////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

jueves, 1 de septiembre de 2011

EL PERIODISMO CARROÑA, Y SU PÚBLICO…



En un festival de impericia, negligencia y sangre, los grandes medios hicieron del caso Candela otro recurso político, que por supuesto ya están dispuestos a olvidar si no resulta. Mientras tanto, enloquecieron, avivaron o desesperaron a sus asesinos, sin pensar jamás en nadie más que en ellos. Pero otra vez la culpa no es del buitre.


JUNTACADÁVERES




“Y no me digan nada que uno puede matar perfectamente”.
César Vallejo.

En la práctica del periodismo carroña jamás los medios, mucho menos sus apurados, presionados y desbordados empleados, se detienen a pensar hasta qué punto lo que informan, le incumbe directamente al delincuente. Si lo aviva, por ejemplo, o lo desespera.
En la guerra contra el crimen, como en cualquier guerra, la información es crucial. Mala o buena, veraz o no, influye en la acción de manera decisiva.
El cine lo muestra todo el teimpo, y la realidad lo confirmó otras tantas veces: del otro lado del diario, de la pantalla o de la radio, también está el malhechor, atento a los pasos de sus perseguidores, definiendo los suyos…
Urgidos por las ventas, o en el caso de Clarín y La Nación ahora, por enchastrar la realidad hasta que la sangre y la mierda lo cubra todo y los encubra; el periodismo carroña no espera ni busca la verdad, busca el impacto, más nada le importa.
Con nuestro extenso pasado en el periodismo industrial (ver Memorias de un mercenario), El Martiyo puede asegurar que jamás una información, de ningún género, politica, económica o deportiva, es evaluada teniendo en cuenta el daño personal que pueda provocarle a los involucrados, a no ser que dichos involucrados, claro, sean socios y/o amigos del dueño del medio que evalúa la información. Y mucho menos cuanto más carroñero es el medio, por muy bien vestido que dicho medio se presente.
Estos días en la Argentina se vivieron nuevas horas de horror, y los grandes medios, famélicos, enceguecidos, sanguinarios, jugaron con el drama.
Nunca sabremos exactamente hasta qué punto desesperaron a los asesinos de Candela, ni cuál de todas las informaciones inútilmente difundidas desató en sus mentes la locura final, ni si algo de todo o no tuvo que ver con ese desenlace. Sólo sabemos que a esos medios no les importa.
El cronista sólo piensa en lucirse, el jefe en cumplir con su jefe, y el jefe del jefe en saciar al patrón. Nadie en la víctima, nadie en el delincuente, nadie en el caso; eso sí lo sabemos.
Y algo más sabemos: allí ya se rompe la cadena de inocencia, porque el medio en tal caso no es más que el chancho de esta historia, el verdadero culpable es el público, que lo compra y lo sigue, y así le da de comer…  
No hay diario, canal o programa que consiga un solo aviso si no tiene público. No hay.
Recuérdelo al comprar, siquiera al hojear alguno de estos medios.
Ellos no son inocentes, pero entonces usted tampoco.

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