hace rato este blog, en su sección Europa en guerra y Mundo mundial, viene subrayando el peso específico que ganan los movimientos de ultraderecha en toda Europa, y en la península escandinava en especial. A esto llevaban trágicamente las deportaciones de Sarkozy, la vista gorda en Hungría, la liviandad de los tribunales frente a los gestos de xenofobia, los premios a Vargas Llosa, las incursiones en Libia...
Ya en El Martiyo Plus, en La triple guerra del final, advertíamos con estadísticas puntuales, no con metáforas de paso, la delicada espada de la situación poblacional que vive Europa, contra la vieja pared de sus retrasados esquemas y prejuicios sociales. Y allí ahora, de tales profundidades, tales brotes.
Para quienes hoy prefieren ni recordarlo (así se llevan por delante otra vez el mismo muro), conviene apuntar que fue otro loquito insustancial quien desató la primera gran guerra en Europa… durante el siglo XX (para ser precisos, y si pasamos por alto la gran Guerra de los Balcones que empezó en 1910, y que la terminaron en 1913 para asi empezar una más grande). El loquito aquél, decíamos, mató en Sarajevo a un príncipe austríaco y a su esposa, y se armó la que se armó.
Por supuesto que no fue por este pibe que se agarraron de esa forma, el pibe fue la excusa, las razones eran antiguas, acaso ancestrales sino eternas: enconos étnicos, diferencias económicas y competencias territoriales, que a su vez suponían viejas rencillas y resentimientos de otras guerras y mil crímenes; imperios que se dibujaban y se desdibujaban según sus monárcas se amaban o se encamaban y se traicionaban; y encima allí estaba de vuelta Alemania, que acaba de fundar justamente su II Reich, y otra vez, como ahora, venía por todo… No, no fue sólo por el anónimo magnicida Gavrilo Princip, cuyo nombre acabamos de extraer del fondo del olvido, a donde irá pronto a parar seguramente el noruego Anders Behring Breivik, el asesino de Utoya, con sus 32 años, su carita de yerno soñado, y sus tan rígidos principios tan occidentales.
Bush y Aznar: un pasado que no pasa
Tampoco decimos con esto que este episodio y este demente desaten ahora la primera gran guerra del siglo XXI en territorio europeo, no.  Europa ya está en guerra, eso decimos.
Las formas de esa guerra, sus evidencias, son por ahora difusas, porque amanecen.
Las sociedades europeas, sus clases medias, sobre todo durante los últimos años de consumismo y especialización -y al cabo de varias décadas de frustración y falsa bonanza-, engordaron sin nutrirse preparándose para un futuro que hoy se resuelve en pesadillas. Se sienten, por supuesto, estafados, traicionados. Despojados.
Hace menos de una década, sus propios líderes por ellos elegidos -Berlusconi, Aznar, Sarkozy, Blair, Zapatero (ninguno mucho consiguió distinguirse de los otros)- inauguraban eterna y poderosa la nueva Unión Europea, y hoy, tan poco después, ven a esos mismos líderes sin soluciones, sin plan B, sonriendo nerviosos por la tele mientras todo se desploma, mientras sus pueblos se levantan y marchan indignados, o se asesinan en masa a plena luz del día.
Es la Europa que Vargas Llosa por ejemplo anda vendiendo por el mundo nada más porque lo premia.
Y quién sabe, quizá el abolido Vargas Llosa tenga razón y todavía la joven Latinoamérica pueda aprender mucho de la vieja Europa. De su banalidad, de su soberbia continental, de sus alianzas espurias, de sus pretensiones y sus negaciones, de sus hipocresías, de sus conquistas, de sus imperios, de sus invasiones y sus matanzas, y de su gran amigo americano, que allí también se hunde con ellos, ahogado en su propio default, con sus propios asesinos y su propia ultraderecha en auge… quién sabe.
El miércoles en Ankara, sin embargo, el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick –sin arrodillarse porque ya no se usa-, admitió que sí, que “los países emergentes podrían resolver la crisis europea”.
Y es que tal vez sea Europa –y sus admiradores- quienes deban aprender ahora de estos pueblos jóvenes –emergentes, como les gusta llamarnos-, nacidos de la inclusión y de la lucha por la libertad, y tal vez por eso, inspirados en algo más que la supremacía mundial y el saqueo.



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