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lunes, 20 de junio de 2011

LEGALIZACIÓN O DEPENDENCIA: EL BUEN NARCOTRAFICANTE.



En simultáneo en distintos países avanza el debate por la legalización de la marihuana. En Francia la izquierda retomó el tema en el parlamento, en Brasil se aprobaron las marchas, y en Argentina la polémica crece y se afina. Son lentos avances sin embargo celebrados por el narcotráfico internacional.


LOS HOMBRES DUROS BAILAN


Pablo Escobar Gaviria: El Rey.



En los últimos días la izquierda francesa volvió a la carga con el tema; el parlamento brasilero levantó la prohibición que había impedido en todo el país las marchas por la marihuana, el gobernador de Río de Janeiro –pocas semans atrás- pidió considerar la legalización "de la marihuana por lo menos”, y, “tal vez” de la cocaína; mientras en la Argentina marchan las marchas sin dar un paso para atrás. Bien. El debate por la legalización –"por lo menos"- de la marihuana, como se ve, entretiene aunque acalora a buena parte del mundo, mientras hace reír a carcajadas al buen narcotraficante…
Acaso los entendidos lo ignoren, pero el buen narcotraficante no mira qué, porque sabe cómo. Es decir, mientras le dejen a mano alguna sustancia prohibida, él ya tiene montada y bien aceitada la cadena de distribución y comercialización que lo hizo famoso, y rico.
El buen narcotraficante no es racista, ni elitista, ni prefiere un producto más que el otro. Mercader químicamente puro, sabe que el lucro no está en el producto, sino en el dinero que le deje.
Cuando hablamos del buen narcotraficante no hacemos alusión, desde luego, al distribuidor minorista, auténtico agente social al servicio de los consumidores, y perseguido y martirizado por la policía que no quiere o no sabe o no se anima a enfrentar a los grandes mayoristas
Cuando hablamos del buen narcotraficante nos referimos a ese que ninguno de sus minoristas conoce ni siquiera de nombre, poderosos hombres de negocios blindados por infinitas capas de legalidad, abejas reinas invisibles a la luz del día. Y esos hombres, los buenos narcotraficantes, aprecian perfectamente la importancia de la prohibición y su plus valía, caso contrario su enorme negocio quedaría en manos de la ley.
Por eso el buen narcotraficante no sólo defiende la prohibición, sino que la estimula con todas sus fuerzas, campañas mediáticas, habladores de alquiler, fundaciones de lucha contra la droga, ongs, diputados, jueces… en fin, el buen narcotraficante no es boludo, o ya estaría preso y su negocio arruinado.
Por supuesto que todo esto que abreviábamos al principio, inquieta al buen narcotraficante (marchas por la legalización, parlamentos y gobernadores reblandecidos como hippies viejos); pero mientras se hable sólo de marihuana, o de cocaína, incluso si hablan también de heroína, ácidos, éxtasis…  siempre que le dejen algún fruto prohibido a mano, allí estará el buen narcotraficante con su silencioso servicio federal express invisible y pronto.
Y aun si en un desatino mundial fueran legalizadas en su producción, comercialización y consumo todas las sustancias conocidas, el buen narcotraficante, que en esencia y antes que nada es un gran prohibicionista, continuará su lucha por prohibir alguna otra cosa, que así, por su sola prohibición, difundiera su consumo y aumentara su valor…
Ya hay quienes dicen que el tabaco está al caer… (un rubro que hoy parece en decadencia, pero esperá que el narcotráfico se lo sople a Philips Morris y vas a ver cómo florece).
El Martiyo saluda estos lentos avances hacia la legalización…
Pero el buen narcotraficante también, sobre todo por lentos.


La muerte de Pablo Escobar, de Fernando Botero.
(Pero el negocio no murió).

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