////// Año IXº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

sábado, 26 de marzo de 2011

DESTELLOS AJENOS. Hoy: TONI MORRISON... (mujeres que saben demasiado)

Destellos Ajenos:


“Pero estaban a cuatro patas, desnudos, sin tocarse excepto con los labios, ahí mismo, en el suelo, en el lugar que señala la punta de la corbata, a cuatro patas como (uhú, adelante, dilo) como perros. Mordisqueándose, sin tocarse siquiera, sin mirarse siquiera, sólo con los labios, y cuando abrí la puerta no levantaron la vista ni un segundo y creí que la razón por la que no habían levantado los ojos era que no están haciendo eso. Así que no pasa nada. Yo estoy aquí de pie. Ellos no están haciendo eso. Estoy aquí de pie, viéndolo, pero en realidad no lo están haciendo. Pero después levantaron la vista. O tú lo hiciste. Tú levantaste los ojos, Jude. Y si al menos no me hubieses mirado como los soldados en el tren, como miras a los niños cuando entran mientras estás escuchando a Gabriel Heatter e interrumpen tus pensamientos, sin fijar exactamente la mirada sobre ellos, concediéndoles un instante, una fracción de tiempo para que piensen en lo que están haciendo, en lo que están interrumpiendo, y se vuelvan  por donde han venido, para que puedas seguir escuchando a Gabriel Heatter. Y me quedé sin saber cómo mover los pies ni dónde poner los ojos ni nada. Sólo pude quedarme ahí parada, viéndolo todo y sonriendo, porque a lo mejor había un explicación, alguna cosa importante que yo no sabía y que lo justificaría todo. Esperaba que Sula me mirase de un momento a otro y dijese una de esas preciosas palabras universitarias, como estética o informe, que nunca entendía pero que me encantaban porque sonaban tan agradables y rotundas. Y  por fin, simplemente, te levantaste y empezaste a vestirte y  te colgaban las partes, tan blandas, y te abrochaste el cinturón pero te olvidaste de cerrar la bragueta y ella se había sentado en la cama, sin molestarse siquiera en vestirse, porque en realidad no le hacía falta, ya que por alguna razón yo no la veía desnuda, sólo tú la veías así. Tenía el mentón apoyado en la mano y estaba sentada como un visitante venido de fuera que espera que sus anfitriones pongan fin a una discusión para poder continuar con la partida de cartas y yo estaba deseando que se marchase para poder decirte en privado que te habías olvidado de abrocharte la bragueta, porque no quería decírtelo delante de ella, Jude. E incluso cuando empezaste a hablar, no podía oírte porque estaba preocupada pensando que no sabías que tenías la bragueta abierta y también estaba asustada, porque tus ojos me miraban como los de los soldados esa vez en el tren, cuando mi madre se convirtió en flan.”

Toni Morrison