////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

viernes, 25 de febrero de 2011

PREMIO MANCO DE LEPANTO: ¡NUEVO PARTICIPANTE! ¡Y DESDE LIBIA!


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¡EL MARTIYO CONVOCA­­!

¡GRAN CONCURSO LITERARIO!
¡u$s 50.000 de premio!
¡Y una estatuilla de Alfredo De Angelis sin los dientes!


CONCURSO LITERARIO

“EL MARTILLO EN LOS DEDOS”



"PREMIO MANCO DE LEPANTO
PARA ESCRITORES SIN MANOS"




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"La frase es una alforja, si usted la carga de palabras demasiado: revienta".
 Ernest Hemingway




Atraer apenas con palabras es una de las tareas acaso más arduas del mundo moderno, donde un televisor cabe ya en un bolsillo.
Tiempos inmediatos y portátiles de Internet, play-station, radio y tevé, DVD, Wi Fi, Hi Fi, en fin… ya no es tan sencillo sacarle el dinero a la gente a cambio de algo que no sirve más que para leer, y que encima es ilegible... como sucede sobre todo con el material cotidiano del periodismo argentino que inspiró este certamen.
Hoy encabeza nuestra presentación un buen consejo del maestro Ernesto Hemingway, que parece ya abolido sin ser siquiera conocido. Tiempos veloces y furiosos.
Hoy más que nunca, sin embargo, nos hace falta su tutela. Hoy más que nunca la síntesis, su “economia de lenguaje”, la fuerza de la acción concentrada en el mínimo posible de palabras, resultan vitales para el oficio de contar, nada más que con palabras, todo.
Fundador del estilo que dio a luz el nuevo periodismo americano que desde entonces todos acatamos –porque hasta ahora no inventamos nada mejor-, hace ya casi un siglo Hemingway traducía al lenguaje narrativo la metáfora del iceberg, cuyo deslizamiento tan elegante, decía, se fundamenta en lo que lleva sumergido, no en el octavo que nos muestra. Buenos consejos.
En su nombre sin embargo, se cometieron más vejámenes en este oficio, que los cruzados contra la gente en nombre de Cristo.
Corresponsal en España para la agencia NANA durante la guerra civil, luego en su libro La mariposa y el tanque lanza otro directo de los suyos contra la cara del aspirante: “el problema del escritor siempre será el mismo: proyectar, en la mente del lector, lo que él está viendo en la suya”.
Y recordamos: tamaña empresa ha de ser hecha con palabras, apenas con palabras.
Sin dudas no es para cualquiera.
En esa comprensión, acaso, deberíamos anular este concurso, y exculpar a sus participantes, ya que son humanos, y como vemos, demasiado humanos.
Pero resulta que todos estos muchachos son profesionales, con esto se ganan la vida, y con esto nos rayan los oídos.
Y algo más y peor: muchos de estos muchachos son los que forman a los que vienen, o sea: la tendencia es lo que aterra.
Venimos mal y vamos peor y esto algún día hay que pararlo, o acabaremos atiborrados de arabescos y monosilabos que ya no signifiquen nada.
Motivo por el cual no desistimos un pomo, con un clic aquí pueden consultar las bases, condiciones y razones que impulsan ysostienen este concurso, y así le damos ya para adelante, siempre en defensa propia, y siempre en pos de un mundo mejor, o por lo menos: mejor escrito.
Les recordamos a nuestros lectores que ellos también pueden hacernos llegar su candidato y su párrafo, y revisar los anteriores aquí, en la sección Premio Manco de Lepanto.
Ahora sí, previa aclaración que se nos hace ya inevitable, damos paso entonces al nuevo concursante, más la correspondiente apreciación de nuestro jurado al pie….



ACLARACIÓN YA INEVITABLE

Este es el cuarto participante, y al igual que los tres anteriores, también pertenece al diario Clarín.
Sin embargo, nada tiene que ver en esto el enfrentamiento declarado –y justo- que mantiene El Martiyo con el Grupo homónimo.
Es que sencillamente, Clarín está escrito con los pies. Nos duele decirlo, pero más leerlo.
Recorremos a diario todos los medios, y nuestros oidos registran todas las rayaduras, pero nada como Clarín. Tememos que al cabo del certamen, se roben también este premio así como se robaron tantas otras cosas…
Pero si así ha de ser, ¡así sea!.
El Martiyo garantiza la ecuanimidad de este jurado, cuyo sólo interés, y en nombre de todos, es leer bonito.
  


