////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

viernes, 25 de marzo de 2011

MEMORIAS DE UN MERCENARIO - HOY: "NUNCA SABRÁS NADA DE NADA" (con los hermanos Herrera Noble)...


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El periodismo es un negocio de extorsión, la prensa libre no existe, y estamos todos rodeados”; fue dicho en el post del 10/11, Una puta inmaculada, que sirve de introducción a esta sección, y donde a la vez anunciábamos estos rápidos relatos destinados a refrendar con hechos las palabras, porque una buena historia vale más que mil imágenes. El autor se retiró de lo que gusta llamar "el periodismo industrial", no arrepentido, pero si medio asqueado, al cabo de 25 años de oficio.
De su experiencia, estos recuerdos.



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El Martiyo Producciones presenta…


"Memorias de un mercenario"
 




“Los mercenarios que he tratado, y con quienes a veces he compartido la vida, combaten de los veinte a los treinta años para rehacer el mundo. Hasta los cuarenta, se baten por sus sueños y por esa idea que de sí mismo se han inventado. Después, si no han dejado la piel en la batalla, se resignan a vivir como todo el mundo –a vivir mal, porque no cobran ningún retiro- y mueren en su lecho de una congestión o de una cirrosis hepática. El dinero nunca les interesa, la gloria rara vez, y se preocupan muy poco de la opinión que merecen a sus contemporáneos. En esto es en lo que se distinguen de los demás hombres”.

Jean Lartéguy 

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Hoy: Nunca sabrás nada de nada



