////// Año VIIIº /// Editor Anónimo: Daniel Ares /// "Y tú... ¿eres arquitecto, o escombros?", Louis Ferdinand Céline ///

sábado, 20 de noviembre de 2010

UN OLVIDADO INOLVIDABLE: DANIEL GIRIBALDI

Daniel Giribaldi


QUÉ SABEN LOS PITUCOS


Alguna vez Homero Manzi –despreciado como poeta por la infalible tilinguería nacional-, supo decir con dos cogollos: “yo tuve que elegir entre ser un hombre de letras, o hacer letras para hombres”. Una vez tomada la decisión, despachó para la historia varios versos inmortales que ahora son parte de nosotros.
A Daniel Giribaldi le pasó lo mismo pero sin orquesta. Con un manejo del lenguaje propio de los buenos de verdad, capaz del soneto perfecto y del perfecto endecasílabo, nutrido evidentemente por los grandes de la literatura universal, generoso en imágenes y metáforas nuevas, Daniel Giribaldi, con humor o ironía, con hondura y sensibilidad, talló una de las poéticas urbanas más interesantes del siglo XX argentino… Sólo cometió un error, un solo error que lo dejó fuera del bronce del establishment: eligió el lunfardo como lenguaje literario… Y claro, los “eternos dueños de la literatura nacional” (no más de treinta mamelucos, auténticos chacales de los cócteles, que se mueren y se suceden sin interrupción al frente de los suplementos literarios, de las asesorías literarias de las editoriales, de los circuitos literarios oficiales, y de los ámbitos literarios habituales, donde gente demasiado ocupada como para hacer literatura, se la pasa hablando de literatura), decidieron, ellos, así nomás, que lo de Giribaldi no era literatura. Porque para los eternos dueños de la literatura nacional, Literatura (ellos lo dicen así, con mayúscula), es sólo todo aquello que el lector no pueda comprender, ni disfrutar, ni, sobre todo, leer. Literatura, para los eternos dueños de la literatura nacional, es más bien un juego de claves y códigos indescifrables a no ser para ellos, para esos pocos iniciados que saben lo que sólo ellos saben, porque ellos son especiales… como les diría Xuxa.
Una vez más por encima de todos, El Martiyo aquí, con la genuina sencillez de la gente fina de verdad, quiere rendir su justo homenaje a este hombre que hizo letras para hombres, y que el futuro diga, como decía Roberto Arlt, (al que también jodieron los especiales estos).
Para ganar tiempo y poesía, aquí van dos de sus sonetos de corrido:

El llamado: Hacía ganas de morir. Llovía./ No había dónde ir. Daba pavura/ la noche afuera. Y en el alma oscura,/ la lluvia que caía y que caía.// Un fanfa batiría: “la hice mía”/ Pero no. Me mojé con tu ternura./ Cebaste mate. En la catrera dura/ me ayudaste a llegar al otro día // ¿Hoy? Quizás el balurdo ya no funque/ Tal vez sus mates con tu yerba cebe/ un dorima tarúpido y cualunque.// Pero hace ganas de morir y llueve/ y quiero estar con vos. Mi telefunque// es tres siete, dos siete, siete nueve.

Mongolia:¿Qué hago en Ulan Bator, en ningún lado?/ Recuerdo una magnolia, allá en Floresta,/ y una fiesta a su sombra, y otra fiesta./ Ahogada en el arroyo Maldonado.// Y el cuore, que es ahora el que está ahogado/ y no sé si se queja o si protesta,/ me bate de una embolia que le cuesta/ conseguir. Sin mojarse no hay pescado…// Pero qué hago evocando una magnolia/ de mi barrio porteño, aquí tan lejos,/ tan cerca del desbole y de la embolia?// En ningún lado, entre recuerdos viejos,/ che, corazón, ¿qué hacemos en Mongolia?/ ¿Qué hicimos en Floresta de pendejos?.

¿Eso no es poesía?… ¿No hay emoción ahí? ¿No hay música, no hay sensibilidad, fuerza evocativa, contenido y forma?… ¿No?…
Diógenes Jacinto Giribaldi –tal era su nombre real-, nació en Nueva Pompeya en abril de 1930, y murió el 2 de noviembre de 1984 en Buenos Aires. Fue periodista, agrónomo, buen bailarín de tango, poeta y escritor. Entre otras obras, destacan los sonetos reunidos en su magnífico libro Sonetos Mugres; una versión lunfarda del clásico de Cervantes Milonga de Don Quijote; y una mítica novela -¡inédita aún!- titulada Quilmes tomadas en los jardines de Flores. (¿Por qué está aún inédita esta novela?, se preguntará usted, sensible y lógico lector… Pues justamente, porque los eternos dueños de la literatura nacional… bla bla blá).
Y uno más y no jodemos más:

El Velorio: Me moriré en París o en el carajo/ Un día jueves, o si no un domingo/ En un bulín que está, si no le chingo,/ cerca del Rin, del Paraná o del Tajo.// Espicharé a la gurda, y no me rajo:/ quizás tendré una cacharpaya en gringo/ y allí el Jorge, el John, el Paul y el Ringo/ tocarán… si andan flojos de trabajo.// Será un velorio piola: tendrá gancho…/ Alguien dirá: “fue un punto divertido”./ Alguien, también, me llorará a lo chancho.// Y alguien, que llegará sin hacer ruido,/ Silenciará a los Beatles, lo más pancho/ Y yo me iré con él, con el olvido…
(¡Ah… -decía Jack London-, cuánto escribe la gente que no escribe acerca de la gente que sí escribe”.)