////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

lunes, 7 de marzo de 2011

MARIO VARGAS LLOSA EN EL PAÍS DE LOS IDIOTAS...


Mario Vargas Llosa, su premio Nobel, y la Feria del Libro, son las tres patas insustanciales de una mesa vacía con un flor de insulto en el centro. ¿Los argentinos somos todos idiotas, tal cuál sostiene el escritor?... ¿Los que lo contrataron también? ¿Y los que lo leen? ¿Y los que lo aplauden?
¡¿Y los que lo compran?!...


UN CHARLATAN DE FERIA




Nos alineamos con quienes consideran sobredimensionada la polémica por la visita del premio Nobel Mario Vargas Llosa para abrir una nueva edición de la Feira del Libro en Buenos Aires. En rigor, a nosotros, las tres cosas nos parecen sobredimensionadas: La Feria del Libro, el Premio Nobel, y Mario Vargas Llosa. Procedemos a disecarlas rápidamente, para explicarnos mejor.
El Premio Nobel, ya lo hemos dicho muchas veces -y no sólo nosotros-, perdió para siempre su más alta cotización el 14 de junio de 1986 cuando se murió Jorge luis Borges dejando ya a la academia de Suecia sin ninguna chance de enmendar su error nunca más. Y todo por declaraciones infinitamente más esporádicas y leves que las infinitas barbaridades que dice cada vez más seguido Mario Vargas Llosa.  Ya en 1982, cuando se lo dieron a García Márquez, el colombiano lamentó que Borges no lo hubiera recibido, conciente de que así el suyo valía menos. Y el año pasado, el mismo Vargas Llosa, no pudo no mencionarlo.
Y allí y así quedó para siempre el Premio Nobel de Literatura con todas sus mayúsculas: devaluado. Hoy por hoy un Oscar es cien mil veces más legítimo. Para el Oscar votan los que saben, y entre colegas. En el Nobel, en cambio, nunca se sabe de quiénes son colegas los que votan. El hecho de que nos visite un Nobel, no debería conmovernos. Además, por muy idotas que le resultemos a Vargas Llosa, la Argentina ya tiene cinco.
Dos. La feria del Libro. Si se me permite, paso aquì por un momento a la primera persona del singular, pues me basaré, para destriparla, en mi experiencia personal como escritor. La feria del Libro –y no lo expongo acá, pero lo sostengo ante quien me planten- es un negocio de editores y libreros, donde el público importa si compra (no si lee), y del que el escritor, una vez más, no saca tajada ninguna, a no ser la vanidad barata de exponerse como un simio firmando ejemplares, a la pesca de groupies que nunca son lo que se esperan… Por supuesto exceptuamos aquì a los grandes superstars del negocio, que no son muchos, pero que sí cobran mucho por sus presentaciones, y mucho más si vienen envueltos en un Nobel, y mucho más si es el último... Por lo demás, la Feria no ofrece ofertas ni novedades que no tengas todos los días por las librerías del centro, y sin que te cobren entrada ni te empujen tanto. Total, el grueso de los escritores, y los verdaderos lectores, no tienen nada que hacer en la Feria del Libro, como nada tiene que hacer el auténtico cazador de tigres, en Disneyworld.
Y tres, por último, Vargas Llosa.
No será El Martiyo –devoto de Borges y de Céline-, quien condene, siquiera juzgue, a Mario Vargas Llosa por sus posiciones políticas, en el caso de que las tuviera. La historia nos ha demostrado que no afectan a nadie. Ni siquiera en su país, mucho menos afuera.
Por otro lado, gustaríamos aclarar, existe una confusión con respecto a los escritores, que no sufren los músicos, los pintores, o los escultores. Se los considera, a los escritores, muchas veces, no artistas, sino “intelectuales”, y tan sólo apenas porque publican libros. Es decir, la manifestación concreta de sus necesidades artísticas, promueve el error.
