////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

miércoles, 11 de mayo de 2011

CLARÍN CAE EN LAS VENTAS SIN PARAR: ALGO HABRÁ HECHO…





Las última cifras del incuestionable IVC, nos informan que el diario Clarín sigue espantando lectores. Algunos huyen hacia La Nación, otros van más lejos aun. Ninguno vuelve.


 SANGRAN, SANCHO
(señal que se desangran)






Nuestros principales diarios –como gustan autoproclamarse La Nación y Clarín (facilitándonos de paso dos pajáros de un tiro)- son, los dos, se sabe, ideológica y económicamente –o viceversa-, la misma cosa; sin embargo existe entre ambos la inmensa aunque sutil diferencia que podríamos notar entre un aristócrata decadente, y un nuevo rico a punto de perderlo todo.
Nació la República y ya La Nación fue voz y bandera de los sectores más rancios del clero, de la oligarquía terrateniente y ganadera, y del mejor postor de la banca extranjera desde los lejanos días de la Baring Brothers y el presidente Mitre, hasta esta diarrea final del FMI que en su diluvio los ahoga... o sea, de alguna manera, La Nación fue siempre La Nación, y Clarín, en cambio, fue siempre cualquier cosa.
Fundado por el desarrollismo de Frondizi para oponerse al peronismo sin sacar los pies del plato, patinó enseguida y se abrazó como pudo a los sucesivos gobiernos desde la Revolución Fusiladora en adelante, hasta quedar en cuatro y contentos con los militares del genocidio.
Por haberlo desoído no pudieron prever aquello que decía Perón sobre el escarmiento que los pueblos hacen tronar tarde o temprano, y bueno...
Hoy el incuestionable IVC (Insitituto Verificador de Circulaciones), nos deja a mano en su página algunos datos que vienen a confirmar dicha dramática sentencia.
Son cifras parciales pero recientes, digamos una instantánea apenas de la película no menos dramática que ahora vive el otrora gran diario argentino
Tan sólo en Capital Federal, entre febrero y marzo, en su edición de los domingos, Clarín perdió 13.004.lectores.
En el mismo período, vale aclarar, La Nación sumó, sin embargo, 21.763, con lo cual no puede achacársele a ninguna  crisis la sustanciosa caída.
En la edición semanal, en cambio, en el mismo período, Clarín perdió 16.278 lectores, mientras La Nación, en ese tiempo, ganó 2.611… (poco, sí, pero por eso hablamos de un aristócrata en decadencia)...
Es dable pensar, por qué no, que esos lectores que abandonan Clarín, bien pueden dividirse en dos básicos grupos: los que consideran el diario ya demasiado tibio, y los que lo consideran ya demasiado turbio.
El primer grupo, es ya lógico pensar, huye hacia La Naciónno vemos nada más rabioso-, el otro grupo, en cambio, huye de los dos hacia otros diarios, o en otra dirección, como indicaría el crecimiento constante de la imagen presidencial, por ejemplo…
Conjeturas aparte, lo cierto, lo puntual, lo matemático, es que Clarín se desangra sin parar…
No pretendemos con esto ningún chocolate por la noticia, nosotros mismos, ya en El Martillo, allá en Clarín blogs, el 22 de octubre del año pasado -pocos días antes de que estos adalides de la libre expresión nos clausuren-, en un post que reprodujimos aquì (Ver La gota que no cesa), advertíamos que el mismo IVC daba cuenta de una caída de 60 mil lectores en las ventas del diario entre el 2009 y 2010, mientras la empresa Amazón -que no responde tampoco a Guillermo Moreno- informaba una merma en los ingresos a Clarín.com del 43 por ciento –casi la mitad- en sólo tres meses…
Nada de esto es noticia ni sorpresa, mucho menos para nosotros, que hace rato los sabemos debilitados, que los infiltramos cuantas veces quisimos, y los vencimos cuando se nos dio la gana (Ver sección El Martiyo contra Clarín)…
Tan sólo queríamos actualizar, con estos datos fresquitos, generosamente públicos por el IVC, aquél diagnóstico de muerte, y anunciar, con el ocaso de estos dioses, el final de un tiempo que algún día tenía que acabarse…  
Acaso -parece- La Nación quizá capitalice hasta extinguirse los últimos resabios del miedo que suscitan el odio y la ignorancia, pero ya no es posible la hipocresía a gran escala, el delirio en lugar de la verdad, ni la impunidad por el dinero.
Están ahí, todavía, es cierto, moribundos pero vivos (porque hace falta estar de pie para caer), pero se alejan, se van, se apagan… sangran, Sancho…
Hasta que ya no sangren más.



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