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miércoles, 15 de diciembre de 2010

DESCUBRIMIENTO ISRAELÍ: ¡UN NUEVO HOLOCAUSTO BORRARIA EL ANTERIOR!

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A propósito del reciente y valiente reconocimiento del Estado Palestino por parte del gobierno nacional de CFK, creímos oportuno reeditar este post publicado ya en El Martillo cuando se produjeron los hechos que lo inspiraron. Más allá del episodio, sin embargo, estas líneas mantienen su  vigencia por razones imperecederas, y marcan, de paso, nuestra  clara posición al respecto.


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Ciencia y horror



MATAR MATARÍA LA MUERTE






Hasta hace poco el mundo entero vivió en la ignorancia: no todo holocausto es malo.
Especialistas israelíes de distintas disciplinas, habrían descubierto que existe una especie nueva de holocausto que no es malo, al contrario: anula incluso los efectos de un holocausto anterior.
Este nuevo tipo de holocausto, lanzado al mercado por Israel, no es, sin embargo, de uso masivo, (a no ser por sus víctimas, claro).
Se trata más bien de una especie especial de holocausto, que, patentado por sus descubridores, sólo podría ser utilizado por sus propios descubridores, y/o/uuuuuuu, por sus aliados eventuales.
En tal sentido sí podríamos decir que es un tipo de holocausto sumamente funcional –siempre desde el pundo de vista de sus descubridores- pues permite aniquilar impunemente a todo aquél que no les guste, tal cual fue demostrado durante los bombardeos a la franja de Gaza en setiembre de 2008, cuando incontables civiles, niños, mujeres y ancianos, tuvieron que ser bombardeados y asesinados porque no terminaban de morirse de hambre ni de sed pese al bloqueo impuesto previamente por el mismísimo estado israelí, advirtiéndoles así al pueblo palestino, la conveniencia de perecer por las buenas cuanto antes.




La esvástica de David.

Pero esos muertos ya no importan, lo que importa es que allí fue demostrado que este nuevo tipo de holocausto, entre sus muchas ventajas, cuenta con todas las garantías de funcionamiento del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas de Norteamérica, y el aval personal, incluso, del presidente de los Estados Unidos. (Del que sea en su momento, en este caso el hombre es lo de menos). (Incluso si es un negro carismático que la va de humanista).
Digamosló de una vez por todas: si este holocausto fuera un producto exportable, saldría más que la soja. Pero, insistimos, es de uso exclusivo de sus descubridores, lo cual no impide, sin embargo, que sí pueda ser ejecutado en cualquier lugar del mundo y contra cualquiera. Una maravilla de la modernidad, a qué negarlo.
Pero acaso la mayor de las ventajas de tan impresionante invento, es la facilidad de su manejo, tan simple en su encendido, que hasta un niño sin escuela podría desatarlo, basta sólo con gritar: “allí me parece que vive un terrorista”, y acto seguido volar por las dudas el edificio entero. No pasa nada. Está demostrado. 
Hace pocos días, sin ir más lejos, y como todos ya sabemos, en aguas internacionales, en pocos minutos, fuerzas regulares del ejército israelí interceptaron un barco lleno de extranjeros que pretendían llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza, y en pocos minutos, para la televisión de todo el mundo, mataron nueve personas y chau.
Nueve, nada más.
Apenas nueve. Nada. Una degustación, una rápida presentación en la vía pública…
Porque este nuevo holocausto -según sus propios descubridores-, para que de verdad sea efectivo y logre borrar el que sufrieron, debe matar por lo menso unos siete millones de personas, ¿qué son apenas nueve? Nada… una presentación para la prensa, una cosa así…
 Por eso ni los Estados Unidos ni su Consejo de Seguridad precisaron condenar a Israel, ni Israel tampoco precisa pedir  ningún tipo de disculpas a nadie…
Porque no se trata de otro ataque injustificado a objetivos civiles fuera de sus fronteras, ni de una masacre, ni mucho menos de un error, al contrario… se trata de un descubrimiento, de un gran descubrimiento: el nuevo holocausto que así borraría el anterior.


¿No existe el pueblo palestino?