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viernes, 17 de diciembre de 2010

LOS CHISTES DE BORGES... y la risa de ser ciego...

Los chistes de Borges


Cuando le preguntan a María Kodama qué es lo que más extraña de Borges, ella no duda en responder: “su sentido del humor”. Uno de los hombres más divertidos de la historia del hombre, sin embargo, decidió pasearse por su siglo disfrazado de viejo aburrido, sin romances rimbombantes ni escándalos de vodeville, con su traje siempre gris, su bastón y su ceguera, su hablar lerdo y trabado, y su genio camuflado de sabio que no sabe. No es arbitrario pensar que esa sola caracterización, única y total, fuera su más secreta y grande broma.


En la convulsa Argentina de los años 70, se cumplía un nuevo aniversario de la muerte del comandante Ernesto Guevara, y los alumnos de la Facultad de Filosofía y Letras decidieron entonces suspender todas las clases para hacer un acto en su homenaje. Por aquellos días, Borges dictaba tan luego literatura inglesa en una de esas aulas, cuando un pequeño grupo de alumnos interrumpió su cátedra para anunciarle el inmediato cese de todas las actividades. Borges, sereno, les dijo que él igual continuaría con su clase de cualquier formas. Los estudiantes sonrieron suficientes, y le explicaron que no, que por mucho que quisiera no podría, porque iban a cortar la luz en toda la facultad.
-- Bueno... –respondió Borges más sereno todavía-, pero para eso yo he tomado la precaución de ser ciego.