////// Año XVIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Prefiero ser martillo que yunque", Julio Popper ///

viernes, 5 de agosto de 2011

UNA BUENA Y OTRA MALA: SE TERMINA EL MUNDO.


En otra rápida mirada panóramica a este mundo nuestro, y tan extraño sin embargo; vemos lo que ya desde los primeros días del viejo El Martillo en el horrible Clarín, anunciábamos no sin temor pero con entusiasmo: la mala noticia es que a este mundo le llegó su fin.
La buena también.


FELIZ FIN DE MUNDO

El becerro de oro de Wall Street.
(Ni un dios, ni de oro tampoco)


Cristianos asesinos, ricos en la miseria, pobres que emergen, poderosos que sucumben;  Estados Unidos disfraza su default, la Eurozona ya ni siquiera eso puede; Bin Laden se pudre en el fondo del mar, pero el terror no cesa sobre la tierra: en Libia llueven las bombas y en Siria los muertos, pero en Noruega también. ¿Este era el futuro que soñábamos ayer?.
Inútiles, cuando no corruptos y -o- malvados, los líderes de este Occidente de pronto en descomposición, cumpen ahora –a no olvidarlo-, tres años ya buscándole la vuelta a una crisis que no consiguen sino profundizar.
El pájaro Jujuy.
Vale preguntarse ante la emergencia: ¿Sirven, estos muchachos? Tal como vemos, no.
Sócrates fue eyectado de Portugal; Zapatero adelanta las elecciones y sale corriendo de España; Berlusconi dice que Italia es sólida, pero sólo él lo dice (y ni él lo cree); Sarkozy pregunta qué pasa en Jujuy, mientras toda Francia le pregunta qué pasa en Francia, y mientras el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, les avisa por carta a todos los líderes de la Unión, que el dominó de la crisis ya desborda la Eurozona y su periferia, y ya alcanza su centro: Italia se desmorona, y Francia viene detrás… ¿Qué pasa en Jujuy, Nicolás?...
Del otro lado del mismo Occidente, Barack Obama puso manos a la obra y en medio de la gran escasez multiplicó los panes y las hamburguesas y así celebró sus cincuenta años sonriendo sin alegría sobre el desastre histórico de un default que sólo él y los suyos (en su presencia) no llaman así.
Sin embargo son todos estos mismos líderes los que no paran de bombardear Libia desde hace meses y en nombre de los mismos derechos humanos que esos mismos líderes, pero en Siria, se pasan mientras tanto por el culo.
Dos mil muertos y tres mil desaparecidos después, el mismo Consejo de Seguridad que incendia Tripoli, recién ayer lanzó un comunicado formal condenando a Damasco. Los mismos líderes. ¿Quién podría creerles?
Mubarak: Yo lo sabía...
Porque además estos son también los mismos líderes que hasta hace tan poco sustentaban, financiaban y aplaudían a Hozni Mubarak en Egipo, a quien hoy así nomás pasean virtualmente por el mundo en una jaula literal. Detrás de las rejas el patriarca depuesto sabe por fin lo que supo siempre: la traición que acecha en los infieles.
Kadafi también confirma ahora con qué manteca se hace la palabra de sus amigos de Occidente. Son sus socios de ayer los de las bombas sin parar de hoy.
Igual no se rinde.
Fumando espera.
Es sólo cuestión de tiempo, seguro que piensa.
La gasolina de sus aviones no es de ellos, y se acaba, piensa.
No le falta razón.
Seguí tirando,
que allá en el horno...
Y no sólo la gasolina se les acaba: el dinero y la paciencia de sus pueblos también.
La gente ya no les cree, ni por lo tanto los quiere.
Nada era verdad. Ni el euro la gran moneda, ni la Unión Europea una unión, ni los Estados Unidos un país tan poderoso, ni tampoco era Obama la esperanza blanca, ni asesinar a Bin Laden la solución …
Un inmenso globo como una mentira igual de grande que la tierra, se desinfla en el espacio vacío de todo lo que son, dijeron y mostraron.
Masas de gente, todos los días, por todo el primer mundo, quedan de pronto a la deriva, sienten que ya nadie los protege ni los representa, porque acaban de enterarse de que nadie los protege ni los representa.
Son los indignados.
Marchan por toda Europa, ahora también por Israel, y pronto los veremos cortar las calles de Nueva York, de Washington; y cada día son más porque cada día son más los que se enteran: nadie los protege, nadie los representa.
Sus líderes los han abandonado, algunos por impericia. No todos.
Pero sí todos ellos, por impericia o no, se consagraron al mismo becerro de oro que por fin descubren que no era un dios.
Y entonces todo lo que se les ocurre, al ver que no existe, es pedirle piedad.
La bestia que ese mismo occidente inventó, El Sacrosanto Mercado –y sus agencias de riesgos y sus bolsas y sus timbas-, vuelto de pronto un monstruo mal parido, pretende que ya no precisa de su creador, y va y se lo come.
Ministros y primeros ministros, presidentes y reyes les ruegan a los inversores privados que sean “solidarios” con la situación de los estados; que es lo mismo que pedirle al mecánico que te opere del corazón. ¿Qué saben los inversores privados de solidaridad?
Así acaba el occidente cristiano y capitalista que el asesino en masa de Oslo tanto quería defender.
El sueño americano duró medio siglo y monedas, y la Europa que intentó organizar Napoleón no terminó de organizarse nunca entre guerras propias y ajenas, y aquí acaba ahora, en esta trampa que ellos mismos se inventaron, pero de la que no saben salir.

El mercader de sueños.
(vencidos)
Y entonces lo sueltan por el mundo a Vargas Llosa para que nos explique lo bien que va ese modelo, y aquí La Nación y Clarín le dan espacio para que mejor nos convenza, y Macri y Duhalde y la Carrió brindan por él, por el fracaso, y nos invitan a seguirlos, rumbo al abismo, con ese mundo que se muere y se los lleva, porque ese mundo son ellos… que se vayan, sí, que se vayan todos...
Al fin y al cabo que se muera un mundo significa que otro nace.
Seguramente durante el parto habrá dolor y sangre y gritos.
Pero tampoco era este presente el futuro que soñábamos ayer.


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