////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

lunes, 16 de mayo de 2011

PREMIO MANCO DE LEPANTO - HOY: ¡ERNESTO TENEMBAUM!...


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¡EL MARTIYO CONVOCA­­!


¡u$s 50.000 de premio!
¡Y una estatuilla de Alfredo De Angelis sin los dientes!


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GRAN CONCURSO LITERARIO

“EL MARTILLO EN LOS DEDOS”



"PREMIO MANCO DE LEPANTO
PARA ESCRITORES SIN MANOS"
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"No menciones las rosas en tus poemas: haz que florezcan."
 Vicente Huidobro.

 


Acaso una perfección del absurdo se resuma en ese prurito que rige entre periodistas –ya fueran de izquierdas o derechas, veteranos o novatos, menos o más cínicos- y que reza como una regla de oro universal: “no se hace periodismo de periodistas”… Tan luego los periodistas, que se permiten hablar de todos los temas -incluyendo aquellos que diez minutos antes desconocían-, y opinar sobre cualquier actividad que acaso jamás han practicado siquiera como aficionados –arte, espectáculos, política, deportes, economía-, y sin embargo de lo único que se supone que saben –o deberían saber-, de eso no se habla. Una perfección del absurdo.
El Martiyo hace, hizo, y hará periodismo de periodistas.
Lo hicimos antes de ser El Martiyo y El Martillo, lo hicimos cada vez que tuvimos un espacio a lo largo de toda nuestra carrera profesional, y lo seguiremos haciendo hasta la última de nuestras líneas, porque conocemos el tema mejor que muchos temas, conocemos el oficio, el negocio, el ambiente, sus entretelones y sus entretejidos, los resortes y poleas que hacen girar los engranajes de esa poderosa industria manufacturadota de la realidad, y tan rentable.
Tenemos opinión sobre nuestros pares, sobre los dueños del negocio, y sobre cualquier medio del mundo.
Opiniones que incluyen lo político, lo ético, lo moral, lo económico, pero también lo técnico.
En nuestras secciones Medios medios o La guerra don DOS medios, incluso en Memorias de un mercenario, nos ocupamos, por ejemplo, de todo lo primero.
Este concurso El Martillo en los Dedos – Premio Manco de Lepanto, cuestiona, aquí, lo otro. Porque los grandes medios se vuelven peligrosos no sólo por falaces, sino también por ineficientes.
Y mientras la especie humana –y muy más allá de los soportes que utilice o invente-, siga sin tener más que la palabra para comunicarse y entenderse, nosotros, humildemente, como quien pretende vivir mejor, alimentarse bien y beber con dignidad, también aspiramos a leer bonito nuestros diarios de a diario... y que se entienda lo que dicen. 
Hoy engalana nuestro espacio el casi famoso Ernesto Tenembaum, empleado alguna vez de Página 12, ahora hombre del Grupo Clarín con su programa en TN, pero que aun así mantiene sus rebusques en la revista Veintitres, y por lo tanto, en los diarios Tiempo, El Argentino, y etcétera. ¿Cómo hace? Aquí lo descubrimos.
Luego de nuestra ya infaltable aclaración, el autor y su obra, y la correspondiente apreciación al pie.

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ACLARACIÓN YA INFALTABLE

En previsión de comentarios del tipo "y estos quiénes se creen, ¿Borges?", acalaramos aquí una vez más: no nos creemos ni Borges ni Céline, ni Vallejo ni Pessoa ni nada por el estilo, pero sí nos gusta leer a Vallejo y a Céline, a Borges y Pessoa y cosas por el estilo, de manera que, como cualquiera que acostrumbró su paladar a los mejores vinos, cuando prueba kerosén sin tragarlo te lo escupe.


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"Es posible que, para decirlo, aún sea prematuro. O que tenga algún grado de exageración. Pero a estas alturas, creo que también es una obviedad, algo que se cae de maduro. Se ve. Se siente. Quizás algunas personas se sientan agraviadas por semejante afirmación. Pero creo que ya es hora de decirlo”.
(Imprescindibles, Ernesto Tenembaum, Revista Veintitres, 12.05.11)

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Nos parece ofender a nuestros lectores aclarar que cuando Hemingway hablaba de “economía de lenguaje” no se refería por supuesto a manejarse apenas con veinte vocablos escasos. Sin embargo nos resulta inevitable recordarlo ante este párrafo de Tenembaum, que con veinte vocablos apenas, consigue juntar 52 palabras para por fin no decir lo que iba a decir.
Nos bastamos como es habitual con el suficiente primer párrafo para medir si un texto nos convoca o nos espanta. Y una vez más el método no falla, porque desde ya le advertimos que el resto del artículo es igual, o sea: peor. Durante muchas más líneas de las que hacen falta para no decir nada de nada; Tenembaum se extiende y nos descubre, entre otras obviedades, que nadie es imprescindible, ergo, Néstor Kirchner tampoco
Así resuelve la innecesaria y gomosa intriga que pretende su introducción. A manera de segundo párrafo Tenembaum intenta una rápida frase, que infelizmente pierde velocidad por su propia impericia: “Aquí vamos, pues: a juzgar por lo que ocurrió en este medio año, Néstor Kirchner no era imprescindible”. Como se observa, exceptuando la parte que sin agregar nada nuevo dice “Néstor Kircner no era imprescindible”, el resto de la frase no dice nada. Sin embargo, inmediatamente, abriendo el tercer párrafo, con la ductilidad casi líquida del buen pusilánime, Tenembaun se detiene –en realidad todavía no arrancó-, y antes que nada aclara que lo que va a decir no es exactamente lo que va a decir: “Si usted es kirchnerista, de esos que lo comparan con el eternauta, no se apure, no se enoje, que quizá esta herejía, este sacrilegio, termine en un elogio. Aunque nunca se sabe”, avisa, se ataja, se disculpa, explica y se repite y vuelva a empezar para seguir sin decir lo que quiere decir pero no dice… como diría él con sus veinte vocablos y su canción desesperada.
Sin embargo, atentos a la máxima que hoy citamos de Huidobro, no importa lo que el autor cree decirnos sin animarse, sino, justamente, lo mucho que nos dice por no animarse decirlo. Notemos el miedo que nos transmiten sus palabras sin usar ni una sola vez la palabra miedo... Notemos la ansiedad del perseguido en su jadeo –se ve, se siente; no se apure, no se enoje-; la prisa por complicarnos con lo que va a decir porque solo no se anima –creo que también es una obviedad, algo que cae de maduro-; la pirueta desesperada por hacerse el progresista en Veintitres sin por ello perder su empleo en TN, y por fin, allí velada y tangible sin embargo, la tristeza desierta del que reemplaza capacidad técnica, condiciones profesionales, y destreza en el oficio, con obediencia de alquiler a quien pase y pague… 
Olvidemos lo que dice o no dice Tenembaum, atravesemos con el corazón el cachivache de sus oraciones, y veamos florecer, en ellas, como en un poema, no lo que Tenembaum nombra, sino lo que siente, lo que hace, lo que es: un espanto con serias posibilidades de ganar este concurso. 
Le deseamos suerte… aunque no parece necesitarla, así como va viene fenómeno.



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¡EL MARTILLO EN LOS DEDOS!

¡Por la salud de nuestros hijos!

¡No deje su diario al alcance de los niños!

¡ELLOS TAMBIÉN TIENEN DERECHOS!

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¡PREMIO MANCO DE LEPANTO PARA ESCRITORES SIN MANOS!


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