Nunca sabrás nada "de nada", habría que agregar al título del último episodio. Porque fue sin embargo en aquella revista que aún no era una revista ni nombre tenía –ni futuro le veía yo-, esa revista de género menor, limitada a la farándula y la tevé, y condenada a no ser más que un satélite del canal que acababa de comprar Atlántida; en ese pasquín, digamos, del que yo no esperaba grandes emociones, y en el que sin embargo me encargaron por primera y única vez en todo mi deambular por distintios medios, una investigación a fondo del extraño caso de los hijos de la dueña de Clarín. Por eso digo: nunca sabrás nada de nada.
Rápida composición de lugar. Abril de 1991, Menem presidente, gran remate gran, salen a licitación también las señales de cable y los canales abiertos, las radios nacionales, provinciales, todo se vende, bah… Las grandes empresas periodísticas entran en guerra. Atlántida se queda con Canal 11, varias radios y algunas señales, Clarín agarra el 13, y otro paquete grande… pero duhaldista ya, se oponía a Menem.
El tema de los hijos de la Noble serpenteaba desde siempre en forma de rumor y en voz muy baja entre políticos o periodistas o gente muy informada, y ya corría el riesgo de convertirse en leyenda, en fábula sin moraleja, o mentira simple… Alguna vez Alfonsín, siendo presidente, había intentado encararlo … pero otra vez retrocedió enseguida.
Sin embargo, por aquellos días, poco antes de esta historia, Guillermo Patricio Kelly había presentado una denuncia contra la viuda en la justicia. Sin demasiada repercusión en los grandes medios, por supuesto..
Hoy  todo eso parece muy claro, entonces no era tan así. La guerra de los medios por más medios estaba en pleno combate –se peleaba por muchísimos millones de dólares-, y entre el humo, las balas y los muertos, nada se veía tan claro…
La nota me la encargó personalmente Constancio Vigil, dueño de esa revista y de la mitad de la Editorial, el hombre que pocas semanas antes yo había mandado preso… (Ver  No odies a tu enemigo: contrátalo).
Era la primera vez que nos encontrábamos a solas cara a cara… Me pareció que le costaba mirame (despuès de todo yo era el hombre que lo había denunciado, que conocía sus miserias); recuerdo que fue serio casi solemne, y muy preciso. No tengo las palabras que usó, pero sí el contenido de sus órdenes: yo debía sugerirlo todo sin afirmar nada, y, sin acausar a nadie, rondar el tema dejando en claro que sabíamos mucho más de lo que decíamos. Inmediatamente, me sugirió hablar con Kelly.
Kelly ya se murió, pero entonces estaba en plena forma, y era temible. No para los periodistas, con quienes solía ser muy gaucho; sino para sus enemigos, que pretendían presentarlo como un payaso, un loco, un espía multinacional, un mercenario… y era un poco todo eso, sí, pero le temían porque los investigaba en serio, y porque muchas  veces los mandaba presos de verdad.
Yo lo traté sólo esa vez, creo que en su casa, donde me citó… recuerdo que grabé la entrevista, pero él también. Apenas encendí mi grabador, Kelly enmudeció de repente, desplegó su rara sonrisa de payaso loco pero peligroso, alzó las manos, me hizo una seña para que espere, y encendió él también un grabador.
-- Si nos grabamos nos grabamos todos  –me dijo y yo también le sonreí.
 Y luego me lo contó todo. Todo lo que hoy tanto hacen por ocultar la señora de Noble, sus socios, sus abogados, sus empleados y sus cómplices... Pero esa es otra historia, no quiero desviarme.
Después de hablar con Kelly investigué un poco más (lo suficiente como para confirmar algunos datos puntuales que le daban veracidad al resto de la historia), y me escribí una nota que me valió algo más que buenos elogios del patrón.
Concentrado en impresionarlo (no para congraciarme con mi reciente víctima, sino por  anunciarle o mostrarle que yo estaba para algo más que esa revistita de mierda), derribé sin desperdicio de municiones cada uno de los objetivos impuestos. En tercera persona, un sobrio narrador omnisciente denunciaba el caso alardeando de su muy buena información, cuidando profesionalmente de sus fuentes, y, sin acusar a nadie, sospechaba de todos, se preguntaba sin responder ni afirmar, pero revelando en cada línea, que sabía mucho más. Que lo sabía todo, bah…
Esas palabras de Constancio, cuando leyó la nota en crudo, sí las recuerdo.
-- Muy bien, eh… casi demasiado bien, le diría…
Nunca entendí lo que me quiso decir.
De cualquier forma tan excelente trabajo pasó por la imprenta pero no vio jamás la luz del día, quedó allí, en un número cero del que hoy no quedarán seguramente ni cenizas…
Y tal vez allí también hubiera quedado este episodio, y yo me habría ido a la tumba por mis cenizas sin comprender jamás el por qué ni el para qué de tanto esfuerzo, tanta precisión y tanta enjundia para nada…
Pero con los años, conseguí otras piezas del puzzle. No todas… pero sí las necesarias como para revelarnos el motivo general…
Esta fuente la reservo para siempre. Un periodista, un colega, un amigo, un mercenario como yo, al servicio entonces del diario La Nación, me cuenta años después que allá, muy en los inicios del menemismo, en el 91 exactamente, lo invitan y asiste a un almuerzo para periodistas en la quinta presidencial de Olivos, del cual también participa la señora Ernestina de Noble. Repito: por entonces Clarín, ya duhaldista, se oponía a Menem.
Tanto así, que en algún momento del almuerzo, medio en broma nunca en broma, Menem le reprocha a la señora de Noble el castigo que recibe de su diario. Este amigo me cuenta que ella se excusa, y en nombre de la libertad de expresión, les endosa la culpa a sus “muchachos”… Más risas.
Hasta que se acabó el almuerzo. Y las risas.
Todo según mi fuente –gente cien por ciento confiable-, la viuda de Noble es invitada entonces a un aparte con el presidente, su secretario Alberto Kohan, y algunas otras personas...
Luego, alguien que estaba adentro iba a contar afuera que allí el mismo Menem le explicó a la señora el doble filo de la libertad de expresión. Y al mejor estilo Michael Corleone e en El Padrino I, le recuerda que ellos también tienen medios, y ahí nomás le tira una revista, aún inexistente, a punto de ser lanzada por una poderosa editorial, y cuyo primer número presentaría una larga y muy completa nota contando por primera vez para el gran público argentino, la verdadera historia de sus hijos adoptivos…
-- Medios tenemos todos… -nos gusta pensar que le dijo.
Hoy ya es pública la historia del pacto Menem-Clarín, que luego se rompe cuando el enfrentamiento con Duhalde llega a su punto más caliente, y Menem le tira con el juez Marquievich, y… hoy todo está más claro.
Y está claro también lo que ya dije alguna vez en El Martiyo: ningún periodista argentino, mayor de 40 años, ignoraba la historia de los hijos de Ernestina… Ninguno.  Se llame como se llame, Morales Solá, Santo Biassati, Ricardo Kirchbaum, o el tibio Bonelli. Todos lo sabíamos así como cada uno de nosotros sabe por qué calló… o calla todavía. (Aunque la razón entre mercenarios, es siempre la misma, a qué engañarnos: el dinero).
No, no puedo asegurar que esa revista con la cual Menem amenazó a la Noble era aquél número cero de Tele clic. Pero tampoco descartarlo.
Si sé que por aquellos días Constancio Vigil era un habitué de Olivos; que la guerra de los medios era un título de las revistas, pero una carnicería cierta; que los ataques al Grupo Clarín desde Tele clic continuaron por un buen tiempo pero limitados a lo institucional, a sus productos y sus figuras; y que cesaron de pronto un día en el cual el propio Constancio bajó a la redacción para darme la orden expresa y personalmente con su gravedad castrense.
-- De aquí en adelante, no nos metemos más con Clarín. Ni a favor ni en contra.
Alguna victoria, alguna tregua, se había conseguido.
Alguna forma de extorsión, había vuelto a funcionar.
No los nombramos nunca más. Pero la guerra continuó. Enemigos nunca faltan, por suerte...
Y pronto mis artes de mercenario andado serían muy valoradas en aquella revistita que ahora descubría que en realidad era un comando especial camuflado para operaciones encubiertas.
Nunca sabrás nada de nada.


(continuará)...