////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

miércoles, 23 de marzo de 2011

LIBIA: LA GUERRA DEL FIN DEL MUNDO


Varias potencias occidentales bombardean Libia sin control de nadie. Quienes debieran comandarlas, aún discuten quién debe comandarlas y nadie se pone de acuerdo, pero igual no importa.
Ya nada importa.
Borges diría: “parecen pelados peleando por un peine”.

LA MITAD DE NADA




A los historiadores del futuro les va costar mucho explicar qué fue que hubo en aquél marzo del 2011 cuando una coalición de potencias occidentales invadió un país arruinado por el propio dictador que ellos venían manteniendo, y lo más raro de todo: en simultáneo con el Apocalipsis.
Francia, Inglaterra y finalmente Estados Unidos, el sábado pasado, atacaron Libia.
El hombre Líquido estaba de batucada por Brasil juntando fama barata para impresionar en Washington, cuando despuès de muchas vueltas, y al cabo de un llamado urgente de Hillary Clinton, Obama dio marcha atrás, y fue para adelante. Atacó.
La excusa otra vez son los civiles ajenos, inspirado acaso en la indignación de su par el primer ministro inglés David Camerun, que dijo: “Kadafi está mascarndo a su propio pueblo”. Europa en eso siempre fue muy cuidadosa, masacrando sólo pueblos ajenos. Desde ese punto de vista, lo de Kadafi es ciertamente inadmisible.
“El mundo árabe” que los acompañaba –o los acompañaría- en la incursión, finalmente prefirió quedarse en casa… la reciente y sanguinaria historia de casi todas las intervenciones humanitarias de Occidente fuera de Occidente, desde Somalia a Irak, no animan a nadie, se entiende...
Amores de estudiantes, los socios de ayer son hoy enemigos, ya se enfrentan con el mismo corazón con que hace poco se besaban, y las mismas armas que hasta hace poco traficaban. Las balas van y vienen, lo que importa es matar.
La mitad de los habitantes de Trípoli ya dejaron la ciudad por temor justamente a quienes llegan para defenderlos.  La otra mitad se encerró en sus casas debajo de la cama. Acaso por eso el vocero del gobierno francés llegó a decir: “Evitamos una masacre de civiles en Libia”.
Sorprendió saber que entre los países que con mayor fervor apoyaron el ataque, están España y Grecia, como si en casa les faltaran problemas; y es sobre todo allí donde esta generosa carnicería empieza a oler a nafta demasiado…
A Grecia no, pero a Zapatero se lo entiende: Aznar hizo lo mismo, y le fue fenómeno. De no haber sido por Atocha, hoy Zapatero no estaría imitándolo… Son muchas las ventajas que ofrecen las coaliciones bélicas, pero claro, si se sobrevive a la guerra, de lo contrario…
Tal vez por eso, pensándolo bien, pasada la calentura del momento, ahora todos quieren borrarse, otros piden que venga la OTAN, ya nadie sabe quién manda ni a quién hay que apuntarle, mientras Obama no para de explicarque nada de esto es contra la persona de Kadafi, como quien te rompe toda la casa, pero con buena onda.
Noruega también fue uno de los que más apoyó el ataque. Pero ya se retiró. No del todo, sino sólo hasta que “la misión sea clarificada”. Ejem. Italia una vez más se fue sólo en amenazas, y a la hora de la carga, ofreció bases, pero ningún avión. Los Emiratos Árabes, que tan decididos parecían, prefirieron limitarse a un apoyo humanitario, casi simbólico. Qatar iba a sumar un bombardero, pero todavía no salió.
¿Y Alemania?... Alemania bien, bárbaro. Recuperándose de la crisis más cruda que tuvo desde la segunda guerra, y en buena medida, gracias a las exportaciones de armas.
Alemania vende, hoy, el 11 por ciento de todo el armamento que circula legalmente por el mundo. En 2009 exportó armas a Libia por 53 millones de euros, trece veces más que en el 2008. Bien, bárbaro, Alemania. Según informa hoy el diario El País de España: “Buena parte de las exportaciones de armas de Alemania se concentraron en el Norte de África y en el Orente Medio. En 2009, por un valor de mil millones de euros”.
El Instituto de Estudios para la Paz de Estocolmo, dice que sólo Estados Unidos y Rusia, entre ambos, venden más armas que Alemania. Según estos, en los últimos cinco años la venta de armas creció un 21 por ciento en todo el mundo, y un 70 por ciento en Alemania. Entre sus principales clientes, están Sudáfrica, Turquía, y por lo tanto, Grecia… Alemania bien, gracias, fenómeno. En un gran momento mientras sus hermanos de la Unión se arman hasta los dientes y se internan acéfalos en otra cruzada lejana y feroz.
El vetusto coronel, mientras tanto, cae, sí, pero fiel a las más crudas tradiciones musulmanas, antes incendia su aldea y luego arrastra consigo montones de inocentes. Es lo de menos.
Dicen que ya perdió un hijo en la contienda.
Sin embargo parece entusiasmado. “Serán horas gloriosas”, grita desde su tienda blindada por la ira…
 “Si el mundo se ha vuelto loco, nosotros nos volveremos más locos todavía”, y amenaza blancos civiles por todo el Mediterráneo.
Al cierre de este post la coalición occidental se endilga nuevas victorias, pero los rebeldes retroceden sin agua ni medicamentos. La tropas leales ya controlan el hospital de Benghassi, y van por más.
“Libia se ríe de los cohetes de Occidente”, dicen que dice loco de risa el coronel…
Poco importa.
Cae.
Dejará tras de sí un desierto en llamas y un pueblo fantasma peleando consigo mismo más allá de la muerte de todos sus habitantes, pero eso tampoco importa…
Los grandes líderes de la democracia occidental encontrarán nuevos conflictos donde vender más armas y exportar el odio que producen la frustración y el fracaso de una civilización incapaz de sobrevivir si no es matando.
Pero eso tampoco importa ya.
En realidad todos estos muchachos -Obama, Sarkozy, Camerun, el mismo Kadafi-, si bien se los mira, a la luz de las circunstancias generales, resultan casi tiernos, infantiles, cuando menos.
En las mismas páginas del mismo diario que recién citamos, ahora mismo, mientras cerramos este post,  leemos las declaraciones de Günter Ottinger, comisario de Energía de la Unión Europea, quien tuvo que recurrir a la Santa Biblia, al capítulo del Apocalipsis, para explicar mejor lo que está pasando ahora en Japón.
“Hay quienes hablan de Apocalipsis, y la palabra me parece muy apropiada. Todo está prácticamente fuera de control. No excluyo lo peor en horas y días venideros”, dijo. Dice, bah.
Porque ahora mismo sucede esto, hoy prohibieron en todo Japón el agua potable para los niños, ciertas verduras y la leche y todo lo que proviene de Fukushima y sus alrededores. Los chinos disecan uno por uno cada pescadito que sacan del mar de siempre. Ayer reventó el reactor número tres, el que contiene plutonio. La nube radioactiva ya dejó la isla que la vio nacer. Ya ganó la red de vientos que es más rápida que Internet.
Antes que nadie, lo gritó El Martiyo: la cosa está fuera de control (Ver El futuro que volvió de la muerte).
No nos jactamos, avisamos.
Desde esa óptica, Sarkozy, Obama, Kadafi… resultan casi infantiles, casi cómicos, si es que no fueran patéticos… manga de borrachines absurdos peleando por media botella a bordo de este Titanic…
A los historiadores del futuro les costará mucho explicar por qué nos matábamos así para dominar un mundo así.

Fukushima.