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viernes, 4 de marzo de 2011

CLARIN: EL EXTRAÑO CASO DE UN SUICIDIO EN DEFENSA PROPIA...



Universidades de todo el mundo, y de las más variadas disciplinas, estudiarán por siglos este extraño caso que pone en tela de juicio cuanto principio, teoría o posición hubiera hasta hoy sobre el tema. 
¿Es posible el suicidio en defensa propia?
Clarín demuestra que sí.


CUENTOS DE TERROR
DE LOCURA
Y DE RISA



Alguna vez se estudiará con atención y por mucho tiempo este extraño caso tan extraño. Las grandes universidades dedicadas a la sociología, por supuesto a las comunicaciones, pero también al derecho y a la teología, pues ya para siempre nos preguntaremos: “¿es posible suicidarse en defensa propia?”.
Entonces contarán la trágica y simpática historia del gran diario que en defensa de sus más oscuros intereses dejó de ser lo que era, eligió sus negocios a la verdad, renunció a la realidad en nombre de la libertad (pues sus dueños corrían riego de acabar presos), y así poco a poco se parapetó desesperado en un blindaje de mentiras comunes, que al final lo aplastaron. Pues al abjurar de la verdad no pudo sino reducir a sus mejores periodistas a marionetas inverosímiles, y un día, así, pumba, se terminó. Dejó de ser lo que era. Dejó de ser, bah. Y por su propia mano, en defensa propia, eso es lo increíble. Un caso más raro que el del perrito ciego que jugaba al ajedrez, y ganaba.
¡Apuntále bien que le pifiás!
Clarín hace rato que no hace periodismo; pero como vende periodismo, le sucede entonces lo que le pasó a ese carnicero enloquecido que un día empezó a ofrecer como achuras, repuestos para licuadoras, y claro... desconcertó a su público, y su público lo abandonó.
Clarín hace rato que intenta vender algo que no es  lo que dicen, y que no dicen lo que es. Mienten, y como son un diario, un medio de información que vive como tal de que la gente le crea para que lo compre, al mentir se inmolan, y al inmolarse, como corresponde, se suicidan. Y todo eso, sin embargo, para salvarse, en defensa propia. Casi podríamos hablar de una de las tragedias más cómicas de la historia del hombre.
¡Ponéte el casco, cabezón!
Imaginamos el Titanic, apuntándole al iceberg para darle bien en el medio; imaginamos el desembarco en Normandía, las tropas en malla, armadas apenas con una sombrilla porque ven una playa; imaginamos a Neil Amstrong, sacándose el casco en la Luna, para respirar un cachito el aire del lugar… Imaginamos muchas cosas pero nada como este raro caso de suicidio en defensa propia.  
Y esto que hoy aquí es apenas un rápido post al paso del Martiyo, crecerá en su misterio, y un día, podemos verlo, será materia de estudio para vastas y variadas disciplinas… 
Nos guardamos la ilusión de que acaso alguien entonces nos mencione y recuerde que nosotros lo señalamos primero que nadie, y en aquél exacto momento, no antes, pero tampoco después, sino en el preciso instante en que Clarín llevaba el caño a la sien, y apretaba bien las muelas….
Ojalá. Siempre es lindo que te recuerden bien.

Pero ni el tiro del final te va a salir...

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