Sin embargo, la distinción es grande y clara. El escritor, como artista, trabaja con las emociones, y son a ellas, en su obra, a quienes sirven sus ideas. El intelectual, en cambio, trabaja exclusivamente con sus ideas, manteniendo bien a raya sus emociones, porque de interferir, trastornan su búsqueda objetiva de la verdad.
Pero como ambos terminan manifestándose públicamente a través de libros, muchos artistas –narradores y poetas-, son considerados “intelectuales”, y por sus opiniones se los condena, como si fueran seres razonables..
Por ello con mucha frecuencia, el escritor, como intelectual, resulta desastroso.
Pasional, emocionalmente inestable, víctima perenne de cualquier estímulo circunstancial, y sobre todo, servidor no tanto de la verdad como de la belleza –auque fuera trágica- de lo que dice; suele decir, muchas veces, cualquier cosa, llevado acaso por la música de las palabras, o por la gracia original de un punto de vista estrambótico. “Antenas del pueblo”, como les llamaba Miguel Hernández, suelen ser también la encarnación individual y brillante de sentimientos colectivos, a veces oscuros y por eso ocultos.
Vargas Llosa no es un intelectual, es un escritor, muy bueno, pero tampoco un gran artista, No renovó las técnicas de su arte, ni las formas narrativas de su tiempo, no es Céline, Joyce, Faulkner, ni siquiera Hemingway; no es tampoco su compatriota Vallejo, no detonó la sintaxis de su lengua; ni es Pessoa, ni mucho menos Borges; escritores capitales a los cuáles se les deben dinastías de buenos escritores. Vargas Llosa es uno de ellos, un buen escritor, pero un escritor convencional. Como García Márquez. Uno de esos parido por los otros.
(Y esto no lo dice sólo El Martiyo, pero también lo dice El Martiyo).
Como intelectual, en cambio, Vargas Llosa es desconocido más allá de los ámbitos aficionados, donde cabemos tantos.
Si se lo pretende un “intelectual” porque además de escribir artículos sobre actualidad y política –siempre superficiales, parciales, apurados y autoreferenciales-, también se presume político y quiso ser presidente de su país… bástenos recordar –para evaluar el amor de su pueblo- , que la vez que lo intentó le ganó Fujimori el Impresentable.
Considerando todo esto, no vemos entonces por qué tanto escándalo ante la visita de un escritor más o menos, que viene a estrenar su dudoso premio. en un evento comercial políticamente infestado.
Es verdad que sus declaraciones sobre la Argentina trascienden lo político para ingresar en los anales del insulto masivo. Pero justamente, pretender que en “los últimos 50 años los argentinos se equivocaron al votar”, es pretender no sólo que los argentinos somos todos idiotas, sino pretender -no demasiado tácitamente- que la democracia no sirve, o que sólo él, o quien él designe, podría decirnos cuándo funciona bien. y cuándo no. En sus propias palabras, está su hoguera.
Mario Vargas llosa pasará por Buenos Aires sin romperla ni mancharla, hará el númerito por el que tan bien le pagan en su gran feria de las vanidades, dirá las cosas que hace mucho ya nadie le escucha a la izquierda de Hilter, participará de un encuentro con Macri y otros residuos de la derecha regional, y luego partirá entre los aplausos de un público que nunca lo ha leído, que nunca va a leerlo por mucho que lo compre, y que por eso mismo muy pronto ha de olvidarlo... y los que sí lo leyeron, recordarán sus libros y a él también lo olvidarán. 
Y chau.
¿Aún así tiene derecho a insultarnos?, se preguntará con buen tino el buen lector y sensible ciudadano.
No, claro que no, pero tampoco podemos evitarlo, así como  él no puede evitar que nosotros, por ejemplo, también lo insultemos… Por eso desde aquì, en dicha inteligencia, le rajamos esta folklórica bienvenida…


¡Andá a robar a los caminos, charlatán de feria!… 



Y chau.

* * *