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jueves, 17 de marzo de 2011

LOS MÁRTIRES DE FUKUSHIMA: DE LO QUE SOMOS CAPACES



Lo dijimos el martes y ayer nos refrendó la OIEN: “la situación está fuera de control". Mientras tanto 180 personas, entre operarios y técnicos, son fulminados minuto a minuto en las plantas nucleares de Fukushima, muriendo efectivamente por sus semejantes, en una demostración de valor y sacrificio voluntario que el hombre no ofrecía, acaso, desde los lejanos tiempos del primer cristianismo.  


LOS MÁRTIRES DE FUKUSHIMA



A Mitchiko Otzuki y sus 179 compañeros.

El martes lo dijimos nosotros (Ver El futuro que volvió de la muerte), y ayer nos refrendó y con la mismas palabras la Organización Internacional de Energía Nuclear: “La situación está fuera de control”, dijo así nomás su director Yukiya Amano, para desdecirse unas horas después por razones que desde luego jamás se explicarán.
“La cosa está fuera de control”, lo seguimos diciendo nosotros, por las dudas ellos se callen.
Los reactores de Fukushima estallan por simpatía y vapores de un blanco letal aterran el Pacífico entero. La mítica superpotencia tecnológica nipona, se reduce de pronto a tres o cuatro helicópteros y un  par de baldazos aéreos que no dan risa porque más miedo dan cuando se comprende que enfrentamos un monstruo invisible, enorme y homicida, armados con un tenedor.
Los muertos ya se cuentan de a miles, pero en números redondos porque aumentan minuto a minuto sin tiempo para el detalle. Los desaparecidos se calculan incalculables, los heridos alcanzan el millón, pero son cifras parciales, y por ello más dramáticas aún…
Y mientras tanto la isla no para de temblar y de romperse: las réplicas ya van por 500, y algunas son terremotos en sí. Otro tsunami es posible en el próximo minuto. Pero ahora es el aire, el viento, lo que asusta: respirar.
El gobierno aconsejó mantener puertas y ventanas cerradas y ordenó evacuar la zona del reactor en un radio de 20 km. Pero al toque y sin consultar a nadie -gauchitos siempre- el gobierno norteamericano extendió el círculo para sus ciudadanos a los 80 km sembrando el pánico absoluto porque ahora nadie le cree a nadie, y todos escapan lo más lejos y lo más rápido que pueden…
Todos menos 180 tipos que a contramano de la vida, se adentran en la muerte seguros de morir.
180 entre hombres y mujeres, operarios y técnicos.
Son los que en este preciso instante en que usted nos lee y nosotros le escribimos, están ahí, en Fukushima, en la usina, adentro, trabajando en los reactores, protegidos hasta cierto punto, fulminándose despacio…
El Martiyo quería saludarlos, destacarlos… algo.
Gregory Jackzo, director de la Comisión Reguladora Nuclear de los Estados Unidos, avisó ya que “las radiaciones son extremadamente fuertes y potencialmente letales para los operarios”.
Y ellos ahí.
Los 180 condenados, y ya lo saben.
Podrían haber escapado, como todos, renunciar a sus empleos y listo, o por lo menos enloquecer y chau; pero no, siguen ahí, concentrados en su trabajo, laboriosos y suicidas… Heroicos, claro.
Entre el pueblo japonés ya se ganaron ese rango, y nosotros queríamos ayudar a vocearlo…
Están muertos, pero allí están. Luchando por la vida de todos los otros –nosotros-; debatiéndose cada uno de ellos en vaya a saber sólo Dios qué pensamientos de horror y precisión, entre logaritmos y espasmos de un más allá ahí nomás, manipulando piezas de metal que se deshacen, materia más sólida que la carne que se vuelve espuma o nube o viento o nada… y ellos ahí, con sus cuerpos ahí…
Son 180, nada más, es cierto. Una gota de altruismo en un océano de pánico, negligencia y mentiras. Son sólo 180, pero no son extraterrestres, son humanos, hombres y mujeres, seres como nosotros, capaces de algo así…. y es bueno recordarlo en medio del horror, de tanto irresponsable, tanto miedo y tanta mierda. .
Quizás no les sirva de nada... pero porque ya nada les sirve de nada, ni Obama, ni la NASA ni nadie, y sin embargo… ayer uno de ellos, de nombre Mitchiko Otzuki, escribió en una red social:
-- La gente que trabaja en estas plantas está luchando sin huir.
Y así como en nuestra sección Tiempos modernos recreamos con imágenes -y morboso placer-, el espanto del que somos capaces, también somos capaces de cosas así, y nos dio ganas de vocearlo...
Por Mitchiko Otzuki, y sus 179 compañeros... y por todos nosotros.