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Hoy engalana nuestro espacio Marcelo Cantelmi, empleado también del diario Clarín, y ahora enviado especial al medio oriente para cubrir los hechos que son de dominio público. Regímenes que caen, levantamientos populares, episodios bélicos, alerta mundial, represiones masivas, fusilamientos, ahorcados, un bacanal de acción y furia que le haría frotar las manos a  cualquier buen redactor.  
Porque no hace falta más –ni es fácil de aguantar-, reproducimos apenas el primer párrafo de una entrega de Cantelmi desde la frontera de Egipto con Libia. Como ya hemos explicado para el civil ajeno a la técnica periodística, es en el primer párrafo de una nota donde se aconseja concentrar –en función del espacio (que son avisos)- lo mejor del material, en cuanto a información y estilo.
Esto hace Cantelmi en su primer párrafo.



En la medida en que se acerca la frontera de Egipto con Libia, la percepción es que del otro lado, ahí nomas, detrás de las montañas, está el infierno que ha desatado el dictador Muammar Kadafi. Esta ciudad empobrecida, con carros tirados con burros y un estilo que se asemeja con esfuerzo a un pueblo del norte argentino pero poblado por beduinos, es un cruce necesario hacia Libia. Sin embargo, en lugar del abismo que se supone, lo que está detrás de este límite es el símbolo de la derrota del régimen”.
 ("En la frontera de Egipto con Libia", Marcelo Cantelmi, Clarín, 24.02.11).



Apreciación:



Aquí el autor, atento a Hemingway,  intenta proyectar en nuestra mente lo que está viendo en la suya, sólo que la suya parece muy confundida. Cruza -se advierte- la invisible frontera entre Egipto y Libia, de un lado cayó ya Mubarak, del otro se desploma Kadafi. Por todas partes la tragedia es inmensa. Desmasiado para Cantelmi, que allí trata de asirla, pero… su suerte no es la Hemingway. Comienza con un frase que tal vez pretende emular el conflicto de toda la región, ya que en un momento pareciera que no va a terminarse nunca. Es un buen intento, pero extenuante (al menos para el lector, que rápido busca la segunda frase entre los saltos del empedrado lleno de baches de la prosa de Cantelmi). Hacia el final de dicha frase-párrafo, entonces, Cantelmi nos promete "un infierno desatado por el dictador, bla blá"... Pero nada que ver. Del otro lado nos desencanta de golpe con un manso  pueblito del norte argentino, pero que allí nosostros –con “mucho esfuerzo”, claro (el que no quiere hacer Cantelmi cuando escribe)- debemos poblar de “beduinos”, y -si es que tenemos a mano-, algún camellito, cómo no... Estonces sí, ahí por fin, despuès de todo este montaje escenográfico a cargo del cliente, descubrimos, casi al terminar el párrafo, que recién ahora cruzamos a Libia, cosa que creíamos haber hehco ya en la primera línea de la nota… Pero bueno, allí estamos de una vez por todas,  del otro lado ya, en territorio libio –o jujeño-, ¡y sin embargo!, en lugar del "abismo que se supone" (y mientras el lector quedó colgado en Tilcara), resulta que  no, que de pronto no hay pueblito del norte ningno sino un abismo, pero un abismo que en realidad es el mismo infierno que había prometido antes, pero que de pronto tampoco era eso, sino más bien una percepción metafísica, una cosa que “se supone”, algo que desciende sobre nosotros... la cosa que ni Tilcara, ni infierno ni abismo hay allí ahora:  lo que está detrás de este límite es el símbolo de la derrota del régimen”.
Y ahí por fin comienza la nota.
¿Usted también creyó que allí termnaba?...
No, ahí comienza.
El que allí termina es uno, Cantelmi sigue... (se ve que sus jefes tampoco lo leen).


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¡EL MARTILLO EN LOS DEDOS!

¡Por la salud de nuestros hijos!

¡No deje su diario al alcance de los niños!

¡ELLOS TAMBIÉN TIENEN DERECHOS!

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¡PREMIO MANCO DE LEPANTO PARA ESCRITORES SIN MANOS!

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