////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

viernes, 9 de marzo de 2012

PLAN DE SALVATAJE PARA LA TRIPULACIÓN DE CLARÍN (alguien siempre muere)...



Sólo el terrible capitán Schettino podría negar el imparable hundimiento de Clarín, fuera de rumbo hace mucho, reventado su casco contra los arrecifes del último octubre, y anegada su sentina por el agua turbia de su propia historia.
A bordo, entre el pánico, tripulantes inocentes ven venir el iceberg ya casi sin esperanzas.
Pero El Martiyo tiene un plan para salvarlos a todos… casi.

ALGUIEN SIEMPRE MUERE





Clarín se hunde.
Clarín, la marca, erosionada por el desprestigio de su espantosa travesía histórica, rasgado el casco a babor y estribor, anegada su sentina, se hunde. Sólo el terrible capitán Schettino podría negar ese naufragio. Clarín, el nombre, la marca, su impronta, ya son comida para los peces. Sólo queda hacer algo por su tripulación inocente.
El agua entra por todas partes y el pánico a bordo descubre las caras en un sálvese quién pueda que ya comenzó.
Una interna feroz enfrenta al alto comando comprometido con la historia del Grupo –y, ergo, con los prontuarios de sus dueños-, contra todos los demás, contra la inmensa mayoría de los oficiales y marineros, que nada tuvo que ver con Papel Prensa, con los hijos de la Noble, con la dictadura que sostuvieron, y toda esa sangre, y toda esa mierda…
Porque más allá de lo que digan -de lo que incluso alguno de ellos llegue a creer honestamente-, no fue Néstor Kirchner ni mucho menos Cristina, ni el kirchnerismo tampoco, lo que al fin los descubrió.
Fue la historia, la vida misma, que por un camino u otro, antes o despuès, te enfrenta con tus más grandes errores.
Un día tenía que ser, y fue.
Se les animó Néstor y Cristina terminó de vencerlos, pudo haber sido otro, u otra, un día alguien se iba  a cansar de someterse al monstruo, y ese día un día fue. Eso es lo que importa.
Habían ido ya demasiado lejos, ponían y sacaban presidentes, elegían la suerte del país, es decir, de todos nosotros; de la mano de Duhalde pesificaron su deuda contra la deuda del resto; fueron capaces de cualquier cosa por salvar nada más que sus intereses monopólicos… demasiado lejos habían ido. Antes del quebrantamiento es la soberbia, está en La Biblia. Un día la cuerda se cortó.
Y entonces todas las máscaras cayeron, y fueron descubiertos.
Hoy pagan por sus propios pecados, por nada más.  
Pero por encima, por detrás, o por delante de la marca terminada, hay una cúpula, no más de diez o veinte personas –anteriores incluso al desembarco del Goldman Sachs-, responsables primarios de haber convertido al otrora gran diario argentino en un símbolo de las peores sospechas nacionales.
Y por debajo de esa cúpula, hay una tripulación numerosa y valiosa que sirve para otras guerras, marineros de fortuna, asalariados inocentes de la derrota que sus mandos eligieron.
¿Por qué deberían ahogarse ellos también?
El Martiyo tiene un plan de salvataje.
No para la marca, la marca ya es un buque fantasma, dejémosla seguir hacia su fondo, no sirve más…
Tampoco para esa cúpula, que nos importa tanto como nosotros a ellos…
Pero en cambio la tripulación, y ese casco inmenso, quizá puedan salvarse aún, recuperarse, acaso con un nuevo nombre -y por supuesto un nuevo rumbo-, un nombre que ni siquiera precisa negar el anterior, tipo El Nuevo Clarín, y que en la gracia de su renacer, en un gesto histórico de constricción mediática y purificación definitiva, utilizara los propios archivos del viejo Clarín para limpiare y revisar los últimos cuarenta años argentinos a la luz de sus secretos (en fascículos seguramente muy redituables), y expiar así, de paso, el impío pasado de sus antiguos dueños.
Momentáneamente, hasta resolverse legalismos, tecnicismos y otros etcéteras, la conducción del Nuevo Grupo Clarín, sugerimos quede a cargo de los propios trabajadores actuales, a la usanza de tantas modernas cooperativas que están salvando por el mundo tantas economías en crisis. Y a sus tripulantes inocentes.
Así expuesto, el plan bien puede parecer una locura improvisada, incluso una broma, una ironía, sí. Pero no.
Porque acaso si nos lee el Golmand Sachs –que no se toma la guita en joda-, antes de perderlo todo tal y como van las cosas, prefiera salvar su dinero, y sacrificar apenas un puñado de quince o veinte amigos…
Amigos, bah… 

Mitre, la Noble y Videla...
Glub, glub, glub...

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