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domingo, 14 de noviembre de 2010

LENGUA Y TEVÉ: SETENTA PALABRAS Y NINGUNA FLOR

Lengua y Televisión



SETENTA PALABRAS Y NINGUNA FLOR



A juzgar por el vocabulario de los presentadores televisivos argentinos, pareciera que los hechos, las cosas, la realidad, dijéramos, toda la realidad, cualquier realidad, es simplemente, o absolutamente, o mejor aún: realmente impresionante. Acaso después del horario de protección al menor, la realidad también puede llegar a ser alucinante. Pero no menos. Ni más.
Así de pobre es nuestra realidad.
No la real realidad, que es siempre mucho más rica que Bill Gates y todos los chocolates juntos; nos referimos más bien a la pobreza de la realidad del lenguaje de nuestros presentadores televisivos, conductores, periodistas, animadores en general, quienes ya no cuentan para expresarse sino con 70 vocablos, y por supuesto, absolutamente, ninguna flor.
No queremos resultar inquisidores –ni aspiramos a parecer tan laboriosos-, no vamos a detallar aquí las múltiples hostilidades que les presentan a estos trabajadores de la comunicación la gramática y la sintaxis de nuestra lengua materna; ni la hijaputez de tantos verbos tan difíciles de conjugar para el grueso de estos muchachos. No queremos ser tan crueles.
Pero recordemos sí (pues lamentablemente los oídos carecen de párpados), que nuestros niños también los oyen. Y que son estos charlatanes, tan luego, y no la escuela –porque la tele es más divertida que la escuela-, los que les imponen, a nuestros niños, el lenguaje diario, porque son ellos los que aparecen encumbrados y enmarcados ahí, en la magnánima tele, como los mejores de los nuestros. Ellos son el modelo de cordura y corrección, ellos educan, ellos forman. Nos guste o no. (Y no nos gusta, más bien, qué nos va a gustar).
María Laura Santillàn, por ejemplo, la cara femenina principal del grupo periodístico mayor de la Argentina, todavía no ha visto nada en su correctísima vida que no fuera realmente impresionante… todo lo que ve, todo lo que siente, todo lo que oye, todo  es realmente impresionante… (No queremos imaginar el infierno que debe ser vivir así)....
Santo Biassati -poco menos que el Domingo Faustino Sarmiento de nuestra televisión-, consigue, tejiendo y destejiendo subjuntivos y potenciales, innovaciones de tiempos que asombrarían al mismísimo Einstein, ya no a la Real Academia; y que la verdad serían buenísimas de no ser tan horribles.
Jorge Rial.-pónganle el oído por favor-, todavía, a su edad –porque esto ya no es un problema de escuela- todavía dice “dijistes”, “estuvistes”, “volvistes”… Como diría Luis Ventura; un fenómeno,Jorgito.
Y  no queremos dar más nombres ¿Para qué?... Muy pocos se distinguen, acaso un Víctor Hugo Morales, surgido milagrosamente del periodismo deportivo, ámbito donde se registran los mayores estupros a nuestra lengua… el resto, el grueso cada vez menos fino, empieza a hablar, tememos, en otro idioma, que tal vez no sea ninguno, ojo…
Y lejos está El Martiyo de pedir corrección gramatical, que acaso es polvo y poco más.
Sobran ejemplos de hombres o mujeres que han dislocado la sintaxis con inmortales resultados.
(Claro que nos referimos a la Pizarnik, al Cholo Vallejo, no a Rial ni a la Santillán, que no dislocan la sintaxis sino más bien son dislocados por ella)…
Pero al menos sí nos gustaría un poco más de variedad, algún encanto en lo que oímos, en fin…porque ya todo lo que se escucha es que la oposición se opone, que  finalmente la final se jugó, que las catástrofes son terribles, las manifestaciones multitudinarias, los huracanes devastadores, y por supuesto, faltaba más: las víctimas son lamentables. 
Setenta palabras, la mitad adjetivos previsibles, la otra mitad adverbios muertos. Ninguna flor.
Es tal vez lo que ahora se entiende por “facilidad de palabra”: usan apenas setenta,  y así la hacen más fácil.
Nos queda la esperanza que de seguir así, un día no usen más ninguna y por fin se callen.


Bernardo: hombre-escuela de la televisión  argentina..