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viernes, 4 de noviembre de 2011

MEMORIAS DE UN MERCENARIO: LA VERDAD DE LA MENTIRA



25 años de periodismo industrial en una serie de breves relatos como una alegre ficción que sin embargo es una triste realidad. Hechos vividos por su propio autor, la trastienda oscura de una escena brillante, la cara tras la careta de un negocio basado en la extorsión, y todo con nombres, datos, fechas, pitos y cadenas.

LA VERDAD DE LA MENTIRA



"A mí no me la van a contar".
Enrique Santos Discépolo, "Mordisquito".

Memorias de un mercenario es tal vez la sección que personalmente más disfruto porque me permite a un mismo tiempo la narrativa, la denuncia, la docencia, y la expiación.
Nacida para sostener esas palabras que al cabo fueran su introducción (ver Una puta inmaculada), su objetivo de origen era descubrir en forma pública prácticas habituales pero ocultas del periodismo industrial. Lo cual en la marcha hizo casi inevitable su costado didáctico dirigido al joven o la joven que se inician en el oficio y su industria... Y entonces, así,  narrando y contando, descubrí también su poder expiatorio. No en vano, o mejor dicho, no sólo por dinero había vivido y pasado y hecho todo lo hecho y vivido en el pasado. A las nuevas camadas de la carne de cañón del periodismo industrial, podrían servirles las experiencias de un exmercenario que al fin y al cabo, sobrevivió para contarlo.
Los medios por dentro, sus auténticos intereses más allá de sus falsas consignas, la realidad del combate lejos de los pizarrones de la academia, la mugre de la trastienda de una fachada inmaculada, poleas, resortes y engranajes de un negocio -tal cual allí afirmo, demuestro y sostengo-, basado en la extorsión.
Verdades que no podrían refutar ni las máximas encarnaciones de las posibilidades morales del periodismo industrial, así fuera en la Argentina, en China, o en Júpiter. Algo huele a podrido ya en la esencia del negocio.
Eso dicen y cuentan estas memorias de un soldado voluntario (nadie me empujó) que un día se inició como recluta lleno de dulces ilusiones, y 25 años después se retiró capitán lleno de ácida sabiduría.
25 años de batallas y misiones, algunas conquistas y varias derrotas; muchos camaradas caídos en acción, incontables deserciones, finísimas traiciones, y pedazos de concreto de un cuarto de siglo de la historia Argentina, desde octubre de 1980, hasta más o menos la misma época del año 2005.
25 años de balanza. Dijera Mordisquito: "a mí no me la van a contar"...
Ya en mi inicios era casi imposible pasar apenas un año en las ligas profesionales sin advertir el tremendo poder que tenía sobre toda la industria gráfica nacional la empresa Papel Prensa, cuyos dueños eran, ya, los diarios Clarín, La Nación, La Razón, y el estado genocida de Videla.
Y luego con los años había que estar directamente muerto para no ver cómo crecía y se multiplicaba ese tremendo poder copulando consigo mismo.
Cuando en el 2008 por fin un gobierno nacional decide enfrentar sin vueltas ni más eufemismos a los dueños de ese poder, nacieron estas memorias.
A mí no me la van a contar, me dije entonces: mejor la cuento yo.
Si fuera este un libro de relatos, deberíamos aclarar que no es una ficción. Todos los hechos y las personas que se mencionan, así como los lugares, los medios y las fechas, son reales. Cualquier parecido con la ficción es porque los medios suelen convertir la realidad en una ficción. Pero esta es la verdad de esas mentiras.