////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

martes, 2 de agosto de 2011

EL ESTÚPIDO FINAL DE LOS ESTADOS UNIDOS



El jueves en nuestro post Érase una vez en América, anunciábamos el pronto desenlace emocionante de esa gran superproducción de la negligencia norteamericana y su ruleta rusa al borde del default. El 2 de agosto, la hora señalada, llegó inevitable, pero el final fue al final un estúpido final sin buenos ni malos ni más vencedores que los vencidos.


EL VIEJO TRUCO
DEL MUERTO INMORTAL



Al cabo la gran producción de acción y terror y suspenso que fue el acuerdo en el congreso norteamericano para evitar el default inevitable; acabó en un final barato de cine clase B, de esos cuando el malo muere, pero resucita varias veces hasta que muere del todo para resucitar otra vez. Bah.
En un desenlace estirado hasta la negligencia, y en el que ya no se distinguían los buenos de los malos, minutos antes de que la sierra circular alcanzara sus cabezas, los demócratas consiguieron el acuerdo que sin embargo querían los republicanos. Nadie ganó, pero todos, vencidos, aplaudían.
Por supuesto que el riesgo mayor de estos finales tan trillados, donde el muerto no muere por más roto que esté, es que una vez vistos, ya no convencen más a nadie.
Fuera de la prensa funcional, y del lector apurado, el acuerdo logrado no resolvió los problemas de la deuda norteamericana (por el contrario, los inflamó), no salvó del recorte los planes sociales (por el contrario, los afiló), no resolverá la desocupación (muy por el contrario); ni conformó mucho menos a la oposición, que a falta de una victoria propia, festejó la derrota ajena. Algo es algo.
Pero quienes de verdad tenían que ser convencidos -las agencias de riesgo, las bolsas y los mercados internacionales, los inversores privados, y los otros estados-; no fueron convencidos en absoluto. Ya vieron ese final demasiadas veces.
Vetustos habladores de toda la tierra, se preguntan si ha comenzado ha declinar el imperio americano, y acaso aferrados a sus patrones y sus palabras, arriesgan mil soluciones para un problema que los propios Estados Unidos llevan décadas sin resolver. Muy por el contrario.
Se recuerda entonces, para animarlos, que su presupuesto militar equivale al del resto del mundo todo junto... pero lejos de animarlos, esa es justamente una de las razones de su desánimo… incursiones amargas que hoy pagan como si se hubiesen divertido…
Capitalistas, liberales, neoliberales del mundo unidos, claman al cielo, aterrados, huérfanos de golpe… ¿Y qué será del dólar, patrón de los patrones?... y qué del planeta sin sus bravos vigilantes?... quién ahora asesinará a los enemigos y bombardeará a los horribles… oh, Washington, oh!…
Demasiado tarde para lágrimas.
Por mucho que estiren su final en una baba ensangrentada y el muerto se arrastre ya casi sin su cuerpo; el imperio del que hablan no existe más, ayer sus propios representantes lo terminaron en un gesto histórico, profundo y revelador.
Porque ayer lo que hicieron fue postergar el problema, elevaron el techo de la deuda, incapaces de pagarla, y mañana vemos
Encorbatados analistas muy bien peinados vendrán a explicarnos ahora, con detalles que desconocen, lo que no quieren ver.
No permita que lo confundan, amigo lector…

El Martiyo la hace corta para usted: ayer lo que hicieron fue lo que hace el alcohólico que no puede parar de beber, y toma para olvidarlo.
No permita que lo confundan con finales baratos y críticas pagas: están terminados.


Bah...

* * *