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miércoles, 29 de junio de 2011

RIVER, PASARELLA Y CLARÍN: LA CANCIÓN DESESPERADA


El silencio del Martiyo estos días no obedeció al descenso de River, pero su regreso sí. Nos pareció lógica la caída de ese club que hace tanto viene en picada. Bah. Muerto el muerto, lo mejor ahora es espantar los buitres que Pasarella tanto atrae con su llanto.


LA CANCIÓN DESESPERADA




River se fue como venía: entre escándalos y lágrimas, y hace mucho sin fútbol. La impericia, la banalidad, la desidia –terrenos tan fértiles para la corrupción-, no fallan jamás: acaban con lo que embisten.
River se fue a la B al cabo de seis campeonatos de buscarlo paciente y laboriosamente, y porque no le pudo ganar de local ni empatar de visitante al cuarto de la B, Belgrano de Córdoba. El resto es llanto y no vale más que eso. El muerto está muerto, y lo mejor que se puede hacer ahora, en tal caso, es espantar los buitres.
A propósito entonces hoy leemos que Pasarrella le echa la culpa a Julio Grondona, y por supuesto, como entre muertos no hay cornadas, Clarín le presta sus páginas, y allí nomás le pregunta sin vueltas, directamente -como para dejar impresa la duda y andá a saber-:
-- ¿A River lo mandaron al descenso por una orden del gobierno?.
“No lo sé”, responde Pasarella y sigue llorando, pasa revista a los pocos partidos que ganaron últimamente sin recordar sin embargo los últimos tres años en lo cuales River no jugó a nada ni le ganó a nadie. ¿Pero qué va a decir Pasarella? Llegó a River prometiendo una revolución y lo mandó a la B; en llamas como está, incapaz de la humildad, de la autocrítica, impedido del silencio, va a decir cualquier cosa, más bien.
Lo que sorprende sí -aún viniendo de Clarin-, es la pregunta, la desesperación que delata en sus dueños, la brutalidad inoperante de sus soldaditos…
Con el libreto escrito palabra por palabra, allí van estos muchachos y lo escupen así nomás. Ningún ajedrez de preguntas y repreguntas para acorralar al entrevistado contra la respuesta que se busca; (lo que no será del todo ético, pero sí es muy apreciado en el oficio). Nada, no, ninguna sutileza, ninguna técnica, ninguna habilidad. Directamene van y escupen.
¿A River lo mandaron al descenso por una orden del gobierno?
La escribimos otra vez porque no terminamos de creerlo.
La semana pasada la policía militar de Río de Janeiro entró al morro de la Mangueira y mató a ocho personas. Al cabo del operativo el oficial a cargo declaró para las cámaras que se trataba de ocho traficantes, y punto. Nadie, ni de los medios ni de la oposición, facturó el episodio políticamente rozando siquiera la figura de Sergio Cabral, gobernador del estado. Mucho menos se les hubiese ocurrido mencionar a la presidenta.
En la Argentina desciende River después de seis campañas en caída libre, de más años de corrupción, desorganización y guerras internas con pistoleros y muertos incluídos; y al cabo de comerse un baile en Córdoba con Belgrano, y de no poder ganarle ni siquiera en el Monumental, y Clarín culpa a Cristina.
La brutalidad de sus soldaditos no es sino la desperación de sus dueños al ver lo que ven: que aquí cae cualquiera se llame como se llame y por grande que se piense.




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